Harold Amábilis
TENABO.- La noche del miércoles transformó el centro de esta cabecera municipal en un punto de encuentro donde la tradición, el colorido y la devoción confluyeron de manera natural. Decenas de parejas jaraneras recorrieron la plaza principal durante la esperada Magna Vaquería Peninsular, uno de los eventos centrales de la Feria de Mayo 2026, dedicada al Gran Poder de Dios, una imagen profundamente venerada por los habitantes de esta zona.
Los asistentes, provenientes de distintos puntos del Camino Real y del vecino estado de Yucatán, llenaron el casco histórico con el propósito de admirar una de las manifestaciones culturales más representativas del sureste mexicano. El contingente de bailarines, vestidos con ternos bordados manualmente en Xokbil Chuuy y elegantes guayaberas blancas, hizo su ingreso a la explanada portando las tradicionales cabezas de cochino, adornadas con llamativos papeles de colores.
La velada transcurrió al ritmo de dos agrupaciones musicales invitadas expresamente para el evento: la orquesta jaranera Noh Beh y la orquesta Puerta del Camino Real. Los timbales impulsaron una entrada enérgica, mientras las trompetas y los clarinetes desplegaron un repertorio donde figuraron piezas emblemáticas del género como El Torito, Aires yucatecos y La Fiesta del Pueblo. Los zapateados, ejecutados con precisión y constancia, se prolongaron durante varias horas; las parejas realizaron vueltas, quiebres y desplazamientos que exigen destreza física y un dominio profundo de los códigos coreográficos transmitidos por generaciones anteriores. El público, atento a cada secuencia, respondió con aplausos cerrados y muestras de aliento hacia los bailarines más experimentados.
Durante un receso de la jornada, las autoridades municipales entregaron un reconocimiento póstumo a los familiares del profesor Rafael Felipe Muñoz Ruiz. El homenajeado, fundador del ballet folclórico Yun Kax, fue recordado como una figura esencial en la enseñanza y difusión de la jarana dentro del municipio. Quienes lo trataron subrayaron su labor incansable para evitar que las nuevas generaciones perdieran el vínculo con esta expresión dancística, así como su habilidad para reunir a jóvenes y adultos en torno a un objetivo común: preservar la identidad cultural de Tenabo.
La noche también reservó un espacio para la competencia anual que motiva a los participantes a superar sus propios límites. En el concurso de cabeza de cochino, el primer lugar fue para el grupo Mejen Lool; el segundo puesto correspondió a Fiesta del Pueblo, y el tercero a Mujeres Activas de Lerma. En la categoría infantil local, el jurado declaró ganadora a la pareja integrada por Víctor Pool Uc y Riana Euan Díaz; la segunda posición fue para Irving Moo Euan y Amiel Caamal Chablé, mientras que Regina Cortez Muñoz y Diego Chan López obtuvieron el tercer sitio. Dentro de la rama infantil foránea, los triunfadores fueron Erik Ávila Miss y Karla Hernández Díaz, seguidos por Juan Pablo Poc y Ximena Herrera Poc, y en tercer lugar Estefani Noh junto a Andrey Santos Chan.
En la categoría juvenil local, Alexander Uc Martínez e I. Uc Chi se adjudicaron la primera posición; Paula Camila Ruiz y Fernando Pool Estrella ocuparon el segundo sitio, en tanto que Aldo Cime y Molina Quime finalizaron en tercer lugar. Finalmente, en la división juvenil foránea, el primer puesto fue para Andrés Jesús Chan Colli y Cristell López Ake; Kimberli Chi Cabrera y Johan Alberto Chi Cabrera obtuvieron el segundo lugar, mientras que Joseph Jiménez y Paola Miss completaron el podio en la tercera posición.
Para los organizadores y para los propios pobladores, esta celebración constituye una vitrina abierta al turismo local y extranjero, pero ante todo un ámbito donde la comunidad refuerza sus vínculos internos. La vaquería, expresión nacida en la época colonial fruto del sincretismo entre la cosmovisión maya y las tradiciones occidentales, se erige hoy como uno de los patrimonios culturales inmateriales más destacados del sureste mexicano. Su práctica continuada en municipios como Tenabo, Hecelchakán, Calkiní y Hopelchén demuestra que el arraigo y el sentido de pertenencia pueden sostenerse a través de los siglos, heredándose de abuelos a nietos y de maestros a aprendices. Aquella noche, una vez más, los tenabeños evidenciaron que su legado cultural no solamente pervive, sino que palpita con renovada fuerza.












