* La tipografía inspirada en el antiguo alfabeto Futhark fue recibida como un homenaje a la herencia nórdica. Sin embargo, especialistas y aficionados cuestionan por qué elementos similares de otras culturas, especialmente africanas, suelen ser etiquetados como “brujería” en lugar de patrimonio e identidad.
Por Sergio Masté
El Mundial 2026 no solo ha dejado goles, remontadas y sorpresas dentro de la cancha. También ha abierto espacio para conversaciones sobre identidad, historia y cultura. Uno de los casos más comentados es el de la nueva camiseta de la selección de Noruega, cuyo diseño llamó la atención no únicamente por sus colores tradicionales, sino por un detalle que muchos aficionados descubrieron al observar con detenimiento: la tipografía de los nombres y números de los jugadores está inspirada en las antiguas runas nórdicas.
Los diseñadores Justin Patrick y Danny tomaron como referencia el Futhark, el alfabeto rúnico más antiguo conocido, utilizado por los pueblos germánicos entre los siglos II y VIII y posteriormente adoptado por las sociedades escandinavas durante la época vikinga. El nombre del sistema proviene de sus seis primeras letras: F, U, Þ, A, R y K.
La decisión fue celebrada por aficionados e historiadores como un homenaje a la herencia cultural de Noruega. En redes sociales predominó la admiración por el diseño y por la manera en que la camiseta integra un elemento histórico para reforzar la identidad nacional del equipo.
Sin embargo, detrás de esas elegantes formas geométricas existe una historia mucho más profunda. Las runas no solo fueron un sistema de escritura. Durante siglos también estuvieron vinculadas a creencias religiosas, rituales y prácticas espirituales dentro de la mitología nórdica. Eran grabadas en piedras, armas, herramientas y amuletos con fines conmemorativos, protectores e incluso ceremoniales.
Con el paso del tiempo, ese componente espiritual quedó integrado al patrimonio histórico escandinavo y hoy suele ser presentado como parte del folclore, la arqueología y la identidad cultural de los pueblos vikingos.
UN CONTRASTE QUE GENERA PREGUNTAS
La conversación cambia cuando símbolos con características similares provienen de otras regiones del mundo, particularmente de África.
En distintos Mundiales, selecciones africanas han sido objeto de comentarios que relacionan sus tradiciones con la “brujería”, la “magia negra” o supuestos rituales sobrenaturales. Durante la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 circularon numerosas versiones sobre presuntos hechiceros contratados por algunos equipos africanos, especialmente alrededor de la selección de Ghana, aunque muchas de esas historias nunca fueron comprobadas.
La situación volvió a repetirse durante Qatar 2022, cuando parte del éxito de Marruecos fue atribuido en redes sociales a supuestos rituales espirituales, pese a que futbolistas y cuerpo técnico insistieron en que los resultados respondían al trabajo táctico, la preparación física y el talento del plantel.
Incluso acciones tan comunes como portar amuletos, realizar oraciones o participar en ceremonias tradicionales suelen ser interpretadas desde prejuicios culturales cuando proceden de países africanos.
El Mundial 2026 tampoco ha escapado de ese fenómeno. La presencia de Michel Kuka Mboladinga en los encuentros de la selección del Congo generó múltiples comentarios en redes sociales que asociaban su imagen con prácticas de hechicería, cuando diversos analistas señalaron que su participación tenía un fuerte significado histórico y anticolonialista.
PATRIMONIO PARA UNOS, SUPERSTICIÓN PARA OTROS
Especialistas en cultura comparada consideran que tanto las runas nórdicas como los símbolos yorubas, los emblemas adinkra de África occidental o diversas ceremonias tradicionales forman parte de sistemas culturales que históricamente combinaron elementos religiosos, espirituales e identitarios.
La diferencia, sostienen, radica en la manera en que son percibidos. Mientras las referencias europeas suelen describirse como mitología, patrimonio o tradición, las expresiones culturales africanas continúan siendo etiquetadas con frecuencia como brujería o superstición.
El caso del uniforme noruego ha servido así para abrir una reflexión que trasciende al futbol. Más allá del diseño, invita a cuestionar cómo se interpretan los símbolos culturales dependiendo de su origen y cómo ciertos estereotipos siguen influyendo en la forma en que distintas sociedades observan las tradiciones de otros pueblos.
Así, la próxima vez que la selección de Noruega salte a la cancha con su camiseta inspirada en las antiguas runas vikingas, quizá no solo sea momento de admirar un diseño innovador, sino también de recordar que toda cultura posee símbolos, creencias e historias que merecen ser comprendidos con el mismo respeto, independientemente del continente del que provengan.








