YUCATÁN, LA CRISIS DEL ACUÍFERO
3 Nov. 2025
El sistema de cuevas y cenotes que abastece a millones de habitantes se ve amenazado por la contaminación, la sobreexplotación y la falta de infraestructura de saneamiento
EDUARDO MAY / EL DESPERTADOR DE YUCATÁN
El agua es un elemento vital para la subsistencia del ser humano, la sociedad y millones de seres vivos. Durante el último siglo, este recurso ha sido sobreexplotado y contaminado, principalmente por la actividad humana. La sobreexplotación ha derivado, además, en un despilfarro del líquido vital.
Desde las culturas precolombinas en América, el agua tuvo raíces no solo naturales, sino también religiosas, y la cultura maya no fue la excepción. Debido a la falta de agua y a la sobreexigencia de los recursos naturales en las primeras urbes, se abandonaron ciudades y centros ceremoniales, que hoy son testigos mudos de esas tragedias, de las cuales el ser humano actual no ha aprendido.
Cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) han advertido sobre este problema. Hasta la década de 1960, la concentración poblacional en la península permitía un impacto bajo en la contaminación de los mantos acuíferos. Los registros poblacionales detallan que, en 1960, la población de Yucatán, Campeche y Quintana Roo no alcanzaba los 800,000 habitantes.
Para el año 2000, la población peninsular creció de manera exponencial, principalmente por los desarrollos turísticos en Quintana Roo, pero también por la movilidad de miles de personas del centro del país, afectadas por la violencia, condiciones económicas adversas y la falta de oportunidades en sus ciudades de origen.
Al finalizar el siglo XX, la península incrementó su población casi un 300%, superando los 3 millones de habitantes. Yucatán triplicó su población, pasando de 574,000 habitantes en 1960 a 1,658,000 al cambio de siglo. Campeche quintuplicó su población, de 186,000 a 690,000, y Quintana Roo octuplicó la suya, de 94,000 a 874,000 habitantes. Para el año 2000, Quintana Roo recibía más de 5 millones de turistas anualmente.
Si bien los ciclos de agua en el año 2000 ya eran críticos, al aproximarse el primer cuarto del siglo XXI, las condiciones se han vuelto más severas. El uso y abuso del agua han generado estrés hídrico, situación que investigadores, especialistas y activistas de organismos civiles denuncian con insistencia.
Aunado al crecimiento poblacional, el cambio climático ha provocado que eventos hidroclimatológicos, como sequías e inundaciones, sean cada vez más frecuentes y prolongados.
A pocos meses de concluir 2025, los registros poblacionales indican que Yucatán es el estado con mayor crecimiento, con casi 750,000 habitantes adicionales en cinco años, mientras que Quintana Roo y Campeche han mostrado un crecimiento más moderado.
El desarrollo agroindustrial, comercial y de servicios también ha generado un impacto significativo en la demanda de agua. Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la península de Yucatán cuenta con una recarga natural de 21,813 hectómetros cúbicos de agua, con una disponibilidad anual de 2,386.82 hm3.
La Conagua no ofrece cifras actualizadas del consumo regional, ya que el último informe data de 2017. En ese documento se reportó un volumen consumido de 4,792 hm3, de los cuales 13% correspondió al suministro público, 72% al sector industrial y 14% al sector primario (agricultura y ganadería).
Se estima que al cierre de 2025 la península tendrá una población aproximada de 4.9 millones de habitantes, con Quintana Roo recibiendo más de 14 millones de turistas, mientras que las actividades económicas —primaria, secundaria y terciaria— crecerían 8% en ese período.
Estos datos plantean cuestionamientos sobre el uso, abuso y contaminación del agua derivados del desarrollo urbano, industrial, comercial y agrícola.
¿A dónde va el agua de la península de Yucatán?


El Despertador de Yucatán consultó este tema con especialistas, funcionarios gubernamentales, expertos y activistas sociales para obtener un panorama claro sobre las condiciones del agua, el clima, el subsuelo y posibles respuestas para enfrentar el problema.
Edgar Yépez Calles, estudiante de Ciencias de la Tierra en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES-Mérida) de la UNAM, detalló en un documento que la región presenta un clima tropical, con un promedio de precipitaciones anuales de 1,200 mm.
Geológicamente, la península de Yucatán se clasifica como una plataforma kárstica, con un suelo compuesto por roca caliza formada por restos coralinos, conchas y sedimentos marinos. Debido a que el centro de la península se encuentra a aproximadamente 9 metros sobre el nivel del mar, el agua subterránea se desplaza desde las zonas de precipitación en la masa continental hacia la costa, donde se produce la descarga natural del acuífero.
El flujo subterráneo ocurre a través de fracturas en la roca, mediante un sistema de cuevas interconectadas, conocidas como cenotes, vinculadas con lagunas y el mar. La caliza, por sus propiedades químicas, es altamente porosa, lo que facilita la infiltración del agua. Este proceso ha generado grandes galerías y túneles interconectados, formando la reserva de agua dulce más grande del continente: el gran acuífero de la península de Yucatán.
A pesar de contar con una reserva significativa, solo una fracción de la población tiene acceso a agua potable entubada. La población rural, que concentra los niveles más altos de pobreza, depende exclusivamente de pozos para abastecerse.
Esta gran cantidad de pozos, cuya existencia no está cuantificada, carece de regulación. Ninguna institución gubernamental garantiza la calidad del agua, lo que expone a la población a enfermedades intestinales agudas y otros padecimientos derivados de contaminantes presentes en el agua. En las zonas rurales, los principales contaminantes son desechos de pesticidas, agroquímicos y derivados de fertilizantes.
¿Qué contamina el manto freático peninsular?

El Despertador de Yucatán consultó sobre este tema a Eduardo Batllori San Pedro, catedrático del Centro de Investigación de Estudios Avanzados (CINVESTAV-Unidad Mérida) e integrante del Organismo Científico Ciudadano del Agua en Yucatán A.C. (OCAY), quien señaló que las cinco principales fuentes de contaminación del acuífero yucateco son:
1. Desarrollo urbano, servicios y turismo
El problema se origina en pozos y alcantarillas diseñados para el desalojo de aguas pluviales, que captan el escurrimiento contaminado de calles, incluyendo aceites, grasas, heces fecales y metales pesados. Las aguas residuales domésticas provienen de sumideros, fosas sépticas y biodigestores, con el apoyo limitado de plantas de tratamiento. Esta situación genera fecalización del subsuelo, con bacterias coliformes, enterobacterias, norovirus, adenovirus y otros patógenos asociados al uso turístico y recreativo de los cenotes.
2. Sitios de disposición de residuos sólidos urbanos y líquidos
La península carece de rellenos sanitarios suficientes y los existentes, incluido el de Mérida, requieren mantenimiento, ya que muchos funcionan como tiraderos a cielo abierto, generando lixiviados que contaminan el acuífero. Existen más de 30 pequeñas plantas de tratamiento de aguas residuales, pero solo una atiende aguas de nixtamal y lodos de fosas sépticas, saturándose rápidamente. En las localidades del interior, muchas aguas y lodos se desechan directamente en el suelo, y la falta de drenaje y baños ecológicos provoca altas tasas de enfermedades hídricas en comparación con Campeche y Quintana Roo.
3. Industria
En Mérida, la mayoría de las empresas industriales se ubican en la zona oriente y sur, generando sustancias químicas que contaminan el acuífero. Algunos estudios han detectado concentraciones de plomo, cromo y cadmio superiores a 0.05 mg/l, el valor máximo permisible; en algunos casos, el plomo superó 1 mg/l, 100 veces el límite permitido para consumo humano. Estos metales representan un riesgo de salud pública.
4. Actividad pecuaria
La porcicultura y avicultura son otra fuente de contaminación. El 63% de las granjas porcícolas recibe tratamiento parcial, principalmente las grandes, mientras que el 37% restante, compuesto en 90% por pequeñas y medianas granjas del sector social, vierte residuos directamente al suelo y cavernas, aportando microorganismos patógenos que causan enfermedades gastrointestinales.
5. Agricultura
El uso de agroquímicos contamina pozos profundos que abastecen municipios. Se han detectado organoclorados como heptacloro, lindano y endosulfán, presentes también en cenotes y pozos del anillo de cenotes con flujo subterráneo hacia la costa norte y occidental del estado.
Un estudio de OCAY realizado por Julia Pacheco Ávila, Armando Cabrera Sansores y Rosela Pérez Ceballos, titulado “Diagnóstico de la calidad del agua subterránea en los sistemas municipales de abastecimiento en el Estado de Yucatán”, señaló que la naturaleza kárstica del estado hace que el agua subterránea sea el único medio de abastecimiento y, por ello, altamente vulnerable.
El muestreo en 106 cabeceras municipales reveló que el agua subterránea presenta calidad bacteriológica “peligrosa” y “muy contaminada” en el oriente. Químicamente, de 22 parámetros evaluados, cinco superaron los límites permisibles (nitratos, cloruros, sodio, dureza total y cadmio). La calidad microbiológica se clasificó como aceptable en 45%, contaminada en 23%, peligrosa en 18% y muy contaminada en 14%.
Asimismo, en aproximadamente 46% de los sistemas de abastecimiento el agua se distribuía sin clorar, y en 7% las concentraciones de cloro residual estuvieron por debajo de la Norma Oficial Mexicana, lo que resalta la importancia de mantener un adecuado tratamiento antes de la distribución.
¿Qué se debe hacer ahora?


El problema del agua ha sido asumido como prioridad por organismos civiles y activistas que demandan mayor responsabilidad de autoridades y ciudadanos en la conservación del recurso. Más de 15 organizaciones, integradas por ciudadanos, profesionistas, expertos y científicos, se han articulado para visibilizar la situación mediante foros, documentos, publicaciones, investigaciones y reportes sobre la grave condición del agua en la región.
Es importante destacar que, aunque el problema se aborda con énfasis en Yucatán, el acuífero yucateco es compartido también por Campeche y Quintana Roo, cuyos territorios reciben y comunican los ríos subterráneos que atraviesan la región.
Esto resalta la necesidad de concienciar a la población sobre el impacto de la sobreexplotación y la contaminación del agua, que actualmente afecta a más de 7 millones de personas en la península, además de una población flotante de aproximadamente 19 millones de personas en Quintana Roo y Yucatán debido a las actividades turísticas.
Crece incidencia de enfermedades gastrointestinales y cancerígenas

El consumo de agua contaminada en la península de Yucatán ha provocado un aumento en los padecimientos gastrointestinales y también en enfermedades oncológicas. En 2023, Yucatán reportó 74,226 casos de enfermedades infecciosas intestinales, ocupando el primer lugar entre los estados de la región, seguido por Quintana Roo y Campeche.
Para 2024, la incidencia en la península aumentó 13.4 %, al pasar de 150,541 a 170,752 casos en los tres estados, según datos de la Secretaría de Salud (SSA). Las enfermedades oncológicas también registraron un crecimiento significativo, atribuido a contaminantes como arsénico, hierro y plomo en concentraciones superiores a los límites establecidos en la Norma Oficial Mexicana.
En cuanto a paratifoidea, en 2022 se registraron 6,372 casos en el país, un incremento de 10.3 % respecto a los 5,777 del año anterior. En la península, la cifra pasó de 93 a 100 casos: Campeche 22, Quintana Roo 46 y Yucatán 32. Por su parte, la incidencia de shigelosis aumentó a nivel nacional 46.2 %, con 2,472 casos durante 2022 frente a 1,691 en 2021; en la península se reportaron 75 casos: Campeche 41 y 17 en cada uno de los otros dos estados, un aumento de 7.1 puntos porcentuales respecto a 2021.
El informe anual de la SSA indica que las enfermedades cancerígenas también se incrementan en la región, en línea con las tendencias nacional y regional. En 2025, se han detectado 117 casos de cáncer infantil en Yucatán, con un promedio mensual de 15 a 20 nuevos diagnósticos, reporta la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC). La ONG advierte que estas cifras representan un incremento de hasta 18 % respecto a hace cinco años.
El cáncer de mama también ha crecido en la región: en 2023, Yucatán registró 360 casos, un aumento del 5.26 % respecto al año anterior, aunque con baja mortalidad. Además, se reporta un incremento en cáncer de pulmón y, entre hombres, cáncer de próstata y linfomas; en mujeres, cáncer de mama y cervicouterino.
¿Y el drenaje?


En la península de Yucatán no existe un sistema integral de drenaje de aguas residuales como en otras regiones del país; las ciudades dependen de fosas sépticas o sistemas de infiltración. La única infraestructura de drenaje disponible es para agua de lluvia, como los sistemas de pozos y cárcavas de Mérida, que descargan directamente al subsuelo sin tratar las aguas.
En la región, al menos una docena de centros urbanos presentan alta demanda de agua. Entre ellos destacan Mérida y su zona metropolitana, que incluye 10 municipios de rápido crecimiento —Kanasín, Umán, Progreso, Ucú-Caucel, Conkal y Hunucmá—, además de Valladolid, Tizimín, Ticul, Tekax, y en Quintana Roo, Cancún, Playa del Carmen, Cozumel y Felipe Carrillo Puerto, así como Chetumal y Campeche. Ninguno de estos centros cuenta con un sistema de drenaje sanitario completo.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha señalado que la ausencia de drenaje y alcantarillado en la mayoría de los hogares, que dependen de fosas sépticas, está afectando gravemente al manto acuífero. La geología kárstica de la península permite que el agua se filtre rápidamente, recibiendo toda la carga de productos tóxicos sin tratamiento ni control, lo que aumenta la vulnerabilidad del acuífero y dificulta la gestión del ciclo del agua necesario para su purificación y consumo.
A pesar de las inversiones realizadas durante años por los tres niveles de gobierno en programas para mejorar el saneamiento y el acceso a agua potable, los resultados han sido limitados, y las comunidades más pobres siguen sufriendo los efectos más severos en materia sanitaria.
Actualmente, instalar un sistema de drenaje en al menos 15 ciudades de la península de Yucatán tendría un costo aproximado de 178,000 millones de pesos, según el Centro de Investigaciones Científicas de Yucatán.
¿Estrés hídrico?

El crecimiento acelerado del sector de la construcción e inmobiliario en la región, sumado al aumento poblacional, industrial, comercial y de servicios, ha generado una sobredemanda de agua. El abuso y la sobreexplotación del líquido han motivado llamados insistentes de científicos para contener este problema y generar alternativas viables que aseguren la sustentabilidad del manto acuífero de Yucatán.
La ausencia de planes y programas gubernamentales específicos, la inoperancia de las autoridades de los tres niveles de gobierno para exigir responsabilidad a constructores, empresas y negocios, y la falta de conciencia ciudadana sobre la protección del agua han llevado a los expertos a declarar que la península atraviesa una etapa crítica, caracterizada por estrés hídrico.
Este fenómeno afecta no solo a la población humana, sino también a miles de especies de flora y fauna endémicas, así como a grupos de aves y peces que utilizan la región para anidación y reproducción. El estrés hídrico ocurre cuando la demanda de agua supera la cantidad disponible en un periodo determinado o cuando su calidad es insuficiente para el consumo.
Guillermo Cauich Durán, presidente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) en Yucatán, advierte que el acuífero está en crisis por la sobreexplotación de proyectos cerveceros y refresqueros, parques industriales, mega granjas de cerdos y aves, agroindustrias, turismo masivo y crecimiento urbano descontrolado.
Recientemente se confirmó un proyecto de la empresa Heineken en Kanasín, inversión millonaria que generará cerca de 8,000 empleos en Mérida y requerirá gran cantidad de agua para su producción cervecera. En Mérida también operan dos plantas de Bepensa, que producen anualmente 2,300 millones de botellas de bebidas endulzadas, y la Cervecería Yucateca, que exporta más de 1,900 millones de botellas de cerveza al año. A ello se suman tres plantas de agua purificada, con una venta anual de más de 16 millones de garrafones, y decenas de microempresas similares.
Desde la instalación de la Cervecería Yucateca en Hunucmá en 2015, campesinos, ejidatarios y pequeños productores han denunciado falta de agua para riego, consumo humano y pequeños negocios en la zona, evidenciando la presión que estos proyectos ejercen sobre el acuífero peninsular.
¿Y el cambio climático?


Con las nuevas dinámicas sociales surge un llamado público ante las modificaciones que experimenta el entorno. Roger Orellana Lanza, catedrático y especialista del Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C. (CICY), documentó diversos hechos relacionados con el cambio climático.
El especialista destacó la importancia de contar con un panorama claro sobre los posibles escenarios que podrían registrarse en la Península de Yucatán. La región, por su valor natural, cultural y económico, no está exenta de los efectos del cambio climático, aun cuando no ha sido un factor significativo en el calentamiento global.
Las condiciones geográficas de la península la hacen especialmente sensible a estos efectos: posee una alta influencia marítima y está expuesta a fenómenos hidrometeorológicos como nortes, ondas tropicales y ciclones, los cuales podrían intensificarse en frecuencia, número e intensidad debido al calentamiento de la superficie oceánica. Además, su ubicación en una zona de altas presiones puede favorecer procesos de desertización. Los habitantes deben ser conscientes de la magnitud de estos posibles cambios, evidenciados en los ciclos térmicos, hidrológicos y biológicos.
El “Atlas, Escenarios de cambio climático en la Península de Yucatán” ofrece un panorama sobre estos escenarios futuros y subraya la necesidad de investigaciones aplicadas para comprender mejor la sensibilidad y vulnerabilidad de los sistemas naturales y culturales de la región.
En México, 17 estados han comenzado a ejecutar planes estatales de cambio climático. Yucatán, Campeche y Quintana Roo elaboran actualmente su Programa Estatal de Cambio Climático (PECC), que incluye inventarios de gases de efecto invernadero, escenarios climatológicos, identificación de sectores sociales y económicos vulnerables y no vulnerables, así como planteamientos y medidas de mitigación y adaptación frente a los impactos del cambio climático.
¿Qué sigue? ¿Cuál es el futuro? ¿Ahora a dónde vamos?

Pronósticos alarmistas advierten que futuros conflictos podrían girar en torno al acceso al agua, lo que subraya la importancia y la alta dependencia de los seres vivos de este recurso vital.
Los especialistas coinciden en que la gestión ciudadana es fundamental para sensibilizarse sobre este problema y mejorar las condiciones del entorno. Para proteger el acuífero yucateco, resulta crucial combatir la contaminación y regular de manera sostenible el crecimiento urbano e industrial, que actualmente amenaza esta reserva de agua dulce.
Desde El Despertador de Yucatán se proponen 12 objetivos para atender este desafío desde cualquier ciudad:
1.- Mejorar el tratamiento de aguas residuales: Implementar sistemas de drenaje y plantas de tratamiento en los municipios de la península.
2.- Regular actividades agroindustriales: Monitorear y controlar prácticas de la agroindustria, como las mega granjas porcícolas, para prevenir la descarga directa de desechos al acuífero.
3.- Gestionar residuos responsablemente: Eliminar adecuadamente productos químicos, aceites, baterías y el sargazo, cuyos lixiviados afectan el agua subterránea.
4.- Proteger cenotes y cuevas: Realizar jornadas de limpieza periódicas y crear conciencia sobre su función como puntos de recarga del acuífero.
5.- Regular el desarrollo inmobiliario: Evitar desarrollos sin infraestructura de saneamiento adecuada.
6.- Fomentar el uso eficiente del agua: Promover consumo responsable, reparación de fugas y reutilización del recurso.
7.- Combatir la sobreexplotación: Vigilar la extracción de agua para evitar intrusión salina y migración de contaminantes.
8.- Impulsar la gestión integrada: Coordinar acciones entre instituciones públicas, privadas y universidades.
9.- Actualizar políticas y leyes: Revisar normas sobre agua y desarrollo urbano según la vulnerabilidad del acuífero.
10.- Fortalecer la evaluación ambiental: Considerar impactos sobre cenotes y cuevas en grandes proyectos de infraestructura.
11.- Investigar el cambio climático: Evaluar efectos sobre el acuífero y plantear medidas de adaptación.
12.- Participar en la conservación: Apoyar grupos dedicados a proteger las fuentes de agua y educar a la comunidad.
Promover la conciencia ambiental es esencial para difundir la fragilidad del acuífero y fomentar la responsabilidad colectiva en la protección de este recurso indispensable.











