20 mayo, 2026

Rusia planea llevar energía nuclear a la Luna

AGENCIAS

MOSCÚ.- La idea de establecer una presencia humana permanente fuera de la Tierra ya no depende solo de cohetes o hábitats espaciales. Un nuevo proyecto liderado por Rosatom plantea algo igual de crucial: cómo generar energía en la superficie lunar, donde no hay atmósfera, las temperaturas son extremas y la noche puede durar hasta dos semanas terrestres.

El plan consiste en desarrollar una planta nuclear compacta capaz de operar directamente sobre la Luna. Según explicó Alexéi Lijachov, director de la corporación, el sistema tendría una potencia de hasta 10 kilovatios, pesaría alrededor de 1,200 kilogramos y estaría diseñado para funcionar al menos durante una década sin interrupciones.

El desafío no es menor. En la superficie lunar, los equipos deben resistir el vacío del espacio, altos niveles de radiación y temperaturas que pueden descender por debajo de los -150 grados centígrados. Por ello, el diseño se basa en tecnologías ya probadas, como las fuentes de energía radioisotópicas utilizadas en entornos extremos en la Tierra y en misiones espaciales.

Este sistema no solo serviría para iluminar o calentar instalaciones. Su objetivo principal es alimentar instrumentos científicos, vehículos exploradores y módulos habitables. Sin embargo, los propios desarrolladores reconocen que esta primera versión sería limitada para proyectos más ambiciosos, como la extracción de recursos o la producción de combustible en la Luna.

Por esa razón, Rusia, en conjunto con Roscosmos, ya contempla una segunda fase: una central nuclear más potente que permitiría transformar la exploración lunar en una actividad continua, e incluso en una base para futuras operaciones industriales en el espacio.

Este proyecto también se vincula con planes internacionales más amplios, como la posible creación de una estación lunar conjunta con China. De concretarse, la infraestructura energética sería uno de los pilares para sostener misiones de larga duración lejos de la Tierra.

Aunque aún se encuentra en fase de desarrollo, la meta es clara: instalar esta tecnología hacia mediados de la década de 2030. Si se logra, marcaría un paso clave hacia una nueva etapa en la exploración espacial, donde la energía —y no solo el transporte— será el verdadero motor de la vida fuera de nuestro planeta.

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