Primera Parte
Claudio Obregón Clairin
Durante la VIII Mesa Redonda de Palenque en 2017, los doctores Pedro Francisco Sánchez Nava e Ivan Šprajc, pusieron en duda que el fenómeno de luz y sombra en el llamado Templo de Kukulcán de Chichén Itzá hubiese sido provocado “conscientemente” por los mayas históricos.
Al concluir su ponencia, la Dra. María Teresa Uriarte Castañeda inauguró la sesión de preguntas y respuestas comentando: “Después de esta destrucción de mitos —en los cuales me incluyo, en la destrucción de mitos—…”. A raíz de su comentario, algunos medios de comunicación publicaron como un hecho que los doctores Sánchez e Iván Šprajc habían destruido “el mito de la serpiente de luz y sombra”, lo cual es cuestionable e inexacto.
El Dr. Ivan Šprajc informó que después de fotografiar el Templo de Kukulcán durante dos semanas previas al equinoccio observaron que la serpiente de luz y sombra se forma en la escalera norte antes y después de los equinoccios, lo cual no es novedoso, los custodios, vendedores mayas y guías de turistas nos habíamos percatado de ello con anterioridad. Šprajc continuó: “no tenemos ningún dato, ni siquiera una analogía que nos sugiera que estos 7 triángulos (de luz) observables en Chichén fueran realmente logrados a propósito… parecería que casi los únicos momentos importantes para los mesoamericanos y para los mayas eran los equinoccios y los solsticios… la conclusión es que no tenemos ninguna evidencia de que el fenómeno de luz y sombra en Chichén fuera logrado a propósito ni mucho menos para marcar los equinoccios… hasta donde yo sé, en la epigrafía, en las inscripciones, no tenemos ninguna indicación de que fueran importantes los equinoccios y aquí hay epigrafistas que me pueden corregir…”
Cuando los especialistas generalizan pierden objetividad. La ponencia de los doctores confundió al gran público. Ambos son extraordinarios arqueólogos, han realizado fantásticos descubrimientos, pero no por ello todo lo que afirmen o postulen debe ser considerado como verdad absoluta.
El estudio, la deconstrucción y la difusión de nuestra riqueza cultural no son ejercicios intelectuales exclusivos de los investigadores oficiales, por ello me permito responder que, al contrario de lo que afirmaron, no se trata de un mito: es una hierofanía, también un evento arqueoastronómico “conscientemente desarrollado por nuestros mayores” con implicaciones políticas y religiosas.
Notas periodísticas posteriores malinformaron que la serpiente de luz y sombra no desciende y vuelve a ascender sobre el costado de la escalera Norte del Templo de Kukulcán. La fotografía que acompaña este texto la tomé al concluir el equinoccio de marzo y se comprueba el fenómeno ascendente de la serpiente de luz y sombra después de haber descendido ritualmente en dirección al Cenote Sagrado para “visitar” la morada subterránea de la entidad de la lluvia: Chak Xib Chaac y, de esta manera, “intencionalmente” los mayas históricos unificaban los tres niveles de su realidad: cielo, tierra e inframundo.

Ivan Šprajc planteó que no hay datos ni analogías, pero se contradijo al mostrar unas fotografías de Mayapán en las que, durante el solsticio de invierno y sobre la alfarda del monumento conocido como El Castillo, “aparece otra serpiente de luz y sombra”.

Si consideramos verosímil lo transmitido por las fuentes históricas de Diego de Landa, la Crónica Matichu y los dobleces de los Katunes en el Chilam Balam, reconoceremos que en el Katun 8 ahau (1184-1205) Hunal Ceel Cahuich, soberano de Mayapán, invadió la Ciudad de los Brujos del Agua y edificó la tercera superposición de El Castillo de Chichén Itzá, en la que, como en su ciudad de origen, decidió intencionalmente proyectar a la serpiente de luz y sombra. Ahora bien, las crónicas virreinales no son coincidentes con los datos epigráficos y arqueológicos por lo que es cuestionable su temporalidad. Lo cierto es que, tanto en Chichén Itzá como en Mayapán, se revelan fenómenos arqueoastronómicos semejantes durante los equinoccios y el solsticio de invierno.
Respondiendo al reto lanzado por Šprajc sobre alguna fecha inscrita por los mayas históricos que refiera a los equinoccios, apunto que sí existen: son dos fechas de series iniciales ubicadas en el Juego de Pelota cercano al Nohoch Mul, en la ciudad de Cobá, que corresponden al 20 de marzo de 505 y al 21 de septiembre de 574, ambas relacionadas a la inauguración y reinauguración de este espacio ceremonial.
El complejo E de Uaxactún fue presentado por Šprajc y comentó que se había comprobado que sus extremos estaban orientados hacia los solsticios pero que se dudaba que midieran los equinoccios. Por lógica elemental, si se miden los extremos, igualmente se ubica al centro y la variable en los equinoccios es que cambian de posición porque el tránsito solar de ida y vuelta sobre el horizonte es de 365 días y 6 horas, 9 minutos y 9.76 segundos. Además, para medir el centro es preciso partir del principio de que el sol es un disco, mas no un punto, por lo que los fenómenos solares duran más de un día.
A través de los movimientos celestes, los mayas históricos percibieron el transcurrir del tiempo de manera cíclica, su registro configuró las bases de su sociedad agrícola y sus calendarios circulares no son sincrónicos con las fechas de nuestro calendario lineal.
El pensamiento occidental se descubre insatisfecho cuando intenta medir con precisión científica lo que nuestros mayores medían a simple vista. No porque la serpiente de luz y sombra de Chichén Itzá se forme días antes y días después significa que no conmemoraban los equinoccios, sino que ese día era la culminación de un proceso de traslación solar sobre la Eclíptica. Ningún proceso celeste aparece de repente y luego se esfuma, ese es el detalle que no han tenido en cuenta los expositores.
Los especialistas oficiales publican muy poco para el gran público y suelen descalificar a los investigadores independientes. Nadie es poseedor de una percepción histórica absoluta y los doctores iniciaron un debate que no tuvo continuidad por parte de la investigación oficial. Valgan estas reflexiones y datos comprobables para revivirlo y alentarlo en el marco del respeto a la equidad y pluralidad de criterios con el noble objetivo de compartir con el gran público “la riqueza histórica que nos pertenece a todos por igual”.
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