Héctor Cobá
La duda, vivencias y amor por la palabra camino al poema es el itinerario, revelar lo no percibido marca la poesía y narrativa de Miguel Ángel Meza Robles, centrado en la poesía quien el jueves relanzó y compartió la reedición del poemario Destellos de mareas, publicado en 2004 por editorial Praxis en coedición con Fundación Oasis y Casa del Escritor de Cancún.
Sin tantos recovecos, pero sí en la construcción de un lenguaje asequible, el autor aborda la vida cotidiana de las ciudades y sus habitantes, puede ser de los cancunenses, puede ser de cualquier individuo o persona del mundo…
Destellos de mareas da inicio a Tinta cancunense, programa que busca presentar obras de escritores —en la librería del Teatro de la Ciudad de Cancún—.
La siega es un libro publicado, en el 2018, por Carlos Torres, éste (en 2005) en la cabalística página 69 escribió “Miguel Ángel Meza …como todo artista auténtico, baja de las alturas del pensamiento y la sensibilidad aquellos elementos que pueden iluminar el corazón de las tinieblas primordiales de donde provenimos”. Dueño de una “sencillez expresiva” y “recapitulación estética”.
Meza Robles congruente con el anterior aserto, ante casi una centena de asistentes compartió su poética personal y cómo ha cambiado, y ajustándose de acuerdo con su reflexión sobre el tiempo y la poesía, y con la relación con sus lectores, con la recepción lectora de sus textos.
Alternó lo que define como su poética con la lectura de algunos poemas como ejemplo de su evolución en la función comunicativa del lenguaje lírico, uno de los aspectos más problemáticos de la poesía: aleja o acerca al lector de lo poético en el poema.
¿Por qué escribo poesía?, pregunta frecuente, que en su aparente obviedad implica una complejidad misteriosa. La respuesta es, pues, simple y compleja a la vez: escribo poesía para redefinir continuamente mi relación con el lenguaje, por el amor al idioma y por sus infinitas posibilidades plurisemánticas.
“Lo hago para intentar penetrar en el ser mismo de esas emociones y esos sentimientos a través del lenguaje más transgresor, que es el poético, para indagar el tiempo en que ocurren esas emociones, por una inmensa curiosidad metafísica por el sentido del existir mismo de esas esas emociones, y por expresar el asombro de vivirlas. Y para ello solo tengo el lenguaje poético”.
Se expresó con un poema escrito en 1998, que trata de revelar aquello que, para él, es la materia prima del poema: el asombro:
Travesías
El pecho suelta sus amarras.
Corazón a bordo navego
en la íntima catadura del asombro.
Demencia de timón que recuerda
delirios de tormenta
en la calma de este instante.
Si lanzo redes mar adentro
el día aletea:
alba mariposa:
espuma que arde en sueños y quimeras,
riza el rizo en la pátina del agua
roza hendiduras de impureza.
Lanzo el anzuelo otra vez
y la carnada de la voz
captura náufragos con alas rotas:
palabras de sofocada ignición
verdades que en espasmo atroz
abandonaron hace tiempo
este altar ahora en ruinas
este sepulcro.
El asombro es más frágil que la luz.
Destacó que “este metapoema, es decir, este texto que reflexiona sobre el propio acto de escribir, trata de defender la pureza de la mirada exterior y de la mirada interior. No es un asombro que paraliza, sino una toma de conciencia poética de esas emociones y sentimientos, de esas pasiones que se desbordan y buscan manifestarse para compartir al otro la intensidad de una vivencia”.
Esta toma de conciencia poética es un viaje interior de autoconocimiento y revelación. Lo que los griegos llamaron anagnórisis, es decir, ese momento en que el sujeto lírico pasa de la ignorancia al autoconocimiento solo por el lenguaje y descubre una verdad esencial sobre sí mismo y el otro, aclaró.
Insistió que su reflexión continua sobre el lenguaje, sobre sus infinitas posibilidades plurisemánticas, lo han llevado del interior hacia el exterior. De ser un poeta que expresa sus intuiciones sensibles, y transforma la realidad externa en vivencias interiores, hacia un poeta que indaga la realidad exterior e incluso la inventa.
Con el público seducido, en total silencio, salvo un pequeño grito de una pequeña, repitió el ejercicio con los poemas Restauración de la noche y El puente de coral (fragmentos III y IV)*.
Rostros habitados
Rememoró que, en su primer poemario, Destellos de mareas, y en El rostro que habitamos, hay una constante del trabajo de imagen y recursos tropológicos cada vez más compleja, incluso, según algunos lectores, un tanto barroca, con lo cual descubrió alejamiento de cierta recepción lectora que busca más claridad en la función comunicativa y, sobre todo, una especie de compromiso social con la realidad de su tiempo.
Él mismo se cuestiona sobre ese compromiso, al decidió dar continuidad al proyecto iniciado con el libro de cuentos Cada quien su paraíso, cuyas tramas y dilemas morales de los personajes están relacionados con la problemática social y económica del vivir en Cancún. En el caso de la poesía quiso establecer una poética del habitar, un retrato poético de lo que significa vivir Cancún desde estratos socialmente no privilegiados ni frecuentados por la poesía: así, en El rostro que habitamos, hay una especie de compromiso con causas sociales, digámoslo así: la inmigración y el desplazamiento, la marginación, la soledad existencial del sujeto urbano, el suicidio y, en suma, la pobreza en medio del paraíso inventado.
Meza se impuso un reto: desentrañar la poética del sentido de nuestra identidad ciudadana, hablar del habitar como modo de comprender el ser; e intento trazar una parcela de la geografía espiritual de nuestra ciudad con una nueva propuesta formal: más discursiva, más narrativa, menos barroca, enfatizando la intensidad emotivo-conceptual de los temas; se dispuso a registrar el horror social con una función comunicativa lírica, pero más transparente (que podría dar como resultado una especie de belleza del horror) que me acercara a otro tipo de lector.
Perenne orfebre de la palabra, creador discípulo de Francisco Hernández, Antonio Montes de Oca y de Efraín Huerta, todos ya desaparecidos, de quienes no oculta su admiración, lo confirma, en parte con
La hetaira menesterosa
Levanta el sol negro de su sexo
como la ofrenda más deseada, la más temida
en estos horizontes donde pululan
los candiles fundidos de la pobreza.
Es horno que ilumina pupilas de soledad
crisol donde se asan horas de polvo
rescoldo que copula con el rictus de la desgracia
y llora sus orgasmos como una rendición.
Porque la nave de su cuerpo a veces tenebrosa
como un catre flácido de arrugas y recuerdos
no cruza el océano del goce y la aventura: 20 minutos
sus viajes de recreo son breves y grotescos.
A ella van obreros de choza, taller y congal
a ella van: a la obrera de caricias de cara sucia
que posee el único maná del que se ufana:
agua de sal para hijos propios y extraños.
Con esa lluvia los bautiza a todos
en la otra orilla del tiempo.
Quedan pendientes para el lector de este impreso los poemas Vendedor de baratijas y El estudiante.
La lectura del poema El paseante de la sombra venidera, que ganó el Premio Internacional de Poesía Caribe Isla Mujeres, que “debutó”, ya que el bardo no lo había leído en público, en el cual trata de sintetizar su poética, cerró el relanzamiento de Destellos de mareas.
Ignoro si con esta pequeña muestra he dejado clara la intención de esta charla: compartir mi poética personal, mi concepción personal sobre la poesía con una muestra de poemas que, espero yo, hayan sido tocados por la gracia de lo poético. Porque sé que no todos los poemas que se escriben contienen poesía. Y el esfuerzo que hacemos los poetas es transformar las palabras en otra cosa, en imagen que capturen lo poético, la intuición original, el tiempo vertical. Porque, como dice Octavio Paz, “lo poético es poesía en estado amorfo: el poema es creación, poesía erguida”. O, dicho de otra forma, decir lo mismo que todos sienten, lo mismo que todos piensan, pero de otra manera. O como sentencia Bonifaz Nuño: de otro modo lo mismo, manifestó.
Enseguida se escuchó atronador aplauso de los espectadores; entre ellos los novelistas y poetas Mario Pérez Aguilar, Justo May Correa, Mariel Pérez Turrent, y Letika Flores.
Asimismo, hubo tiempo para algunas preguntas al poeta que él respondió con atinencia.
Cuarta de forros
Para nada se equivocó el fundador y director de Editorial Praxis Carlos López, que escribió en la cuarta de forros “La mirada del poeta recompone el mundo, crea universos. Estos se quedan entre nosotros por la palabra, que abre su conocimiento, su existencia, su transformación. Si el espíritu de quien concibió se queda en el lector es por la naturaleza sagrada de la poesía. El poeta, al hundir su resplandor en la realidad, forma una eclosión. En Destellos de mareas, Miguel Ángel Meza Robles, repasa su estar, su ser, y evoca la poética como una totalidad, su vida”.
Asimismo, Miguel Ángel en la presentación de Destellos de mareas (la que aparece en la edición de 2004 y que conserva en la reimpresión de 2025) expuso que “es una selección de algunos de mis poemas. Versiones varias han sido publicadas en dos plaquettes, en un par de antologías locales y, más recientemente, en la revista literaria Tropo a la uña. Digo versiones, porque en el conjunto de la presente edición —salvo Historia de Hyma— muchos poemas, luego de sucesivas revisiones, parecen trabajos inéditos.
He preferido mostrar al sujeto lírico como una totalidad y he sacrificado —estoy consciente— la unidad temática del volumen. Quizá por ello, el libro ofrezca la sensación de una antología de poemas pertenecientes a libros de varias épocas. De alguna forma lo es, en tanto que cada texto expresa estados de ánimo correspondientes a momentos de vida muy lejanos entre sí, momentos de un sujeto lírico que iba cambiando continuamente”.
Reseña
En el texto del escritor Agustín Labrada De la intensa marea, publicado en la revista Tropo a la uña mencionó que “en el fondo, se revela una poesía testimonial que abarca diferentes etapas vividas por el autor.
Estos poemas, que se escribieron en épocas diversas, no sólo reflejan el proceso creativo de Miguel, sino también sus visiones del mundo al calor de estados anímicos, lecturas, entornos y sueños, porque aquí se fusionan vivencias, referentes culturales y alusiones oníricas en un lenguaje levemente barroco.
…desde su canto profundo, establece una armonización del caos.
…el autor recrea claridades y penumbras, y va nombrando imágenes nacidas tanto de la realidad como de la ensoñación, sucesivos objetos que invaden el vacío y son también vida, fundaciones desde el imperio de la palabra.
Casi todos los textos aparecen en presente, pero se nota que es una reconstrucción de la memoria individual con afán trascendentalista, ahistórico, tejido por un sentimiento de nostalgia. Más que un monólogo, Miguel Ángel Meza Robles entabla un diálogo intenso con su propio yo”.
Así el mismo Labrada comenta en De la intensa marea (paginas 77-80) del compendio de su autoría Teje sus voces la memoria —publicado en 2011 por Editorial Dante— subrayó: “Aunque Miguel propone un diálogo con el lector común, existe en su lenguaje cierta carga conceptual sobre todo en aquellas líneas donde desolaciones y desarraigos imponen su firmeza. Se trata de un yo reflexivo que, desde su verso profundo, establece una armonización del caos.
Este sujeto lírico se interroga y a veces se culpa. Las imágenes exteriores que incluye no son siempre gráficas. Con ellas recompone esas refragmentaciones que nombran recuerdos, pero los recuerdos figuran espiritualizados en un entorno de leyenda y en una atmósfera muy íntima”.
Incluso el boletín de la presentación del poemario Destellos de mareas consigna “es un libro que recoge 28 poemas correspondientes a diversas épocas, y que constituye una especie de compilación y, al mismo tiempo, una antología de más de 100 textos que el escritor venía trabajando desde hacía tiempo.
Las 64 páginas del libro muestran a un poeta que explora las cualidades plurisemánticas del lenguaje para recrear el instante de sus intuiciones sensibles. Al hacerlo, se despliegan ante el lector en gran parte de estos poemas versos pletóricos de imágenes que revelan un mundo interior lírico exuberante, en algunos casos de un barroquismo visual gozoso de sí mismo.
En la portada se ve la reproducción de una obra del pintor barcelonés Albert Rafols-Casamadas (Ciutat del mar), y el libro se divide en ocho apartados, cada uno de los cuales toca algunos de los temas que ocupan al poeta que radica en Cancún desde 1986: la poética personal; las posibilidades del lenguaje poético para capturar las propias intuiciones; la celebración del instante amoroso; la vuelta de los amantes a su soledad esencial; el desgaste existencial del individuo y la erosión de las emociones por el paso del tiempo”.
El poeta y más
Meza Robles poeta, narrador, crítico y editor; además fue director de la Casa del Escritor de Cancún (1997-2004); coordina varios talleres de lectura y edita desde 1998 (año en que se creó) la revista literaria tropo a la uña (ahora digital).
Junto a los poemarios mencionados en este escrito están Itinerario del amor indócil, y libro de cuentos Cada quien su paraíso. En 2019, publicó Antología personal.
Antologador y pergeñador de prólogos son credenciales que no se le pueden negar, ejemplo Ritual de vuelo. Primera Muestra del Taller de Poesía de la Asociación de Escritores de Quintana Roo, edición especial/ poesía/ número 2. 1996; Como el mar que regresa. Cuentos ganadores del concurso de cuento corto de la Casa de la Cultura de Cancún (1998-2006). Fondo Editorial del Instituto Quintanarroense de la Mujer (IQC) y Casa de la Cultura de Cancún, 2006.
Antologado en Cancún 25 años voces de ciudad joven, editado y compilado por el autor de Cancún todo incluido y Crónicas urbanas Carlos Hurtado (QEPD), así como en Poesía escogida de Cancún; Festival de poesía Cuatro Conjuros; El cantar persiste / Homenaje a Javier España; y en Q36, Antología poética quintanarroense.
Segundo lugar del Concurso de Cuento Corto de la Casa de la Cultura (2004). Primero y segundo lugar del Concurso de Poesía de la Casa de Cultura de Cancún (2007). Primer lugar del Certamen Estatal de Cuento Infantil convocado por el Instituto Electoral del Estado de Quintana Roo (Ieqroo) en 2007. Obtuvo el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres en 2019. (Fotos Miguel Ángel Meza y Héctor Cobá).
.
*En el poemario El rostro que habitamos.
hectorcobacc@gmail.com / X: @HctorCob / Facebook: Héctor Cobá











