@_Chipocludo
Perdonen que empiece así, pero es que, de verdad, ¡cómo me divierte y a la vez me vuela la cabeza este tema de los Therians, es lo más loco que he visto entre los chavos últimamente. Ojo, no estamos hablando de un simple disfraz de Halloween o de un niño jugando a ser “el Rey León” en la sala de su casa. No, no. Estos jóvenes te dicen en serio, con una mirada que asusta, que lo que les pasa por dentro es una “conexión espiritual” con un animal. Yo, sinceramente, repruebo esta actitud; me parece una de las modas más absurdas que ha parido el algoritmo de TikTok. Pero más allá de la risa que nos pueda dar ver a alguien saltando como gato en las plazas públicas, lo que hay detrás es un tema que merece que nos pongamos serios.
Dejando de lado el sarcasmo, entremos al terreno de la realidad. ¿Es una moda o algo más profundo? Los especialistas coinciden en que no estamos ante una enfermedad mental masiva, sino ante una crisis de identidad sin precedentes. La mayoría son jóvenes de entre 13 y 25 años (uno que otro enfermito con su INAPAM), una etapa donde saber quién eres es difícil. Al integrarse a estos grupos, el chavo encuentra un sentido de pertenencia que el mundo real no le está dando. El problema es que, al imitar comportamientos animales sin pena alguna, están usando una máscara para evadir el crecimiento y las responsabilidades que vienen con la edad.
Hablar de un trastorno de identidad en este tema es algo delicado, pero no podemos sacarle la vuelta. Aunque los psicólogos no quieran etiquetar a los Therians como “enfermos” de buenas a primeras, sí nos advierten sobre algo llamado desconexión mental. Cuando un joven se convence de que su esencia no es humana, lo que está haciendo en realidad es levantar un muro que lo protege, pero que no lo deja sanar sus miedos o inseguridades como la persona que es. Seamos honestos: es mucho más fácil “gruñir” o esconderse tras una máscara ante un problema, que sentarse a resolverlo con la inteligencia emocional que nos toca como humanos. La tecnología, con sus algoritmos que solo te muestran lo que quieres ver, ha creado una burbuja donde lo que antes era una idea rara en un foro olvidado, hoy es una verdad absoluta para miles de adolescentes que están confundiendo el encontrarse a sí mismos con una especie de fantasía animal.
La conclusión a la que llego es dura: no podemos seguir normalizando esta subcultura como si fuera cualquier cosa. Una cosa es el cotorreo, el arte del disfraz o un pasatiempo, y otra muy distinta es aceptar como “normal” que un ser humano renuncie a su dignidad para caminar en cuatro patas, saltando con pies y manos, reclamando una conexión animal que biológicamente no existe. Esta validación excesiva de cualquier idea por más loca que sea está fracturando nuestra realidad social.
A ustedes, padres de familia que me leen, es momento de ser directos. Si su hijo está “despertando” como animal, no es una fase colorida; es un grito de auxilio por falta de límites y de identidad. No permitan que una tendencia de redes sociales reemplace la formación de un carácter sólido, los animales no tienen que preocuparse por el futuro ni por trabajar, y es precisamente ese refugio el que sus hijos están buscando. Tengan comunicación real y recuerden que ser buen padre no es aplaudirle cada ocurrencia rara que se encuentra en internet.
La verdadera ayuda empieza por devolverlos a la realidad, no por comprarles una máscara de lobo.

