Durante décadas, el cierre de año estuvo marcado por un desplazamiento masivo de habitantes de José María Morelos hacia el municipio de Peto, Yucatán, con motivo de su tradicional feria que esta ocasión se celebró entre el 27 de diciembre y el 3 de enero. Ese fenómeno social, profundamente arraigado, ha disminuido de forma notable en los últimos años.
Testimonios de pobladores e investigadores locales indican que entre las décadas de 1960 y 1970 la migración temporal era casi total. Comunidades como Cankabchel estaban integradas mayoritariamente por familias originarias de Peto, lo que fortalecía los lazos culturales y familiares entre ambos municipios. Asistir a la fiesta era visto como un deber de respeto, incluso para los hogares con menos recursos, algunos de los cuales vendían animales domésticos para financiar el viaje.
El fenómeno se sostenía por dos factores principales: el origen petuleño de una parte importante de la población y una economía familiar que, aunque limitada, permitía cubrir transporte, hospedaje y gastos recreativos durante varios días.
En la actualidad, el panorama es distinto. La afluencia se ha reducido de manera significativa y, según estimaciones locales, apenas alcanza alrededor del 40%. El principal motivo señalado es la situación económica, ya que los costos de transporte, alimentos, juegos mecánicos y espectáculos resultan inaccesibles para muchas familias.
Aunque la tradición de la feria de Peto continúa, en José María Morelos ha dejado de ser una costumbre para las nuevas generaciones.


