El incremento de 35.8% al Derecho de No Residente que deberá pagar cada visitante internacional que ingrese al país, previsto en el Paquete Económico federal para 2027, abre el debate sobre un modelo que no puede depender de obtener cada vez más recursos del turista, sino de garantizar seguridad, servicios, infraestructura, protección ambiental y una experiencia que haga competitivo al destino
Salvador Canto / Equipo de Investigación de El Despertador
En vísperas del Día Mundial del Turismo, que se celebrará el 27 de septiembre de 2026, Quintana Roo atraviesa una crisis turística que ya no necesita pronósticos: se siente en los hoteles, restaurantes, comercios y en los bolsillos de quienes dependen de una actividad que durante décadas ha sido el motor económico del estado. La pérdida de alrededor de 120 mil asientos de avión, la menor llegada de visitantes, la inseguridad, el sargazo y una actividad por debajo de las expectativas en distintos destinos del Caribe Mexicano han convertido este año en uno de los periodos más complejos para la industria.
Y cuando el sector todavía intenta recuperar terreno, el Gobierno federal propuso recientemente, dentro del Paquete Económico previsto para 2027, aumentar 35.8 por ciento el Derecho de No Residente (DNR), un cobro que encarecería la llegada de visitantes internacionales al país. El Consejo Coordinador Empresarial del Caribe (CCE), que encabeza Alejandro Arvizu Contreras, advirtió que la medida representaría un golpe para Quintana Roo, al impactar no sólo a la hotelería, sino también a restaurantes, comercios, transportadoras, agencias y demás actividades que dependen del turismo.
La propuesta llegó en septiembre, cuando el sector ha entrado a los meses tradicionalmente más complicados del año, después de un verano que dejó señales claras de desaceleración. La menor llegada de visitantes ya tiene efectos concretos, con cierre de negocios y descansos obligados no sólo para camaristas, meseros o garroteros, sino también para personal administrativo de los centros de hospedaje, bajo los llamados “días solidarios”.
Mientras la actividad turística enfrenta estos problemas, las autoridades tratan de responsabilizar a los medios de comunicación por sus publicaciones, bajo el argumento de que informar sobre hechos de inseguridad, problemas ambientales, crisis como la de Tulum y otros acontecimientos afecta la imagen de los destinos y la percepción del Caribe Mexicano.
Pero hay que llamar a las cosas por su nombre: no es la información la que pone en riesgo al turismo, sino los problemas que esa información revela. La inseguridad no desaparece porque deje de publicarse; el sargazo no deja de llegar porque se hable menos de él, y las deficiencias en los servicios no se resuelven cambiando la narrativa.
Hay, además, problemas que no pueden atribuirse únicamente a factores externos. El transporte desde el aeropuerto y la disputa entre taxistas y plataformas digitales llevan años sin una solución definitiva, pese a que las autoridades tienen facultades para regular, conciliar y establecer condiciones claras para la operación. Para el visitante, la discusión entre gremios y aplicaciones se traduce en algo mucho más simple: dificultad, incertidumbre y una mala primera experiencia apenas llega al destino.
Y esa experiencia también comienza a reflejarse en mediciones externas. El informe 2025 de Radical Storage sobre los destinos turísticos más decepcionantes del mundo, elaborado a partir de 97 mil 409 reseñas de visitantes en 100 urbes, colocó a Cancún en primer lugar, con 14.2% de críticas negativas, el mayor porcentaje entre las ciudades analizadas, y a Playa del Carmen en el décimo lugar. Entre los señalamientos aparecen estafas, precios inflados y una percepción de falta de autenticidad. Más allá de la metodología y del alcance del estudio, el dato coloca sobre la mesa un elemento que difícilmente puede ignorarse: qué está encontrando el visitante cuando llega al destino.
La crisis también abre otra discusión: qué tan efectivos están siendo los esfuerzos de promoción turística. Durante años, Quintana Roo ha participado en ferias nacionales e internacionales, encuentros de negocios y campañas destinadas a atraer nuevos mercados, vuelos y visitantes. Los resultados anunciados han sido millonarios en citas de negocios, acuerdos y expectativas de crecimiento.
Sin embargo, los indicadores de 2026 obligan a revisar cuánto de esos resultados termina convirtiéndose realmente en pasajeros, habitaciones ocupadas, consumo y empleos. La promoción puede generar contactos y acuerdos; el reto es demostrar que estos se traducen en turistas que efectivamente llegan al Caribe Mexicano.
DNR: una estocada para el Caribe Mexicano
De aprobarse la propuesta presidencial establecida en el Paquete Económico para 2027, el turista internacional que llegue a Quintana Roo pagaría un Derecho de No Residente (DNR) de mil 334.80 pesos, frente a los 983 pesos vigentes en 2026: un aumento de 35.8 por ciento y de casi 55 por ciento acumulado desde 2025.


La mayor inquietud radica en que los recursos recaudados son asignados en su mayor parte a la Secretaría de la Defensa Nacional para proyectos como el Tren Maya y al Instituto Nacional de Migración, en lugar de la promoción turística, además de que analistas señalan que la medida busca captar recursos a como dé lugar, para financiar la creciente carga de los programas sociales de la Federación.
El incremento preocupa al sector porque llega en un escenario de desaceleración turística y mayor competencia entre destinos del Caribe. Alejandro Arvizu Contreras, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) del Caribe, advirtió que el encarecimiento no afectaría únicamente a los hoteles, sino a restaurantes, comercios, transportistas, agencias, operadores y miles de pequeñas y medianas empresas que dependen del turismo. El organismo pidió evaluar técnicamente el impacto y fortalecer la promoción de los destinos.
Coparmex Quintana Roo reportó una ocupación de 45.8% durante la primera semana de septiembre, contra 56.1% en el mismo periodo de 2025, y pidió medir los efectos del aumento antes de aprobarlo.


El Consejo Hotelero del Caribe Mexicano también alertó que el incremento restaría competitividad frente a otras opciones del Caribe y pidió que una parte del DNR se destine de manera permanente y transparente a la promoción turística.
Eduardo Rojas, director general de Hyatt Zilara Cancún, planteó que los recursos deberían destinarse al turismo y no a la Secretaría de la Defensa Nacional. El reclamo abre una discusión de fondo: si el visitante pagará más por entrar a México, ¿cuánto de esa recaudación regresará al turismo para promoción, conectividad e infraestructura?
El turista paga una cuenta cada vez más larga
El DNR no es el único cargo que enfrenta quien viaja al Caribe Mexicano. El visitante internacional puede sumar IVA, tarifas aeroportuarias y cargos de terminal, además de los impuestos y derechos locales: VisiTAX, Impuesto al Hospedaje (ISH) y Derecho de Saneamiento Ambiental. En el caso de los cruceristas, existe además el Derecho de Fomento al Turismo de Cruceros, que a partir de agosto de 2026 subió de cinco a 10 dólares y seguirá incrementándose cada año hasta llegar a 21 dólares en 2028.


Cada concepto puede parecer marginal por separado, pero la decisión de viaje se toma sobre el costo total. A la cuenta se agregan hospedaje, alimentos, transporte, actividades y otros servicios, de modo que el precio final se convierte en parte de la competencia entre destinos.
La discusión adquiere mayor relevancia cuando el sector turístico reporta menor ocupación y presión sobre la llegada de visitantes internacionales. En ese escenario, aumentar el costo de entrada obliga a revisar si la política busca fortalecer la competitividad y estimular la demanda o incrementar la recaudación.
El visitante, finalmente, no hace la suma por concepto: compara cuánto le cuesta todo el viaje. Y mientras más larga sea la cuenta para llegar al Caribe Mexicano, mayor será la presión sobre un destino que compite por cada turista.
Cancún: las cifras chocan con el aeropuerto
El principal termómetro de llegada de visitantes muestra una tendencia distinta a la narrativa de crecimiento permanente. Datos de ASUR reportaron que entre enero y agosto de 2026 el Aeropuerto Internacional de Cancún movilizó 19 millones 275 mil 570 pasajeros, frente a 20 millones 438 mil 138 en el mismo periodo de 2025: una reducción de 5.7%.


La caída fue más pronunciada en agosto. Ese mes se registraron 2 millones 108 mil 534 pasajeros, contra 2 millones 324 mil 145 un año antes, una disminución de 9.3%. En el segmento internacional, el descenso fue de 15%.
Entre enero y agosto, el tráfico internacional sumó 12 millones 930 mil 607 pasajeros, 6.1% menos que los 13 millones 776 mil 321 de 2025. El mercado nacional también retrocedió 4.8%.
A mediados de septiembre, ASUR reportó apenas 286 operaciones en una jornada del aeropuerto de Cancún, una cifra que refleja la contracción de la conectividad frente a periodos de mayor actividad.
Más allá de las causas particulares, el dato central permanece: el principal aeropuerto turístico del estado está movilizando menos pasajeros que un año atrás.
SITUR: la ocupación también cae
El SITUR, Sistema de Información Turística de Quintana Roo, concentra y da seguimiento a indicadores de la actividad turística estatal, entre ellos el comportamiento de la ocupación en los principales destinos.
Durante la primera semana de septiembre de 2026, la ocupación estatal reportada fue de 45.8%, frente a 56.1% registrada en el mismo periodo de 2025.


El comportamiento tampoco fue homogéneo: Cancún registró 51.2%; Riviera Maya, 42.1%; Tulum, 41.5%; Cozumel, 39.6%, y Puerto Morelos, 39%.
Las cifras permiten dimensionar que el problema no se limita a un solo hotel, una temporada específica o un segmento del mercado. La presión alcanza distintos puntos de la geografía turística.
Una medición semanal no define por sí misma el comportamiento anual, pero sí muestra un escenario que contrasta con el discurso de crecimiento continuo: en determinados cortes de 2026, una parte importante de la infraestructura disponible está operando por debajo de los niveles registrados un año antes.
La pregunta es si se trata de un bache temporal o de una señal de un cambio más profundo.
La “tormenta perfecta” que explica el frenazo
El retroceso turístico no tiene una sola explicación. Pablo Casas, subsecretario de Promoción y Comunicación de la Secretaría Estatal de Turismo, atribuyó la desaceleración a la coincidencia de diversos factores externos e internos que han presionado la actividad turística.
Entre ellos se encuentran el Mundial de Futbol, que modificó patrones de viaje y concentró parte de la demanda en ciudades sede; el encarecimiento del combustible para aviación, que eleva los costos de operación; el sargazo, que afecta la experiencia de playa, y un peso mexicano fuerte frente al dólar, que puede restar competitividad a determinados mercados.


A ello se suman la reducción de asientos y rutas aéreas, conflictos internacionales, mayores costos operativos, competencia de plataformas digitales e inseguridad.
Ningún factor explica por sí solo la desaceleración, pero su coincidencia configura un escenario más complejo para un destino cuya actividad depende de la conectividad aérea y del flujo constante de visitantes.
El desafío está en determinar cuánto de este frenazo responde a factores coyunturales y cuánto revela problemas estructurales que podrían permanecer aun cuando cambien las condiciones externas.
El problema no está en los medios de comunicación
Mientras las autoridades llaman a los medios de comunicación a cuidar sus publicaciones para no afectar la imagen del Caribe Mexicano, pues incluso llegan a catalogarlos como “enemigos del destino”, persisten problemas que impactan directamente la experiencia del visitante y que no son consecuencia de las notas que se publican: cobros e impuestos cada vez mayores, deficiencias en el transporte desde y hacia los aeropuertos, inseguridad, sargazo y servicios que no siempre corresponden con el costo del viaje.

El caso de Tulum expone las consecuencias de una gestión cuestionada durante años. El crecimiento acelerado del destino estuvo acompañado por conflictos de movilidad, servicios, seguridad, desarrollo urbano y denuncias de abusos que terminaron deteriorando su imagen y competitividad. La caída no puede atribuirse simplemente a la cobertura periodística de esos problemas: antes de que fueran noticia, ya existían.
El mismo patrón aparece cuando se pretende responsabilizar a los medios por informar sobre hechos de inseguridad, playas afectadas por sargazo o deficiencias en servicios turísticos. Una noticia puede influir en la percepción, pero no origina el problema que documenta.
La promoción puede vender un destino; la realidad es la que finalmente decide si el turista regresa.
Ferias millonarias: ¿dónde están los resultados?
Durante años, FITUR, ITB Berlín, WTM Londres, Arabian Travel Market, IMEX Frankfurt, FIT de Argentina, IFTM Top Resa, Tianguis Turístico y Vitrina Turística ANATO han sido escaparates para vender Quintana Roo al mundo. El Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ) mantiene su participación en ferias y eventos especializados como parte de una estrategia para atraer visitantes y fortalecer la presencia de los destinos.


Pero una feria no vende turistas para mañana. Los acuerdos comerciales suelen corresponder a temporadas posteriores. El Cancún Travel Mart 2024, por ejemplo, reportó tres mil 850 citas y más de cuatro mil 950 millones de dólares en negociaciones, pero esas operaciones correspondían principalmente a temporadas posteriores al evento.
Por eso, los resultados presumidos en 2025 debieron comenzar a reflejarse en 2026, mientras que los acuerdos cerrados este año tendrán que medirse en 2027. La pregunta es qué porcentaje de esas negociaciones terminó convertido en pasajeros, noches de hotel, ocupación y derrama económica.
Si el CPTQ mide pasajeros, asientos disponibles y otras variables de desempeño, también debería ser posible saber cuánto de lo anunciado en las grandes ferias terminó llegando realmente al destino.
Porque una cosa es vender Quintana Roo en una feria y otra conseguir que el turista compre, viaje y regrese. Si cada año se anuncian cifras millonarias, pero después aparecen menos pasajeros y ocupaciones presionadas, la promoción también necesita rendición de cuentas: ¿cuántos de esos millones fueron ventas reales y cuántos quedaron en la foto del evento?
Cuando baja el turismo, llegan los “días solidarios”
La desaceleración turística no termina en las estadísticas. Cuando una habitación permanece vacía, el impacto llega hasta quienes viven de la operación diaria de los hoteles. Durante 2026, trabajadores del sector han reportado esquemas conocidos como “días solidarios”, reducción de jornadas, descansos obligatorios, vacaciones anticipadas, cierres temporales o disminución de operaciones en algunas áreas.


Aquí aparece otro actor que suele quedar fuera de la discusión: los sindicatos. Si durante todo el año cobran cuotas a los trabajadores, ¿dónde están cuando llega el momento de defender sus ingresos? La crítica cobra mayor fuerza cuando los llamados “días solidarios” terminan aceptándose como una condición impuesta por las empresas.
Y hay otra discusión pendiente: dónde se generan, declaran y tributan realmente los ingresos de los grandes grupos hoteleros. Si existen empresas o estructuras corporativas que reportan parte de sus operaciones fiscales fuera de Quintana Roo, resulta difícil sostener que todo el costo de una eventual temporada baja deba trasladarse al trabajador que sí vive y gasta su salario en el estado.
El caso de Rodrigo de la Peña Segura, presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres, también forma parte de este debate, al rechazar que los “días solidarios” representen una práctica generalizada del sector. Mientras tanto, los trabajadores sostienen otra realidad.
La solidaridad no puede funcionar en una sola dirección: si las ganancias se privatizan cuando el negocio crece, no debería ser el trabajador quien cargue principalmente con las pérdidas cuando baja la ocupación.
Sol, playa y naturaleza: el producto que empieza a deteriorarse
Quintana Roo construyó su éxito turístico sobre una combinación difícil de replicar: playas, arrecifes, selva, cenotes, biodiversidad y clima.
Pero esa misma riqueza natural enfrenta una presión creciente.


Más visitantes requieren más agua, energía, tratamiento de aguas residuales, manejo de residuos, movilidad, vivienda para trabajadores y servicios urbanos. Cuando el crecimiento turístico avanza más rápido que la infraestructura, la saturación deja de ser una posibilidad y comienza a formar parte de la experiencia cotidiana.
El problema tampoco se limita a las ciudades. El deterioro ambiental puede afectar directamente aquello que se vende como principal atractivo del destino.
La expansión de hoteles y desarrollos inmobiliarios debe medirse no solamente por las habitaciones nuevas que incorpora, sino por la capacidad real del territorio para sostenerlas.
Quintana Roo ya no enfrenta el reto de demostrar que puede atraer turistas. Lo que está en discusión es si puede seguir aumentando la escala de la actividad sin deteriorar las condiciones que hicieron atractivo al destino.
Sargazo: más toneladas, más dinero y ningún desenlace
El sargazo dejó de ser una contingencia ocasional para convertirse en un problema recurrente que cada año exige más recursos. En 2026, Quintana Roo ya supera las 123 mil 400 toneladas recolectadas, por encima de las aproximadamente 92 mil 782 a 96 mil toneladas registradas durante todo 2025.


La respuesta oficial también crece en el discurso. El Gobierno de México anunció una inversión de 2 mil millones de pesos para reforzar la estrategia contra el sargazo, con embarcaciones, barreras y equipo de recolección. La primera etapa contempla dos remolcadores, seis sargaceros costeros y 50 kilómetros de barreras.
Pero el problema de fondo es otro: los anuncios no son concluyentes. Cada temporada aparecen nuevas estrategias, inversiones, equipos y programas que prometen elevar la capacidad de respuesta, pero con el paso del tiempo pierden fuerza, seguimiento y visibilidad, mientras el fenómeno permanece y todo queda igual o peor.
La recolección implica barreras, embarcaciones, personal, transporte, disposición final y limpieza permanente de playas. A ello se suma el impacto sobre hoteles y destinos cuando las acumulaciones afectan la experiencia del visitante.
La discusión no puede quedarse en cuánto se gastará este año para retirar la macroalga. Hace falta conocer qué resultados concretos dejaron las inversiones anteriores, qué capacidad permanente se construyó y por qué cada temporada se vuelve a partir prácticamente de cero.
Porque mientras los programas se anuncian y después se diluyen, el sargazo no desaparece: regresa, aumenta y vuelve a convertirse en un costo para el erario, los empresarios y el turismo que cancela sus viajes o mejor se va a otros destinos.
Más hoteles, ¿para más turistas o para una mayor saturación?
Quintana Roo ya no necesita demostrar cuántos hoteles puede construir, sino cuántos turistas necesita para llenar los que ya tiene. Mientras la oferta sigue creciendo, los niveles de ocupación muestran que buena parte de esa capacidad permanece vacía.

Durante la semana del 5 al 11 de septiembre de 2026, el Caribe Mexicano registró una ocupación promedio de apenas 49.3%, con 1,481 hoteles y 140,760 habitaciones, de acuerdo con el Sistema de Información Turística de Quintana Roo (SITUR).
Los grandes destinos reflejan la presión: Cancún alcanzó apenas 44.2% de ocupación en sus 47,386 habitaciones; la Riviera Maya, 45.3% en 47,639 cuartos, y Tulum, 45.3% en 11,993 habitaciones. Incluso Cozumel registró 39.6% y Holbox apenas 27.5%.
Costa Mujeres y Puerto Morelos encabezaron el periodo, pero con 56.5% y 56.3%, respectivamente. Es decir, ni los destinos con mayor ocupación llegaron a dos terceras partes de su capacidad.
El dato obliga a revisar la lógica de seguir incorporando cuartos como si el crecimiento de la oferta garantizara mayor demanda. Cada nueva habitación compite por los mismos visitantes y agrega presión sobre el territorio, los servicios y los mercados laborales.
El reto ya no es crecer por crecer. Es consolidar lo construido, elevar la calidad de la oferta y definir hasta dónde puede expandirse Quintana Roo sin terminar con más habitaciones vacías que turistas para ocuparlas.
Tulum: el modelo llevado al límite
Tulum se convirtió en la prueba de que un destino turístico también puede morir de éxito cuando las autoridades permiten que el negocio avance sin poner límites. Durante años se construyó, se vendió y se encareció el destino, mientras las señales de deterioro se acumulaban sin una corrección de fondo.
El problema no apareció de un día para otro. La infraestructura, la movilidad y los servicios quedaron rebasados, mientras aumentaban los precios, las quejas por transporte, los conflictos con visitantes, la presión ambiental y los episodios de inseguridad.


Las autoridades tuvieron tiempo, facultades y señales suficientes para intervenir y proteger al destino. No lo hicieron con la oportunidad que exigía la situación. La prioridad terminó siendo mantener el ritmo de la actividad, aun cuando comenzaban a evidenciarse sus costos para residentes y turistas.
El resultado fue un destino cada vez más caro, con servicios cuestionados y una experiencia que no siempre corresponde con lo que paga el visitante. Y cuando un turista siente que recibió menos de lo que esperaba, el daño no termina al salir de Tulum: se convierte en recomendación negativa, pérdida de confianza y menor intención de regresar.
La responsabilidad institucional también está en prevenir. No basta con reaccionar cuando las consecuencias ya son visibles; gobernar un destino turístico implica anticiparse, corregir abusos y preservar aquello que lo hizo atractivo.
Tulum deja así una advertencia para Quintana Roo: cuando se deja de cuidar al destino y al visitante, el éxito turístico puede terminar convirtiéndose en su propio límite.
Ciudades más decepcionantes: una alerta sobre la experiencia
La promoción puede vender el paraíso, pero son los turistas quienes terminan calificando la experiencia. Una clasificación internacional coloca a Cancún en el primer lugar entre las ciudades analizadas por proporción de reseñas negativas, mientras Playa del Carmen también aparece dentro del top 10.

El estudio de Radical Storage tiene un alcance específico: analizó 97,409 reseñas de Google correspondientes a los 10 atractivos turísticos con mayor número de reseñas en cada una de 100 ciudades, seleccionadas entre los principales destinos turísticos internacionales. Es decir, no es una encuesta representativa de todos los turistas que visitan cada ciudad, sino un análisis de opiniones publicadas en Google sobre sus principales atractivos.
La metodología identificó palabras y expresiones negativas relacionadas con la experiencia del visitante y calculó su proporción dentro de las reseñas analizadas. Bajo ese criterio, Cancún registró 14.2% de comentarios negativos, la proporción más alta del estudio.
El dato, por sí solo, no demuestra una caída turística ni permite establecer una relación causal con la ocupación hotelera. Pero sí aporta una señal sobre un componente que las estadísticas de llegadas no muestran: la percepción del visitante después de llegar al destino.
En el caso de Cancún, el estudio encontró una elevada frecuencia de menciones relacionadas con decepción y con expresiones asociadas a sentirse estafado o pagar de más.
La metodología debe leerse con cautela, pero tampoco puede ignorarse. Un destino puede presumir millones de visitantes; si una parte importante deja una mala valoración en los principales sitios que visitó, el problema deja de ser solo estadístico y se convierte en reputacional.
Las 10 ciudades con mayor proporción de reseñas negativas
Ciudad País Reseñas negativas
1 Cancún México 14.2%
2 Antalya Turquía 12.2%
3 Punta Cana República Dominicana 11.9%
4 Beijing China 11.2%
5 Orlando Estados Unidos 10.6%
6 Mumbai India 10.0%
7 Honolulu Estados Unidos 9.9%
8 Johor Bahru Malasia 9.4%
9 Kioto Japón 9.1%
10 Playa del Carmen México 9.0%
La inseguridad también forma parte de la factura turística
La inseguridad también se paga, aunque no aparezca en la cuenta del hotel. Para un destino internacional como Quintana Roo, cada hecho violento que involucra a turistas puede tener una consecuencia que va más allá del lugar donde ocurre: la posibilidad de que el principal mercado emisor modifique sus recomendaciones de viaje.


El Gobierno de Estados Unidos mantiene a Quintana Roo en nivel 2, “ejercer mayor precaución”, debido a riesgos relacionados con terrorismo y delincuencia. Su advertencia señala que enfrentamientos entre grupos rivales han provocado personas heridas o muertas y que ciudadanos estadounidenses han sido víctimas de delitos violentos y no violentos en zonas turísticas y no turísticas.
No se trata de una advertencia aislada sobre un hecho específico. El Departamento de Estado actualiza sus recomendaciones de viaje y establece distintos niveles de riesgo para las entidades mexicanas. Para Quintana Roo, la recomendación incluye mantener atención al entorno, especialmente después del anochecer, y permanecer en calles peatonales iluminadas y zonas turísticas.
La dimensión económica es evidente por la composición del mercado: Estados Unidos representa 36.9% de los turistas, mientras el mercado nacional aporta 34% y Canadá 13.3%. En conjunto, estadounidenses y mexicanos concentran 70.9% de los visitantes.
Por eso, la seguridad no puede tratarse únicamente como un asunto policial. Cuando ocurre un hecho que pone en riesgo a visitantes, la consecuencia también puede llegar a las recomendaciones de viaje de los países emisores. Y esas recomendaciones forman parte de la competencia turística.
Principales mercados de origen de turistas
Mercado Participación
1 Estados Unidos 36.9%
2 México — turismo nacional 34.0%
3 Canadá 13.3%
4 Reino Unido 2.2%
5 Argentina 1.6%
6 Colombia 1.2%
7 Francia 1.2%
8 España 0.9%
9 Chile 0.8%
10 Brasil 0.7%
RECUADRO

El turismo no se sostiene únicamente con promoción y nuevos visitantes. Requiere seguridad, servicios, infraestructura, protección ambiental y condiciones que permitan que sus beneficios alcancen a quienes viven de esta actividad. Bajo esa premisa, estas son algunas propuestas de El Despertador:
1.- Consolidar antes de seguir creciendo
Quintana Roo ya tiene 1,481 hoteles y 140,760 habitaciones. Antes de construir más, hay que llenar, cuidar y hacer rentable lo que ya existe.
2.- Fondo para la temporada baja
Crear un fondo permanente que proteja el ingreso de los trabajadores cuando disminuya la actividad turística. La crisis no puede pagarse solo con el salario del trabajador.
3.- Revisar el modelo turístico
Si el modelo genera cada vez más oferta, pero no garantiza demanda suficiente, hay que corregirlo, no seguirlo repitiendo.
4.- Revisar el “todo incluido”
Medir cuánto dinero permanece realmente en Quintana Roo. El turista que come, bebe y se divierte dentro del hotel también debería beneficiar a la economía local.
5.- Poner orden a las plataformas
Mismas reglas fiscales, laborales y de seguridad para todos. Competencia sí; competencia desigual, no.
6.- Acabar con el acoso en el aeropuerto
Ordenar definitivamente el transporte turístico y combatir el hostigamiento al visitante. La experiencia de Cancún comienza cuando el turista sale del aeropuerto.
7.- No crear más impuestos
El turista ya paga suficientes derechos y contribuciones. Antes de cobrar más, hay que demostrar resultados con lo que ya se recauda.
8.- Atender lo que el turista sí ve
Seguridad, movilidad, sargazo, limpieza, transporte y servicios. Primero hay que arreglar el destino; después, venderlo.
9.- Medir resultados de las ferias
No basta con fotografías, citas ni millones de dólares en negociaciones. Hay que saber cuántos turistas, vuelos, noches de hotel y empleos produjo cada acuerdo.
10.- Prepararse para la temporada baja
Crear con anticipación programas de turismo nacional, congresos, eventos, cultura, deporte y nuevos mercados. La temporada baja no debe tomarnos por sorpresa cada año.
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Cuidar los destinos turísticos debe ser una responsabilidad compartida entre los gobiernos federal, estatal y municipales, empresarios, trabajadores y sociedad, cada uno desde sus competencias. Pero también es necesario reconocer que resulta contraproducente que desde el ámbito federal se busque obtener cada vez más recursos de los turistas, incluso antes de su llegada, mediante derechos y cobros que encarecen el viaje. Quintana Roo necesita un modelo que no dependa de cobrar más, sino de cuidar mejor al visitante, al trabajador, al empresario local, los servicios y el territorio, para que quienes llegan quieran regresar y recomendar el destino.

