29 mayo, 2026

Tulum, tejido social vulnerado por falta de atención

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR DE QUINTANA ROO

La llegada de cientos de personas para trabajar en las obras del Tren Maya y del aeropuerto de Tulum ha propiciado un aumento de la demanda de servicios públicos, pero además también ha abonado a un incremento en el consumo de drogas y, por ende, de la delincuencia.

Tulum no es como lo pintan y aunque posee playas paradisiacas y una exquisita joya arqueológica, carece de la infraestructura adecuada para su desarrollo turístico y poblacional, que ha crecido a una tasa anual de 15.1%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que colocan al municipio como uno de los de mayor crecimiento en América Latina.

De acuerdo con documentos de planificación del propio municipio, la ausencia de infraestructura pública es crítica; la deposición de aguas negras, por ejemplo, es desechada, en su mayoría a través de fosas sépticas o sumideros y eso no le ha importado atenderlo al alcalde Diego Castañón Trejo.

Las viviendas de la población tampoco se salvan, ya que existen rezagos importantes al interior de los inmuebles, como agua sin entubar, falta de drenaje, malas condiciones del piso, carencia de bienes materiales, escasez de energía eléctrica, entre otros problemas.

Para los pobladores, Tulum tiene un atraso de 20 años en infraestructura urbana y a pesar de ello existen proyectos monumentales como el Tren Maya y el aeropuerto internacional “Felipe Carrillo Puerto” que generaron la llegada de cientos de personas a laborar provisionalmente, pero que ya se quedaron en los alrededores de la ciudad y eso ha provocado un aumento de la demanda de servicios, aunado a que también han abonado al tema de la inseguridad y al consumo de drogas.

Otro problema que vulnera el tejido social es que el agua potable no es tan potable, a pesar de los esfuerzos que hace la Comisión de Agua Potable (CAPA), que es la encargada de la prestación de ese servicio.

Pero el problema va más allá, pues en las zonas en las cuales la infraestructura hídrica no es suficiente, la población ha recurrido a alternativas como la perforación del suelo para la apertura de pozos y el consumo de agua de los cenotes, lo que pone en riesgo la salud pública.

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