2 mayo, 2026

A semanas de cumplir 18 años como municipio, el destino que construyó su marca global sobre la promesa de naturaleza y exclusividad acumula una caída del 35% en visitantes, una administración municipal bajo escrutinio por presuntos actos de corrupción y una temporada baja que ya se extiende hasta siete meses al año

SALVADOR CANTO / EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR

A semanas de cumplir 18 años como municipio, el próximo 29 de mayo, Tulum enfrenta su momento más incómodo: el contraste entre la marca global que presume y una realidad local que comienza a fracturarse. Lo que durante años fue presentado como un modelo exitoso de desarrollo turístico —basado en exclusividad, naturaleza y crecimiento acelerado— hoy muestra signos evidentes de desgaste.

Más que percepciones aisladas, se trata de una tendencia que empieza a reflejarse en cifras, decisiones públicas y testimonios desde dentro y fuera de las instituciones.

La narrativa del paraíso comienza a perder fuerza frente a una presión acumulada que apunta a un problema más profundo: un modelo turístico que no sido cuidado en lo más básico, con administraciones ineficientes y omisas, al grado de no contar siquiera con un relleno sanitario, drenaje ni orden en su crecimiento, además de múltiples señalamientos de corrupción.

Los factores que antes impulsaron su posicionamiento hoy comienzan a tensionarlo desde distintos frentes.

El contexto es, además, paradójico. En los últimos años, Tulum se ha colocado en el centro de la estrategia nacional de desarrollo turístico, con una inversión federal sin precedentes que incluye infraestructura aeroportuaria, una estación y un paradero del Tren Maya, proyectos como el Parque del Jaguar y dos complejos hoteleros construidos y operados por la Secretaría de la Defensa Nacional como activos clave. Sin embargo, ese impulso coexiste con rezagos que no han logrado resolverse y con decisiones que, lejos de ordenar el crecimiento, han incrementado la presión sobre el territorio.

En 2010, Tulum tenía alrededor de 18 mil habitantes; para 2020 la cifra superaba los 46 mil, y actualmente se estima entre 50 mil y 60 mil residentes, sin contar la población flotante.

El crecimiento ha superado la capacidad de planeación, lo que ha generado presión sobre servicios básicos, vivienda y ordenamiento urbano.

Esa presión se refleja en el territorio: la zona maya hacia Cobá permanece en condiciones de abandono; la mancha urbana crece mediante invasiones sin infraestructura adecuada, mientras la zona turística enfrenta temporadas recurrentes de sargazo.

Además, el municipio arrastra un problema de fondo: la ausencia de una ruta definida para gestionar su propio crecimiento. A ello se suma la falta de reglas claras y la ausencia de actualización de instrumentos clave de planeación, como el Plan de Ordenamiento Ecológico Local (POEL) y el Plan de Desarrollo Urbano (PDU), lo que ha dejado vacíos importantes en la regulación del territorio. En ese vacío, el desorden urbano, la presión sobre los recursos y la falta de coordinación institucional han encontrado terreno fértil.

En el plano ambiental, el impacto ha trascendido lo local. Las afectaciones a la duna costera y la expansión urbana en zonas sensibles han colocado a Tulum en el debate internacional.

Al mismo tiempo, el acuífero maya, uno de los sistemas más frágiles de la región, enfrenta riesgos crecientes ante la expansión urbana.

Las respuestas institucionales, en este escenario, han tendido a privilegiar acciones de alto impacto mediático, sin que ello necesariamente se traduzca en soluciones estructurales. Mientras tanto, las alertas ya no provienen únicamente de actores externos: desde el propio ámbito institucional y desde sectores económicos locales comienza a reconocerse un escenario que durante años se minimizó.

El resultado es una contradicción cada vez más evidente: un destino que mantiene su posicionamiento global mientras se profundizan sus desequilibrios internos. Más que un desgaste operativo, lo que hoy se configura es una crisis de modelo que ya es evidente.

Señales que nunca fueron atendidas

Uno de los primeros indicios del deterioro en Tulum no apareció en indicadores económicos ni en reportes oficiales, sino en la experiencia misma del visitante. Desde sus años de mayor crecimiento, el destino arrastraba fallas estructurales que, aunque visibles, no fueron atendidas.

Un episodio ocurrido en diciembre de 2012 lo evidenció. La actriz Demi Moore presenció un conflicto entre operadores de transporte en la zona turística, reflejo de una disputa persistente entre taxistas y otros servicios de movilidad. Más que un incidente aislado, el hecho expuso un problema de fondo.

Cuando tensiones locales alcanzan a turistas internacionales, el impacto trasciende lo interno. La escena proyecta desorden y una experiencia poco confiable, particularmente para el segmento que durante años sostuvo el posicionamiento del destino.

Con el paso del tiempo, estos episodios dejaron de ser excepcionales para convertirse en señales repetidas de un sistema sin corrección efectiva. Figuras públicas y visitantes de alto perfil han documentado experiencias que refuerzan esa percepción:

• Justin Bieber: el cantante canadiense fue expulsado de la zona arqueológica de Tulum por intentar evadir restricciones de seguridad y por comportamiento inapropiado durante su visita.

• Lauren Wood (participante del reality show Love Island): permaneció en confinamiento dentro de su hotel derivado de episodios de violencia en la región en 2026.

• Anjali Ryiot: influencer que murió en 2021 como víctima colateral durante una balacera en un restaurante-bar en Tulum.

• Rose McGowan: actriz que ha señalado el crecimiento desordenado del destino, la sobreexplotación turística y el deterioro ambiental como parte de su experiencia viviendo en la zona.

Gobernanza bajo sospecha: opacidad, contratos y crisis institucional

El frente político marca uno de los puntos más sensibles en Tulum. Hace unos días, la síndica municipal, Rifka Renee Queruel Nussbaum, rechazó la cuenta pública de la administración encabezada por el presidente municipal Diego Castañón Trejo, abriendo un escenario institucional complejo. Como presidenta de la Comisión de Hacienda del cabildo y representante legal del Ayuntamiento, su postura coloca bajo revisión el manejo de los recursos públicos.

El caso adquiere mayor relevancia en un contexto donde el municipio enfrenta dificultades operativas, incluyendo el cumplimiento de compromisos financieros. A ello se suma una investigación dada a conocer recientemente por el portal informativo nacional Animal Político (https://bit.ly/4cFNIao), que documenta la asignación de siete contratos de obra pública por más de 24.5 millones de pesos a personas directamente vinculadas con el secretario particular del alcalde, Agustín Armando Lara Souza, conocido como “Tacón”. De acuerdo con la investigación, tres de los contratos, por 9.1 millones de pesos, habrían sido asignados a la cónyuge de Lara Souza; además, la constructora de su padre, Alno Construcciones, habría recibido otros 15.3 millones de pesos.

Más allá de los nombres, distintos actores locales —entre ellos regidores y representantes del sector empresarial— coinciden en la existencia de prácticas opacas, procesos poco claros y una rendición de cuentas limitada. La persistencia de estos señalamientos ha incrementado el escrutinio público sobre la administración municipal.

En conjunto, estos elementos configuran un entorno de gobernanza bajo presión, donde la confianza institucional se debilita frente a cuestionamientos que aún no han sido plenamente esclarecidos.

Corrupción institucional: un sistema que se reproduce desde dentro

Las alertas sobre el funcionamiento interno del gobierno municipal en Tulum no provienen únicamente de investigaciones externas. Desde el propio Cabildo, el regidor Eugenio Barbachano destaca la existencia de más de 50 carpetas de investigación abiertas por presuntos actos de corrupción al interior del Ayuntamiento, lo que apunta a un problema de alcance estructural.

Los expedientes involucran a policías y funcionarios de distintas áreas, con denuncias que describen prácticas recurrentes como extorsión a ciudadanos y comerciantes, cobros indebidos y personal que percibe ingresos sin cumplir funciones. Más que hechos aislados, los señalamientos dibujan un patrón que se reproduce en la operación cotidiana del gobierno local.

A ello se suman testimonios del sector empresarial que refieren esquemas irregulares en la autorización de desarrollos, donde la obtención de permisos habría estado condicionada por pagos no oficiales. En este contexto, la corrupción deja de ser excepcional y comienza a operar como parte del funcionamiento institucional.

El resultado es una erosión sostenida de la confianza ciudadana y una limitada capacidad del gobierno para responder a las demandas básicas del municipio.

Turismo en retroceso: cifras, percepción y un modelo en ajuste

El desgaste del modelo turístico en Tulum comienza a reflejarse en indicadores concretos. Durante el primer trimestre de 2026, el destino registró una caída cercana al 35% en visitantes a zonas arqueológicas y espacios como el Parque del Jaguar, de acuerdo con datos proporcionados por el regidor Eugenio Barbachano. Se trata de uno de los termómetros más representativos de su dinámica turística.

La tendencia coincide con lo observado en recorridos realizados por el equipo de El Despertador: menor flujo de visitantes, ocupaciones irregulares y consumo a la baja en distintos puntos del destino. Actores locales ubican el inicio del deterioro entre tres y cinco años atrás, cuando comenzaron a acumularse factores como la inseguridad, la sobreoferta de cuartos y el desgaste ambiental.

Además, la temporada baja se ha extendido hasta por siete meses, reduciendo de forma significativa la ventana de ingresos para hoteles, restaurantes y prestadores de servicios. En este contexto, el modelo económico también comienza a ajustarse: tarifas que antes alcanzaban niveles de exclusividad se han reducido, mientras crecen las estrategias para sostener la ocupación.

El resultado es un punto de inflexión: el modelo premium que definió al destino entra en proceso de redefinición.

Economía local en crisis: el impacto en la calle

La desaceleración turística en Tulum, que comenzó a sentirse desde 2025, ya no es un fenómeno estadístico, sino una realidad visible en el espacio urbano. Durante recorridos realizados por el equipo de El Despertador en la zona hotelera, se observaron locales cerrados, letreros de “se renta” y una disminución en la actividad comercial, reflejo de una contracción económica en curso.

“No hubo bonanza en Semana Santa; la crisis sigue y se prolonga más por falta de acciones del gobierno”, expresó un vendedor de tours en la zona hotelera; añadió que, desde la apertura del Parque Jaguar, Tulum ha resentido mayores afectaciones en la llegada de turismo.

Empresarios y comerciantes señalan que el impacto ya afecta a cientos de familias vinculadas al sector. Estimaciones locales apuntan a más de 500 hogares afectados por cierres o reducción de operaciones. A ello se suma la denuncia de presiones económicas y fiscales, con cobros que van desde decenas de miles hasta cientos de miles de pesos, sin criterios claros de diferenciación entre giros o tamaños de negocio.

Dentro del propio Ayuntamiento también se han reportado despidos, reducción de salarios y retrasos en pagos de liquidaciones, lo que agrava la percepción de inestabilidad.

Mientras el discurso oficial insiste en una narrativa de crecimiento, en la práctica se observa un entorno de incertidumbre. Incluso los incentivos anunciados carecen de mecanismos claros de implementación y evaluación, lo que limita su impacto real en la economía local.

Malestar social y economía en tensión

El desgaste del modelo turístico en Tulum ha comenzado a trasladarse al ámbito social. Durante una manifestación en el Parque Nacional Tulum, realizada el pasado jueves, integrantes del colectivo Playas Libres expresaron su inconformidad ante el encarecimiento del destino y las restricciones de acceso a espacios públicos, factores que —afirman— han impactado directamente en sus ingresos.

En el marco del 45 aniversario del parque, se registraron protestas en las que se cuestionaron las políticas de manejo del área natural, la falta de transparencia en el uso de recursos y la ausencia de resultados frente a problemas persistentes como el sargazo. Las consignas exhibidas reflejaron el descontento hacia las autoridades ambientales y de conservación.

De acuerdo con testimonios de prestadores de servicios y comerciantes, se reportan caídas de hasta 70% en ventas, en un contexto de menor afluencia turística y mayores costos operativos.

Más allá de la protesta puntual, el escenario evidencia un malestar más amplio: la percepción de que el modelo de desarrollo ha comenzado a excluir a quienes dependen directamente de la actividad turística.

Eventos, turismo caro y beneficios concentrados

Las fiestas electrónicas y eventos masivos en Tulum se han consolidado como parte del modelo reciente de promoción turística. Aunque son presentados como motores de derrama económica, en la práctica los beneficios se concentran en un circuito reducido de promotores privados, hoteles de alto nivel y recintos exclusivos.

El esquema de consumo dentro de estos eventos está diseñado para maximizar ingresos en espacios controlados, con precios elevados en accesos, bebidas y servicios complementarios. Sin embargo, fuera de ese circuito, el impacto económico es limitado.

La economía local absorbe costos asociados a seguridad, movilidad, limpieza y manejo de residuos, sin que exista una distribución proporcional de los beneficios hacia pequeños comercios o prestadores de servicios tradicionales.

A este modelo se suman nuevas estrategias de visibilidad, como el Tulum Air Show o eventos deportivos de alto perfil, que buscan mantener la atención mediática sobre el destino. No obstante, distintos actores locales advierten que estas iniciativas no necesariamente generan beneficios estructurales ni resuelven los problemas de fondo del municipio.

El resultado es una derrama económica desigual, donde el crecimiento en visibilidad no siempre se traduce en bienestar distribuido.

Ven la tempestad y no se hincan

Aunque en Tulum se han abierto nuevos accesos a playas públicas, la experiencia de visitarlas sigue marcada por costos elevados y barreras prácticas que limitan su disfrute. Lejos de consolidarse como un destino accesible, el acceso continúa condicionado por factores económicos y operativos.

Durante recorridos realizados por el equipo de El Despertador, se constató que uno de los principales obstáculos es la falta de estacionamientos suficientes. Los pocos espacios disponibles operan bajo esquemas de cobro que rondan los 150 pesos, lo que encarece desde el inicio la visita a zonas que, en teoría, son de uso público.

A esto se suman los altos costos de alimentos, bebidas y servicios turísticos, que mantienen una tendencia al alza incluso en temporadas de baja afluencia. El resultado es una experiencia que se aleja del discurso de accesibilidad.

En paralelo, persisten prácticas poco reguladas en la prestación de servicios, con tarifas variables y falta de información clara para los visitantes. Estas dinámicas reflejan un entorno con débil supervisión institucional.

El efecto final es una contradicción persistente: apertura en el acceso físico, pero restricciones económicas que condicionan la permanencia y el disfrute del destino.

Sargazo: crisis ambiental y ausencia de estrategia

El sargazo se ha convertido en uno de los factores más disruptivos en la dinámica turística de Tulum. En recorridos realizados por el equipo de El Despertador, se constató su presencia constante en amplias franjas de playa, con acumulaciones visibles y labores de limpieza intermitentes que no logran contener el fenómeno.

Lo que antes era un evento estacional ha evolucionado hacia una condición recurrente, con recales que se presentan durante gran parte del año. Este cambio ha modificado la experiencia turística y ha incrementado los costos operativos para prestadores de servicios, además de impactar la imagen del destino a nivel internacional.

A pesar de su magnitud, las estrategias siguen siendo reactivas frente a un fenómeno cada vez más constante. No se observan acciones claramente articuladas ni una coordinación sostenida entre niveles de gobierno. En distintos puntos del litoral, la presencia de personal y maquinaria es irregular, lo que refuerza la percepción de una atención reactiva más que preventiva.

El resultado es un problema que ha dejado de ser únicamente ambiental. El sargazo se ha convertido en un factor estructural que incide directamente en la economía turística, la operación cotidiana del destino y su posicionamiento como uno de los principales polos turísticos del Caribe mexicano.

Crecimiento desbordado: infraestructura rebasada y presión urbana

El crecimiento de Tulum ha sido más rápido que su capacidad de planeación. De acuerdo con datos oficiales, el municipio pasó de alrededor de 18 mil habitantes en 2010 a más de 46 mil en 2020, y actualmente se estima entre 50 mil y 60 mil residentes, sin considerar la población flotante vinculada al turismo.

Este incremento acelerado ha generado presión sobre los servicios básicos. El drenaje es insuficiente, el manejo de residuos es limitado y el acceso al agua potable es irregular en diversas zonas. A ello se suma la expansión de la mancha urbana mediante desarrollos inmobiliarios y asentamientos irregulares sin ordenamiento efectivo.

La falta de planeación también impacta la movilidad, con traslados costosos e ineficientes.

En este contexto, la gobernadora Mara Lezama alertó recientemente sobre un presunto fraude en Akumal–Tulum, donde se ofrecen terrenos a cambio de limpiar predios, práctica sin validez legal.

El señalamiento evidencia la fragilidad en la regulación del suelo y el avance de dinámicas irregulares.

El resultado es un modelo urbano bajo tensión, donde el crecimiento ha superado la capacidad institucional para regularlo.

Inseguridad y presión ambiental: el punto de quiebre del modelo

La inseguridad ha dejado de ser un factor periférico en Tulum para convertirse en una variable que impacta directamente en su percepción como destino turístico. En los últimos años, diversos episodios violentos han marcado un cambio en la imagen del municipio, afectando tanto la confianza de visitantes como la cobertura mediática internacional.

Este escenario se cruza con una creciente presión ambiental. Las afectaciones al entorno natural, particularmente en zonas costeras y ecosistemas sensibles, han sido señaladas en distintos momentos como consecuencia del desarrollo urbano y turístico acelerado. La expansión de infraestructura en áreas de alta fragilidad ecológica ha intensificado la tensión entre conservación y crecimiento económico.

El caso más evidente se refleja en la degradación de zonas naturales y en los riesgos que enfrenta el acuífero que abastece a la región, uno de los sistemas hídricos más importantes y vulnerables del sureste mexicano.

La combinación de inseguridad y deterioro ambiental configura un punto de quiebre para el modelo de desarrollo del destino. Más allá de problemas aislados, se trata de factores que inciden directamente en su principal activo: la experiencia turística y el entorno natural que lo sostiene.

Potencial vs. realidad: la contradicción que define a Tulum

Tulum concentra algunos de los activos naturales y culturales más importantes del Caribe mexicano: su zona arqueológica, la cercanía con Cobá, los cenotes del sistema del Gran Acuífero Maya y playas de reconocimiento internacional. A ello se suma infraestructura reciente como el aeropuerto y proyectos de conectividad regional.

Sin embargo, este potencial convive con una realidad marcada por tensiones acumuladas. El crecimiento acelerado ha rebasado la capacidad de planeación, mientras persisten rezagos en servicios básicos, ordenamiento urbano y gestión ambiental. La expansión inmobiliaria, la presión sobre los recursos naturales y la falta de reglas claras de desarrollo han profundizado estas contradicciones.

En este contexto, el distintivo de Pueblo Mágico se mantiene como símbolo turístico, pero enfrenta cuestionamientos frente a las condiciones actuales del territorio. A ello se suma la falta de actualización de instrumentos de planeación urbana y ecológica, lo que limita la capacidad de ordenar el crecimiento.

Más que un problema puntual, Tulum enfrenta una contradicción de fondo: un destino construido sobre la promesa de naturaleza y exclusividad que hoy lidia con las consecuencias de un desarrollo que avanzó más rápido que su capacidad para sostenerlo.

Radiografía de Tulum

Según el INEGI (Censo 2020), el municipio de Tulum está integrado por 170 localidades y una población en crecimiento acelerado, que pasó de alrededor de 18 mil habitantes en 2010 a más de 46 mil en 2020, con estimaciones actuales de entre 50 mil y 60 mil residentes, sin contar la población flotante turística.

Entre sus principales localidades destacan: Akumal, Ciudad Chemuyil, Macario Gómez, Francisco Uh May, Manuel Antonio Ay, Cobá, Chanchen Primero, San Juan, Sahcab Mucuy, Hondzonot, Yaxché, Chanchen Palmar, San Pedro y Javier Rojo Gómez (Punta Allen), entre otras.

A ello se suman zonas residenciales y desarrollos urbanos como Aldea Zamá, La Veleta, Holistika, Región 11, 12 y 15, que reflejan la expansión acelerada del territorio y sus nuevos centros de población.

Frente al deterioro acumulado del modelo turístico, la presión social y la fragilidad institucional, Tulum, próximo a cumplir 18 años de su erección como municipio, requiere una intervención coordinada y urgente. En ese sentido, El Despertador sugiere algunas líneas de acción concretas que podrían marcar una ruta de estabilización.

Su implementación no depende de diagnósticos adicionales, sino de coordinación institucional y decisiones políticas que reconozcan la profundidad de la crisis que atraviesa el destino.

1.- Implementar un programa de incentivos fiscales temporales para reactivar la economía local

Las autoridades podrían establecer esquemas de alivio fiscal —reducción o diferimiento de impuestos y derechos— dirigidos a micro, pequeñas y medianas empresas, con evaluación periódica de resultados.

2.- Ajustar y flexibilizar cobros de derechos municipales para evitar cierres de negocios

El Ayuntamiento podría aplicar criterios diferenciados en cobros como uso de suelo, protección civil y recolección de residuos, priorizando la viabilidad económica de los negocios locales.

3.- Establecer apoyos temporales en servicios básicos para el sector productivo

En coordinación con instancias federales, se propone implementar esquemas de tarifas diferenciadas o prórrogas en servicios como electricidad para negocios en situación crítica.

4.- Reorientar la estrategia turística hacia el mercado nacional y regional

Se precisa diversificar la promoción, para reducir la dependencia del turismo internacional de alto poder adquisitivo y fortalecer la demanda interna.

5.- Regular eventos masivos para garantizar beneficios locales

Los permisos podrían condicionarse a la contratación de proveedores locales, cumplimiento ambiental y evidencia de derrama económica en la comunidad.

6.- Crear una mesa permanente de gobernanza turística y territorial

Institucionalizar un órgano con participación del sector empresarial, cámaras, sociedad civil y autoridades, con capacidad de decisión, carácter vinculante y seguimiento transparente.

7.- Actualizar de forma urgente los instrumentos de planeación urbana y ecológica

Debe priorizarse la revisión del POEL y el PDU con respaldo técnico independiente y mecanismos de participación ciudadana.

8.- Ordenar el crecimiento urbano y frenar la expansión irregular

Las autoridades deben reforzar inspecciones, suspender obras irregulares y transparentar permisos de construcción para evitar la expansión fuera de norma.

9.- Fortalecer la rendición de cuentas y combatir la corrupción institucional

Se requiere impulsar auditorías externas, revisión de expedientes abiertos y autonomía efectiva de los órganos de control, para garantizar rendición de cuentas.

10.- Concretar de manera urgente un relleno sanitario funcional

El municipio requiere avanzar en la instalación de un sitio adecuado para la disposición final de residuos sólidos, a fin de evitar mayores niveles de contaminación y la filtración de lixiviados hacia el manto freático.

11.- Diseñar e implementar un sistema integral de drenaje sanitario

Es necesario reconocer la urgencia de contar con infraestructura de drenaje sanitario, ya que el uso de biodigestores representa solo una solución parcial, que no resuelve de fondo el problema de contaminación.

12.- Proteger el Gran Acuífero Maya mediante regulación ambiental estricta

Deben establecerse lineamientos más rigurosos para el uso turístico de cenotes, evitando su sobreexplotación y garantizando su conservación.

13.- Diseñar una estrategia permanente y estructural contra el sargazo

Las acciones deben pasar de lo reactivo a un esquema con infraestructura, presupuesto fijo y coordinación interinstitucional.

14.- Garantizar accesibilidad real y regulación de servicios en zonas turísticas

Liberar el cobro del acceso al Parque del Jaguar y vigilar precios en productos y servicios, para evitar prácticas abusivas que afecten a visitantes y residentes.

15.- Regular el transporte y mejorar la movilidad urbana

Se requiere establecer tarifas accesibles en taxis, especialmente hacia el aeropuerto, así como desarrollar rutas de transporte público que conecten la ciudad y la zona hotelera.

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