ITHACA.- Un planeta gigante que parecía condenado a desaparecer cuando su estrella agotó su combustible terminó protagonizando una de las historias más sorprendentes de la astronomía. Gracias a las observaciones del telescopio espacial James Webb, un equipo internacional de científicos logró reconstruir cómo este mundo logró sobrevivir a un proceso que normalmente destruye a los planetas cercanos.
El protagonista es WD 1856 b, un gigante gaseoso situado a unos 80 años luz de la Tierra que gira alrededor de una enana blanca, el denso remanente de una estrella similar al Sol. Cuando fue descubierto en 2020, los astrónomos se preguntaron cómo había escapado a la fase de gigante roja, durante la cual la estrella se expande hasta engullir a los planetas que orbitan cerca de ella.
Las nuevas observaciones indican que el planeta no estuvo siempre tan próximo a su estrella. Los investigadores concluyeron que permaneció durante miles de millones de años en una órbita segura y solo después de la muerte del astro comenzó a acercarse lentamente, probablemente debido a la influencia gravitacional de otras estrellas del mismo sistema.
El James Webb también permitió estudiar por primera vez la atmósfera del planeta y descubrir que alcanza una temperatura cercana a los 127 grados Celsius, mucho mayor de la esperada. Los científicos creen que ese exceso de calor se produjo durante su migración hacia la enana blanca, cuando la intensa gravedad calentó su interior.
El hallazgo, publicado en la revista Nature, ofrece una posible ventana al futuro de nuestro propio sistema solar. Aunque el Sol probablemente destruirá a Mercurio y Venus, e incluso podría alcanzar a la Tierra, los planetas más alejados podrían continuar evolucionando durante miles de millones de años después de la muerte de la estrella. Para los investigadores, este descubrimiento demuestra que el final de una estrella no siempre significa el fin de sus planetas, sino el comienzo de una nueva etapa. (Con información de Sinc.es)

