GUADALAJARA.- Las abejas son indispensables para la polinización de cultivos y el equilibrio de los ecosistemas, pero su veneno también podría convertirse en un aliado de la medicina. Investigadores de la Universidad de Guadalajara encontraron que esta sustancia puede potenciar los efectos del tratamiento más utilizado contra la enfermedad de Parkinson, al menos en estudios realizados con ratones.
El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que aparece cuando las neuronas encargadas de producir dopamina comienzan a morir de forma progresiva. La disminución de este neurotransmisor provoca dificultades para controlar los movimientos, además de otros problemas que afectan la calidad de vida. Aunque no existe una cura, el medicamento más empleado para aliviar los síntomas es la levodopa, generalmente administrada junto con carbidopa.
En la nueva investigación, los científicos combinaron ese tratamiento convencional con apitoxina, nombre que recibe el veneno de abeja. Los experimentos mostraron que los animales que recibieron ambas terapias conservaron una mejor capacidad de movimiento y obtuvieron mejores resultados en pruebas de memoria que aquellos tratados únicamente con los medicamentos tradicionales.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reprodujeron en ratones un modelo experimental de Parkinson mediante una sustancia que daña selectivamente las neuronas productoras de dopamina. Después compararon la evolución de distintos grupos durante varias semanas.
Los especialistas creen que algunos compuestos presentes en el veneno, como la melitina, la apamina y la fosfolipasa A2, podrían contribuir a reducir procesos relacionados con la inflamación o favorecer la actividad de las neuronas. Sin embargo, aclaran que esta investigación no evaluó directamente esos mecanismos, por lo que todavía se trata de hipótesis que deberán comprobarse.
Los autores también subrayan que los resultados no significan que el veneno de abeja sea un tratamiento para personas con Parkinson. El estudio se realizó exclusivamente en animales y aún falta investigar si los mismos beneficios pueden observarse en humanos, además de confirmar su seguridad y eficacia.
Aun así, el trabajo abre una línea de investigación prometedora. Si futuros estudios respaldan estos hallazgos, el veneno de abeja podría convertirse en un complemento capaz de prolongar o mejorar los efectos de la levodopa, el medicamento más importante para tratar el Parkinson desde hace varias décadas.

