Investigadores documentan la expansión histórica del cinturón de sargazo en el Atlántico, mientras Quintana Roo enfrenta una de las temporadas de recale más severas de su historia; aumenta el llamado a construir una política integral de largo plazo
REDACCIÓN
CANCÚN.- El descubrimiento de un gigantesco cinturón de sargazo que se extiende entre África y el Golfo de México refuerza las preocupaciones sobre el futuro de Quintana Roo, donde autoridades, empresarios y especialistas enfrentan una de las temporadas más severas de recale de esta macroalga registradas en los últimos años.
Investigadores del Harbor Branch Oceanographic Institute identificaron en mayo pasado una masa de aproximadamente 37.5 millones de toneladas de sargazo: lo que durante mucho tiempo fue el Mar de los Sargazos es hoy el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico. El estudio advierte que el fenómeno ha crecido de manera sostenida debido al aumento de nutrientes como nitrógeno y fósforo procedentes de actividades humanas, entre ellas la agricultura y las descargas de aguas residuales.
Aunque el hallazgo tiene implicaciones para varios países de América y África, en Quintana Roo sus efectos son visibles desde hace meses. Las playas del Caribe mexicano registran arribazones constantes que han obligado a reforzar las labores de contención y limpieza a lo largo del litoral.
La Secretaría de Marina informó que durante 2026 se han recolectado más de 63 mil toneladas de sargazo en las costas del estado, volumen que ya supera el 70 por ciento de todo lo retirado durante 2025. Además, reportes del Instituto Oceanográfico del Golfo y Mar Caribe indican que frente a las costas quintanarroenses permanecen flotando casi 53 mil toneladas adicionales, mientras continúan llegando nuevas masas.
Para contener el fenómeno, las fuerzas navales mantienen cerca de nueve kilómetros de barreras en puntos estratégicos de Benito Juárez, Puerto Morelos, Playa del Carmen, Tulum y Mahahual, además de desplegar embarcaciones especializadas para interceptar la macroalga antes de que alcance las playas.
Sin embargo, la magnitud del problema ha comenzado a generar preocupación entre los sectores económicos. Empresarios hoteleros de la Riviera Maya solicitaron recientemente una declaratoria de emergencia al considerar que las medidas ordinarias resultan insuficientes para enfrentar un fenómeno que afecta directamente la actividad turística.
Prestadores de servicios náuticos, restauranteros, pescadores y comerciantes también reportan pérdidas derivadas de la acumulación de sargazo y de los malos olores que produce su descomposición. En algunos destinos, operadores turísticos han visto reducida su actividad debido a las condiciones adversas en las playas y el mar.
Especialistas advierten que el impacto va más allá de la imagen de playas cubiertas de algas. Cuando llega en grandes cantidades al litoral, el sargazo puede alterar ecosistemas costeros, reducir los niveles de oxígeno en el agua y afectar arrecifes y pastos marinos, además de generar emisiones de sulfuro de hidrógeno durante su descomposición.
Mientras los científicos continúan investigando las causas de la expansión del cinturón atlántico, en Quintana Roo comienza a tomar fuerza otra discusión: la necesidad de dejar de tratar el sargazo como una contingencia temporal y asumirlo como un desafío permanente. Después de más de una década de arribazones masivas, diversos sectores consideran que el fenómeno demanda una estrategia de largo plazo que incluya financiamiento estable, infraestructura especializada, investigación científica, monitoreo permanente y mecanismos de aprovechamiento de la macroalga.
El reto para el Caribe mexicano no consiste en retirar el sargazo de las playas cada temporada, sino en construir una política integral capaz de reducir de manera sostenida sus impactos ambientales, sociales y económicos.




