10 octubre, 2026

Un nuevo rumbo para los pueblos originarios

En el sur de Campeche, tres historias convergen para comenzar a saldar una deuda de dos siglos: la construcción de un marco legal que los reconozca como sujetos plenos de derecho, una emisora que cumple treinta años de servicio comunitario y la apertura de mecanismos de asesoría jurídica gratuita para las comunidades indígenas

Harold Amábilis

Durante décadas, los pueblos indígenas mantuvieron vivas sus lenguas, normas y formas de organización con un acompañamiento estatal casi nulo. La ley los reducía a objetos de interés público, la justicia se volvía inaccesible por la barrera del idioma y la comunicación dependía de la tradición oral en comunidades enclavadas en la selva. Ese rezago comienza a revertirse en un momento que los propios actores califican como histórico.

En esta edición, El Despertador aborda tres frentes clave: la consulta nacional para una ley que reconozca a los pueblos como sujetos plenos de derecho, la trayectoria de XEXPUJ como archivo sonoro y altavoz comunitario, y el reciente arranque de la Casa de Asesoría Jurídica Intercultural. El territorio, postergado durante dos siglos, ensaya hoy un nuevo vínculo con el Estado, aunque las deudas históricas aún están lejos de saldarse.

Participa Campeche en construcción de Ley de Derechos Indígenas

San Francisco de Campeche albergó en agosto una de las asambleas regionales del proceso de consulta nacional para recabar la opinión de los ciudadanos sobre la Propuesta de Iniciativa de Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos. El encuentro congregó a 363 participantes, entre autoridades y representantes de 154 comunidades de los pueblos Maya, Mam, Ixil, Ch’ol, K’iche’, Q’eqchi’ y Kanjobal.

La entidad, donde se asientan 262 comunidades mayas registradas, ocupa un lugar importante en este ejercicio, que comprende 82 reuniones regionales y siete mesas de trabajo en todo el territorio nacional. Nunca antes se había realizado un proceso consultivo de esta magnitud para una ley general, y el reconocimiento de derechos colectivos que plantea la propuesta carece de precedentes en la historia del México independiente.

La jornada capitalina, organizada por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, integró una red de sedes estratégicas en la región, incluida, dentro del estado, la del municipio de Calakmul, en la comunidad de Xpujil. La incorporación de Xpujil obedece a la necesidad de alcanzar a las comunidades del sur de Campeche, donde los pueblos indígenas conservan formas de organización social, sistemas normativos y lenguas que el nuevo marco legal contemplará.

La propuesta legislativa, estructurada en ocho libros, modifica la relación entre el Estado mexicano y los pueblos originarios. El primero establece el reconocimiento de los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propios, dejando atrás la figura de sujetos de interés público. Esta condición les confiere capacidad legal para ejercer funciones de autoridad, administrar recursos públicos de manera directa y relacionarse con las instituciones gubernamentales en un plano de igualdad jurídica.

El libro segundo desarrolla el derecho de libre determinación y autonomía, que faculta a los pueblos para decidir sus formas de gobierno, elegir a sus autoridades conforme a sus sistemas normativos y establecer mecanismos propios de organización política, económica y cultural.

El pluralismo jurídico constituye uno de los ejes de la iniciativa. Los sistemas normativos indígenas, entendidos como conjuntos de principios, normas, procedimientos y sanciones que regulan la vida comunitaria, operarán en coordinación con el ordenamiento jurídico estatal. La jurisdicción indígena, ejercida por las asambleas y autoridades comunitarias, atenderá y resolverá conflictos en materias de gobierno, administración de recursos, delitos que afecten sus bienes jurídicos y asuntos civiles y familiares, de acuerdo con las tradiciones de cada pueblo.

El libro tercero reconoce a los pueblos afromexicanos y establece criterios para su identificación como descendientes de personas originarias del continente africano trasladadas y asentadas en el territorio nacional desde la época colonial, que conservan formas propias de organización social, económica, política y cultural. La ley admite el daño histórico causado por la esclavitud, la colonización y el racismo estructural, y obliga al Estado a implementar medidas de justicia reparadora y reconstrucción de la memoria histórica.

El libro cuarto, dedicado a los derechos de mujeres, niñez, adolescencia y juventud, incorpora acciones afirmativas para alcanzar la igualdad sustantiva. Garantiza el acceso a la propiedad de tierras y recursos naturales, a servicios de salud con reconocimiento de la medicina y la partería tradicional, y a una vida libre de violencias, racismo y discriminación. El Estado queda obligado a destinar recursos públicos específicos y progresivos para la implementación de estos derechos, con mecanismos de vigilancia y rendición de cuentas con pertinencia cultural y lingüística.

El libro sexto regula el derecho a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado. Las autoridades tendrán el deber de realizar estos procesos cuando las medidas que pretendan adoptar puedan causar afectaciones significativas en la vida o el entorno de los pueblos. Cuando los estudios adviertan que un proyecto pone en peligro la existencia, supervivencia o integridad de un pueblo, la medida no podrá ejecutarse.

El libro séptimo establece la distribución de competencias y la coordinación entre la Federación, las entidades federativas, los municipios y las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México. Todos los niveles de gobierno deberán promover, respetar y garantizar los derechos de los pueblos, asignar recursos suficientes y oportunos, y diseñar políticas públicas con enfoque de derechos.

El octavo libro crea el juicio de amparo indígena y afromexicano, que podrán promover los propios pueblos mediante sus autoridades o representantes, o bien, al menos el veinte por ciento de sus integrantes. Los plazos para su interposición pueden extenderse hasta siete años cuando se trate de afectaciones a derechos colectivos que impliquen daño irreparable o impacto significativo, y las resoluciones judiciales deberán traducirse en sus partes esenciales a las lenguas indígenas de los pueblos involucrados.

Las conclusiones y propuestas recabadas en las asambleas campechanas, incluida la de Xpujil, serán sistematizadas e incorporadas al proyecto legislativo antes de su presentación ante el Congreso de la Unión. Este ejercicio busca saldar una deuda de dos siglos con los primeros pobladores de estas tierras, reconociendo sus derechos inalienables y su lugar en la construcción de la nación mexicana.

XEXPUJ, tres décadas de resistencia cultural y servicio comunitario

En lo profundo del municipio de Calakmul, donde el aislamiento geográfico históricamente ha moldeado la vida de los pueblos mayas y ch’oles, una señal de radio ha logrado mantener viva la memoria colectiva y el pulso cotidiano de las comunidades. La estación XEXPUJ, conocida por sus oyentes como “La Voz del Corazón de la Selva”, es un experimento de comunicación intercultural surgido en el marco de las políticas indigenistas de finales del siglo XX, cuya evolución y arraigo han superado con creces los objetivos trazados por sus fundadores.

Los orígenes

El antecedente inmediato de esta radiodifusora se remonta al Encuentro Internacional de Pueblos Indígenas, celebrado en 1993 en San Francisco de Campeche, foro que congregó a representantes de comunidades originarias de México, Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras. Los acuerdos alcanzados impulsaron la creación de espacios de expresión para las culturas indígenas, entre ellos una estación de radio proyectada originalmente para el municipio de Calkiní, bajo la gestión del líder maya José Domingo Uc Chi. Sin embargo, las particulares condiciones de comunicación y acceso de la región de Calakmul inclinaron la balanza hacia Xpujil, localidad que entonces padecía un severo aislamiento y carecía de infraestructura básica de transporte y telecomunicaciones.

Los responsables del proyecto en el Instituto Nacional Indigenista (INI), encabezados por el doctor Ricardo Okie González y el delegado estatal Carlos Macossay Vallado, determinaron que Xpujil ofrecía el escenario idóneo para instalar la emisora, precisamente por la ausencia de otros medios capaces de satisfacer las necesidades informativas de la población. La decisión, aunque tardía frente a las gestiones iniciales, respondía a un criterio de equidad territorial, pues las comunidades de la zona sufrían un aislamiento que las mantenía al margen de los flujos de información que ya circulaban en otras partes del estado.

Para octubre de 1994, la construcción de las instalaciones físicas de la radio estaba en marcha, pero el equipo directivo comprendió que una estación no podía funcionar sin contenidos que respondieran a las particularidades de su audiencia. Se conformó entonces una brigada de investigación de campo, bajo la responsabilidad de Mauricio Rosales López Pérez —actual director de la emisora—, con el respaldo de José Guadalupe Campos González y Rogaciano Poot Bacab. Este grupo emprendió un recorrido exhaustivo por las comunidades de la entonces denominada “Región de Xpujil”, con el propósito de levantar un diagnóstico que abarcara las lenguas en uso, las prácticas tradicionales, la vestimenta, la música, la medicina ancestral y las problemáticas sociales más apremiantes.

El trabajo de campo no fue una empresa sencilla. Las vías de comunicación eran prácticamente inexistentes y los desplazamientos se realizaban por brechas abiertas entre la vegetación, lo que obligaba a los brigadistas a emplear varios días para llegar a las comunidades más distantes. En esas condiciones, el equipo logró entrevistar a habitantes de 43 localidades indígenas, recopilando testimonios orales, grabaciones de música tradicional y relatos que serían fundamentales para estructurar la programación inicial. La riqueza de ese material —que incluía desde cuentos y leyendas hasta explicaciones sobre el uso de plantas medicinales— proporcionó a la futura estación un archivo de valor incalculable.

El 15 de junio de 1995, Rosales López Pérez y el ingeniero Iván Hernández fueron convocados a una entrevista de trabajo por el delegado estatal del INI y por Víctor Canto Ramírez, quien asumiría la dirección de la nueva emisora. Con este núcleo inicial se organizó la fonoteca, se diseñaron los primeros contenidos y se estableció una barra programática que combinaba música, información y espacios de participación comunitaria. Los meses siguientes fueron de intensa preparación, con visitas periódicas a las comunidades y la producción de materiales destinados a las pruebas de transmisión.

El 10 de diciembre de 1995 ocurrió un acontecimiento que marcaría el inicio de la historia de la región: por primera vez, una voz en lengua ch’ol se escuchó a través de las ondas de amplitud modulada, en una transmisión piloto de apenas tres horas —de cinco a ocho de la mañana—, con una repetición vespertina de quince a dieciocho horas. Aunque modesta en alcance y duración, aquella primera emisión representó la materialización de un esfuerzo colectivo que había demandado años de gestión y trabajo de campo.

La inauguración oficial de la estación XEXPUJ se llevó a cabo el 26 de enero de 1996, en una ceremonia presidida por el gobernador constitucional de Campeche, Carlos Salomón Azar García, acompañado por el director general del INI, Carlos Tello Macías, y el delegado estatal, Carlos Macossay Vallado. La emisora comenzó a operar con una potencia de cinco mil watts en el 700 de amplitud modulada, cubriendo un vasto territorio que incluía no solo la cabecera municipal de Xpujil, sino también las comunidades de Zoh-Laguna y otras localidades dispersas en la geografía selvática. La plantilla inicial, compuesta por cinco personas —Víctor Canto Ramírez, Mauricio Rosales López Pérez, Iván Hernández, Marcial Dzib Ku y Fernando Juárez Pérez—, se encargaba de producir contenidos en español, ch’ol y maya.

La radio como correo público y altavoz comunitario

Durante los primeros años, y especialmente hasta 2015, la audiencia mostró un nivel de participación que superó todas las expectativas. Los hogares de las comunidades se proveyeron de receptores de radio y la estación se convirtió en el principal punto de referencia para la difusión de mensajes personales. Las cartas llegaban por centenares: en los momentos de mayor actividad, se contabilizaban hasta quinientas misivas diarias, escritas por niños, ancianos, mujeres y hombres de todas las edades, quienes solicitaban desde el envío de saludos familiares hasta la difusión de urgencias médicas o la localización de animales extraviados.

Este flujo de comunicación, que se mantuvo durante años, reveló la profunda necesidad de un medio que actuara como correo público y altavoz comunitario. La gratuidad del servicio, un rasgo distintivo de la estación, eliminó las barreras económicas que en otras latitudes impedían el acceso a la información. La gente no solo escuchaba la radio, sino que la utilizaba como una herramienta práctica para resolver problemas cotidianos, establecer contacto con instituciones gubernamentales y, en muchos casos, preservar la cohesión social en un territorio marcado por la dispersión geográfica.

Inicialmente, la plantilla de la emisora estuvo compuesta únicamente por varones, una circunstancia que reflejaba las estructuras de poder prevalecientes en la región y en la propia administración pública. Sin embargo, a partir de 2003 se inició un proceso de transformación orientado a integrar personal femenino que pudiera atender las necesidades específicas de las mujeres indígenas y abordar temas de equidad de género. La primera locutora en incorporarse fue la antropóloga Rosalba Pérez Vásquez, originaria de Chiapas y hablante de lengua ch’ol, quien permaneció casi un año en la estación antes de regresar a su estado natal.

Posteriormente se sumaron Norma Guadalupe Zecoyí y Eugenia Cruz Montejo, con lo que la plantilla alcanzó una composición equilibrada. Esta incorporación no fue un gesto simbólico, sino una respuesta a una demanda real de la audiencia: las mujeres requerían espacios de confianza para plantear sus inquietudes, y la presencia de locutoras facilitaba el diálogo sobre temas como salud reproductiva, violencia doméstica y derechos de las mujeres indígenas. La emisora comenzó a producir contenidos específicos para este público, en colaboración con promotores de derechos indígenas, y se convirtió en un referente para la discusión de asuntos de género en un contexto intercultural.

El desafío de la preservación del archivo histórico

La fonoteca de XEXPUJ constituye uno de los acervos más valiosos para el estudio de las culturas indígenas de la región, ya que resguarda materiales grabados desde 1994 en formatos que hoy resultan prácticamente obsoletos: carretes abiertos, minidiscos, cassettes, discos compactos y longplays. Estas grabaciones contienen testimonios, música tradicional, narraciones orales y registros de ceremonias que documentan la vida de las comunidades en un periodo de transformación acelerada. La importancia de este archivo radica en que, a diferencia de otros repositorios institucionales, fue producido desde el interior de las propias comunidades, con la participación activa de sus habitantes.

La evolución de las tecnologías de comunicación ha planteado a la emisora retos de diversa índole. Durante los primeros años, el trabajo era esencialmente manual: la música se reproducía desde discos de vinilo y carretes, los mensajes se leían en vivo y la programación dependía de la habilidad de los operadores para coordinar los diferentes elementos. Esta dinámica, aunque demandante, fomentó la creatividad y la atención constante de los locutores, quienes debían atender simultáneamente las llamadas, la operación técnica y las necesidades de la audiencia.

En la actualidad, la incorporación de software especializado, computadoras, teléfonos inteligentes y redes sociales ha simplificado muchos procesos, pero también ha introducido nuevas exigencias. La emisora ha ido adaptando sus procedimientos de manera gradual, aunque el alto costo de los equipos y la falta de presupuesto para actualizaciones periódicas han ralentizado esta transición. Las transmisiones fuera del estudio, que antes eran impensables, ahora son posibles gracias a dispositivos portátiles, y la presencia en plataformas digitales permite llegar a audiencias que no sintonizan la frecuencia de amplitud modulada. No obstante, el director reconoce que el cambio generacional en el consumo de medios obliga a repensar las estrategias de difusión, sin perder de vista el núcleo de la misión de la estación.

Sin embargo, la conservación de este material ha enfrentado obstáculos significativos. La emisora carece de bóvedas o espacios acondicionados para el resguardo de los soportes físicos, lo que ha provocado un deterioro progresivo de las cintas y discos, expuestos a las condiciones de humedad y temperatura propias de la selva. Aunque se han realizado esfuerzos de digitalización gracias a la adquisición de equipos de cómputo con capacidad de almacenamiento, el personal reconoce que este proceso no garantiza la perpetuidad del archivo, especialmente porque los recursos económicos para mantener la infraestructura digital son limitados. La fonoteca permanece como un testimonio frágil de la memoria colectiva, a la espera de políticas de conservación que no han llegado.

A pesar de los avances alcanzados en tres décadas, la emisora enfrenta asignaturas pendientes que requieren atención prioritaria. Uno de los desafíos más relevantes es el fortalecimiento de las lenguas indígenas, particularmente de aquellas que tienen menor presencia numérica en la región. Mientras el ch’ol y el maya cuentan con espacios regulares en la programación, otras variedades lingüísticas han tenido dificultades para encontrar un lugar estable en la parrilla de contenidos. El proyecto de establecer una casa de enseñanza de la lengua maya en Calakmul no ha logrado concretarse, a pesar de los esfuerzos de gestión realizados desde la emisora.

Otro tema pendiente es el abordaje de la medicina tradicional desde una perspectiva integral que reconozca su dimensión simbólica y espiritual. Durante años, la estación ha promovido encuentros locales y peninsulares de médicos tradicionales, pero no ha logrado consolidar un proyecto que trascienda la mera divulgación de prácticas curativas para convertirse en un elemento estructurante de la programación. El equipo directivo considera que este es un terreno en el que se debe profundizar, no solo para preservar conocimientos ancestrales, sino para establecer un diálogo respetuoso entre la medicina tradicional y los sistemas de salud institucionales.

La celebración de los aniversarios y el cambio en la audiencia

A lo largo de sus treinta años de existencia, XEXPUJ, conocida como “La Voz del Corazón de la Selva”, ha sido mucho más que una emisora de radio. Ha funcionado como un espacio de reconocimiento para las culturas indígenas, un canal de comunicación para comunidades dispersas, un archivo de memorias sonoras y un laboratorio para la equidad de género en el ámbito de la comunicación. Su permanencia, a pesar de las dificultades económicas, técnicas y administrativas, da cuenta del arraigo que ha logrado en la población de Calakmul y de la confianza que los oyentes depositan en ella.

Las conmemoraciones de sus aniversarios han ido transformándose con el tiempo. En las primeras décadas, los festejos tenían un carácter masivo y eufórico, con la participación de cientos de personas que acudían a las instalaciones para expresar su gratitud. En años más recientes, la celebración ha adoptado un tono más sobrio, aunque no por ello menos significativo. Las ceremonias tradicionales de los pueblos maya y ch’ol, como la del Cochino y la de las Velas, han sido los ejes de las conmemoraciones, acompañadas por la participación de escuelas e instituciones locales.

El perfil de la audiencia también ha experimentado mutaciones importantes. El público que escucha la radio en la actualidad no es el mismo de hace veinte años. Junto a los oyentes comunitarios que han mantenido su fidelidad a la frecuencia, se ha sumado un sector urbano que accede a los contenidos a través de equipos de sonido en vehículos, módulos y otros dispositivos. Esta diversificación plantea el reto de mantener la pertinencia cultural de los contenidos sin renunciar a la frescura que exigen los nuevos consumidores. La emisora ha optado por combinar la programación tradicional con espacios que abordan temas contemporáneos, una apuesta que busca preservar el carácter identitario de la estación mientras se adapta a los cambios en los hábitos de consumo mediático.

Los desafíos del futuro no son menores. La conservación del archivo histórico, la revitalización de las lenguas minoritarias, la profundización del enfoque de género y la adaptación a las nuevas plataformas digitales son tareas que requieren voluntad institucional y recursos sostenidos. La Voz del Corazón de la Selva seguirá escuchándose en los hogares, los vehículos y los dispositivos móviles de la región, siempre que logre mantener el equilibrio entre su legado cultural y las exigencias de un mundo en transformación. La historia de esta radiodifusora es, en definitiva, la historia de un diálogo que no se ha interrumpido y que, con todos sus matices y contradicciones, sigue siendo uno de los puentes más sólidos entre el pasado y el presente de los pueblos indígenas del sur de Campeche.

Inicia operaciones Casa de Asesoría Jurídica Intercultural 

La comunidad de Xpujil alberga un nuevo espacio de atención legal impulsado por el Instituto Federal de Defensoría Pública. La Casa de Asesoría Jurídica Intercultural, instalada en las inmediaciones de la estación radiofónica XEXPUJ, comenzó a ofrecer servicios gratuitos con énfasis en la población maya, ch’ol y tsotsil de la región, así como en comunidades afromexicanas.

La elección de este punto obedece a un estudio previo que identificó a Calakmul como el núcleo donde convergen más de ochenta ejidos y comisarías, lo cual permite una cobertura extensa para grupos que históricamente enfrentaron obstáculos para acceder a la justicia. El personal asignado no permanecerá únicamente en la sede, sino que realizará recorridos periódicos hacia las localidades más distantes, para que la orientación legal llegue hasta los espacios de convivencia habituales y a los hogares de las familias originarias.

Para garantizar la comprensión plena de los procedimientos, la dependencia estableció vínculos con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, mediante los cuales se dispondrá de traductores y auxiliares que faciliten la interlocución con quienes no hablan español, de modo que el idioma deje de representar una barrera y el derecho pueda ejercerse con respeto a la identidad cultural.

La asistencia se divide en tres fases: una primera de escucha y derivación a otras autoridades cuando el caso no corresponda a la instancia federal; una segunda de estudio técnico, con emisión de dictamen que determine la viabilidad del asunto; y una tercera de representación formal ante tribunales, cuando se requiera interponer demandas, recursos o comparecer en juicio. Todas estas prestaciones se otorgan sin contraprestación económica alguna.

Entre las facultades de esta dependencia se encuentra la atención de asuntos del orden federal que competen a la Defensoría Mixta, así como el análisis de conflictos desde la perspectiva de los sistemas normativos indígenas. Aquellas peticiones que escapen a su jurisdicción serán derivadas a las instancias adecuadas para su resolución.

El acto inaugural, celebrado en el Centro Coordinador del INPI, contó con la presencia del asesor jurídico del Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), Guillermo Alberto Tamay Tziu; el delegado estatal, José Rufino Moo Chel; la presidenta municipal de Calakmul, Guadalupe Acevedo Rodríguez; y la encargada de la representación del INPI en Campeche, Jenny Patricia Dzul Kantún. También asistieron el director de la emisora XEXPUJ, Mauricio R. López Pérez; la coordinadora del Centro de Justicia Libre de Violencia de Calakmul, Addy Selene Zapata Zacarías; y, en representación del comisariado ejidal, Juan Torres Aburto. El evento fue difundido en tiempo real a través de la señal de radio en los 700 AM y mediante la plataforma digital de XEXPUJ, lo que permitió su seguimiento a distancia. La unidad jurídica funciona ya para atender a la población originaria de la región, bajo un esquema itinerante que llevará la asesoría hasta los núcleos poblacionales más apartados del municipio.

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