2 mayo, 2026

Vivimos en la edad de piedra – TECNOPOLÍTICA GEEK

@_Chipocludo

Tuve la oportunidad de salir del país recientemente y viajar a los Estados Unidos. Fui por una mezcla de placer y la necesidad de cerrar un trato comercial que tenía pendiente. Si les soy honesto, no quería ir; me daba una pereza enorme el simple hecho de pensar en el aeropuerto y el ajetreo. Amo mis playas, amo mi ciudad y el estilo de vida que tenemos aquí en el Caribe, pero en cuanto crucé la frontera y empecé a recorrer sus calles, la realidad me golpeó de frente. Me di cuenta de que, lamentablemente, en Cancún vivimos en la Edad de Piedra.

Mientras que aquí celebramos con bombos y platillos la inauguración de un solo puente como si fuera una proeza histórica de la ingeniería moderna, allá hay cientos de ellos funcionando perfectamente para que la gente se transporte de forma eficiente. En el tema de movilidad, la diferencia es simplemente abismal: si detectan un atasque de tráfico constante en una zona, se preocupan de inmediato por proyectar y construir un segundo o tercer piso para agilizar el flujo vehicular; mientras tanto, aquí en nuestra ciudad, parece que el gran avance gubernamental es que apenas pintan las rayas en el pavimento para que uno adivine en qué carril va. 

La seguridad se siente en el aire, no hay baches que destruyan los neumáticos de los vehículos y el sistema administrativo es simple y lógico. Por ejemplo, allá la placa es permanente; solo pagas tu derecho anual, te entregan un adhesivo o actualizan un código y listo. No tienes que estar cambiando la lámina metálica cada vez que hay un trámite o cambio de dueño, algo que en México se convierte en un proceso burocrático, engorroso y sumamente costoso donde pagamos tenencias y reemplacamientos que parecen más un robo al ciudadano que un servicio eficiente de control vehicular.

No se trata de hablar mal de mi ciudad o de atacar al gobierno local por deporte, pero desde esta perspectiva internacional, es evidente que los recursos no se ven reflejados en nuestras calles. Al caminar por sus ciudades, me impactó no ver a un solo perro o gato callejero sufriendo. En su lugar, me topé con conejos, mapaches e incluso osos, pero todo estaba correctamente cercado, señalizado y protegido. Es un mundo mucho más acelerado y productivo, donde la puntualidad es una ley no escrita que se respeta con rigor.

Es cierto, ellos tienen un alto consumo de alimentos procesados que daña su salud, y ahí es donde nosotros ganamos por mucho, pues conservamos una rica dieta basada en la raíz y productos frescos de nuestra tierra. Sin embargo, en civismo y aplicación de la ley nos llevan la delantera. Allá las normas de tránsito se aplican de manera estricta y sin distinciones; aquí en Quintana Roo, la aplicación tiende a ser “flexible”. Me sorprendió algo tan básico como poder beber agua purificada directamente del grifo, mientras aquí seguimos gastando fortunas mensuales en garrafones debido al deficiente servicio de Aguakan. Además, el comercio está regulado, permitiendo que las aceras sean para los peatones, y el transporte público funciona mediante aplicaciones las 24 horas con accesos reales y dignos para personas en sillas de ruedas.

Y sí, amigos, no quería ir a ese viaje y ahora regreso sin los ojos vendados. Esta experiencia me quitó la venda del conformismo que a veces nos da el sol. Hay que hacer mucho más por Cancún. No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando vemos que el progreso real y la calidad de vida son posibles. Es momento de poner nuestro granito de arena, ser mejores ciudadanos y trabajar con entusiasmo para que nuestra joya del Caribe brille no solo por su naturaleza, sino por su modernidad, orden y respeto. 

¡Hagamos juntos que Cancún sea el lugar de vanguardia que todos merecemos!

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