NANCHITAL.- El secuestro de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez volvió a colocar a Veracruz en el centro de la preocupación por la seguridad de los comunicadores, luego de que un grupo armado irrumpiera en su domicilio y la privara de la libertad, pese a que la reportera había reconstruido su vida tras haber abandonado el estado años atrás por la violencia que marcó a su familia.
De acuerdo con reportes oficiales y testimonios difundidos por medios nacionales, al menos tres hombres armados y encapuchados ingresaron por la fuerza a la vivienda de la comunicadora en Nanchital. La agresión quedó parcialmente registrada en video mientras Guzmán documentaba con su teléfono celular la irrupción de los atacantes. Hasta el momento se desconoce su paradero.
La Fiscalía General del Estado abrió una carpeta de investigación y desplegó un operativo coordinado con fuerzas federales para intentar localizar a la periodista e identificar a los responsables. Organizaciones como Artículo 19 exigieron que la labor periodística sea considerada una línea prioritaria de investigación.
Detrás del caso existe una historia previa de violencia. Según información publicada por Infobae, Guzmán abandonó Veracruz después del asesinato de su esposo en 2017. Tras varios años fuera de la entidad regresó para fundar y desarrollar su propio proyecto informativo, Pulso Informativo del Sureste, desde donde daba seguimiento a temas de interés regional.
El secuestro ocurrió frente a familiares y en una vivienda donde también se encontraba un menor de edad. Las imágenes difundidas muestran a los agresores rompiendo accesos y sometiendo a los ocupantes antes de llevarse a la comunicadora.
El caso se suma a una larga lista de agresiones contra periodistas en Veracruz y reaviva las alertas sobre los riesgos que enfrenta la prensa en México, considerado uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

