Vialidades rotas, edificios abandonados, infraestructura sanitaria rebasada y un sistema lagunar sin monitoreo ambiental; Foatqroo, sin recursos propios para atender esta problemática mientras, a un año de su salida, Fonatur continúa vendiendo terrenos; renuevan contrato de mantenimiento a Coveca
SALVADOR CANTO / EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR DE QUINTANA ROO
A más de un año de la salida del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), el organismo que durante décadas operó, conservó y moldeó la zona hotelera de Cancún —y fungió, de paso, como la inmobiliaria más grande del país—, la nueva etapa prometida por el Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Actividad Turística en Quintana Roo (Foatqroo), sigue sin ofrecer resultados tangibles. Sin embargo, las autoridades aseguran que van por buen camino.
Pero lo más inquietante es que, en los hechos, poco ha cambiado: la empresa Coveca, que entró de forma “emergente” como lo declaró el entonces titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan), Eugenio Segura Vázquez —hoy senador por Quintana Roo—, para encargarse del mantenimiento desde enero de 2024, fue ratificada en esa responsabilidad mediante una licitación que, se asegura, fue pública y transparente, aunque no existe rastro alguno de ella en los canales oficiales.

La opacidad en torno a este proceso despierta serias dudas. ¿Realmente se realizó una licitación abierta? ¿Se evaluó el desempeño previo de Coveca, cuyos resultados e incluso gastos de recursos no han sido transparentados?
La versión oficial, proporcionada por el presidente del Foatqroo, Ricardo Archundia Sánchez, sostiene que fueron entre cuatro y cinco las empresas que se registraron, pero admitió que la continuidad de Coveca está plenamente justificada, solo que no hay forma de verificarlo. La licitación no aparece en plataformas de transparencia, y el contrato simplemente “se renovó” el pasado 14 de marzo por otro año por todo lo que resta del 2025.
Mientras tanto, la zona hotelera sigue mostrando señales inequívocas de deterioro estructural: banquetas rotas, edificios abandonados, infraestructura sanitaria rebasada y una laguna Nichupté sin monitoreo ambiental. La prometida transformación urbana se diluye entre declaraciones optimistas y una realidad física que se descompone a la vista.
Además, el nuevo distribuidor vial —clave para evitar el colapso vehicular en el acceso al puente Nichupté— permanece envuelto en incertidumbre: no hay información pública sobre su diseño, financiamiento ni plazos, aunque se asegura que será inaugurado antes de que termine el año.
En ese contexto, la zona hotelera de Cancún enfrenta hoy un dilema que va más allá del turismo: cómo sostener una vitrina internacional que se cae por dentro, mientras la ciudad que la rodea crece en desigualdad, rezago y abandono. El tiempo para corregir el rumbo se agota, y la inercia puede terminar por convertir la decadencia en norma.
Decadencia y vicios de muchos años en la zona hotelera
Durante un recorrido realizado por el equipo de investigación de El Despertador de Quintana Roo, se constató que la zona hotelera arrastra una serie de problemas estructurales de años atrás que siguen sin resolverse.

Las deficiencias son evidentes: palmeras secas, jardinería abandonada, baches, luminarias apagadas, banquetas rotas, edificios en ruinas envueltos en litigios y un sistema de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) desgastado, con capacidad rebasada.

Además, la salud ambiental de la laguna Nichupté —eje ecológico del sistema— sigue sin una evaluación pública reciente, pese a los riesgos de contaminación y colapso ecológico.
La imagen urbana también se ve afectada por la sobredensificación autorizada en los últimos años, que ha incrementado la presión sobre los servicios sin que existan soluciones claras en infraestructura o regulación.
Mientras algunos hoteles están cerrados por problemas legales y otros por remodelación, unos más se construyen de forma poco transparentes y que sin duda, representan una saturación mayor de los servicios básicos como agua, drenaje y energía eléctrica.
Hoy, Cancún enfrenta una contradicción profunda: la zona hotelera, su principal fuente de divisas, se encuentra en decadencia, con un desgaste silencioso pero profundo, mientras que la ciudad que creció a su sombra —y que ya rebasa el millón de habitantes— enfrenta problemas mucho más graves en servicios, desigualdad y gobernanza.
Aun así, la atención mediática e institucional sigue centrada en un corredor turístico que ya no representa el verdadero rostro ni los desafíos centrales de Cancún, con una zona hotelera que a pesar de su evidente envejecimiento se erige con las mejores playas del mundo.

Las autoridades aún están a tiempo de revertir el deterioro, pero es necesario reconocer que el crecimiento sin orden ni mantenimiento ha llegado a su límite. No se trata solo de atraer más visitantes, sino de que, al llegar, encuentren un destino turístico vivo, funcional y cuidado. Lo contrario es seguir vendiendo una postal de lujo que se cae a pedazos fuera del encuadre.
El tiempo apremia. Si se insiste en minimizar los síntomas de decadencia, el colapso no será una sorpresa, sino una consecuencia.
De Fonatur al Foatqroo: una transición que apenas “cuaja”
El Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Actividad Turística en Quintana Roo (Foatqroo), que se creó en 2024 para sustituir al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en conservación, mantenimiento y obras en el área turística, no cuenta con recursos propios para llevar a cabo las obras necesarias.

De hecho, dentro del paquete presupuestal 2025 de Quintana Roo no se asignó ninguna partida para el mantenimiento de la zona hotelera de Cancún, por lo que se determinó que al menos este año su operatividad dependa administrativamente de la Secretaría de Turismo del estado, a la que se le duplicó el presupuesto con 221.2 millones de pesos para este periodo.
El presidente del Foatqroo, Ricardo Archundia Sánchez, comentó en entrevista con El Despertador de Quintana Roo que para este año lograron obtener entre 100 y 110 millones de pesos para atender programas prioritarios en la zona hotelera.

Si bien fue optimista y dijo que desde su percepción la zona turística no está tan mal, reconoció que el deterioro en vialidades, ciclovías, mobiliario urbano, playas y servicios básicos como alumbrado y drenaje sanitario sigue siendo evidente, pero “estamos avanzando poco a poco, hay mucho por hacer”.
Es evidente que hoy por hoy, la zona hotelera de Cancún enfrenta una disyuntiva histórica: seguir vendiendo una imagen de lujo sostenida por parches o reconstruir, desde la base, un espacio turístico funcional, sostenible y vivo.
Coveca, un año más a cargo del matenimiento
Una de las decisiones inmediatas del Foatqroo fue contratar a la empresa Coveca para encargarse de la operación, conservación y mantenimiento de la zona hotelera desde enero de 2024, de manera “emergente”.

La promesa fue realizar una licitación para 2025 y, de acuerdo con el arquitecto Ricardo Archundia Sánchez dicha puja ya se llevó a cabo, y desde el 14 de marzo se oficializó que Coveca continuará un año más, pues “al final ellos ya traían una sinergia, conocían bien el fondo, la operación, traían muchas bases; fue una licitación abierta, pública, transparente, y las necesidades que se plantearon, tanto documentales como de garantía y, sobre todo, que tuvieran la capacidad económica para enfrentar cualquier circunstancia, pues ellos traían todo ese respaldo y se determinó que así fuese”, explicó al Equipo de Investigación de El Despertador de Quintana Roo.
No obstante, se buscó en diversas plataformas del gobierno la convocatoria para conocer cómo fue el proceso de licitación, pero no fue posible localizar la información, lo que genera suspicacias, ya que la continuidad de la empresa Coveca se dio sin una evaluación clara de su desempeño.
La empresa Coveca Proyectos y Servicios SA de CV, representada por Robert Capdevila Martínez, fue creada en enero del año 2017 y tiene su matriz en Puebla, aunque su domicilio fiscal se ubica en la delegación Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México. La retirada de Fonatur y el relevo de Coveca en la responsabilidad del mantenimiento de la Zona Hotelera de Cancún fue motivo de un extenso reportaje de El Despertador de Quintana Roo publicado en octubre de 2024, disponible en el link https://eldespertador.com.mx/fonatur-abandono-y-saqueo/.
“Fonatur no nos dejó nada para obtener recursos propios”
La retirada de Fonatur dejó sin atención banquetas, camellones y plantas de tratamiento, pero no limitó su capacidad para capitalizar el destino turístico. Esta dualidad ha generado críticas de ciudadanos, ambientalistas y urbanistas: Fonatur dejó de servir, pero no de cobrar. Un modelo que sacrifica lo público en nombre del negocio.

“No se nos entregaron terrenos, solo infraestructura. Me acabo de enterar de que siguen vendiendo predios en remate”, reconoció Ricardo Archundia.
Agregó: “Ojalá nos hubiesen hecho donaciones de predios para el gobierno del estado y que el recurso de su venta se invirtiera, pero desafortunadamente no fue así; solo fue infraestructura. Y no fue fácil la transición porque entonces el gobierno tiene que buscar recursos nuevos, gestionar otros ante la federación para que podamos operar”.

Recordó que Fonatur solo entregó vialidades e infraestructura a lo largo de 27 kilómetros del bulevar Kukulcán, calles secundarias, banquetas y guarniciones.
Además, mencionó que la responsabilidad incluye la zona de El Table —la avenida que conecta el bulevar Kukulcán con Tajamar y el polígono de Tajamar—; “también tenemos un polígono en Cozumel, que está en la marina y en una zona donde hay residencias. Nos entregaron vialidades, alumbrado público, banquetas y guarniciones, pero ahí tampoco ningún lote, ningún terreno, ningún nada”.
En la página web oficial de Fonatur (https://www.fonatur.mx/terrenos-venta/6), aparece un catálogo con información de varios predios de Cancún que están en venta mediante una subasta electrónica. De la comercialización de estos terrenos, ninguno de los recursos se quedará en Cancún ni se prevé que sean aplicados al mantenimiento y conservación de la zona hotelera.


El contraste es brutal: por un lado, se deslindaron del cuidado de la joya turística de México, pero por otro, los mismos funcionarios y estructuras que renunciaron a la gestión continúan capitalizando su legado con ventas millonarias.
Mientras Aguakan sea concesionario, debe atender la ZH: Foatqroo
Los pozos de absorción rebasados y los rebosamientos de aguas negras no son nuevos, pero persisten. Las tres Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) —Pok Ta Pok, Gucumatz y El Rey— tienen décadas de antigüedad.

“La infraestructura tiene más de 45 años. Hay que invertir y modernizarla. Estamos dándoles mantenimiento con lo que tenemos”, señaló Ricardo Archundia.
En reiteradas ediciones de El Despertador de Quintana Roo, que ha documentado el Equipo de Investigación con imágenes del “Despetadrón”, se ha evidenciado que el tema de las PTAR es crítico: sin una red de drenaje funcional, cualquier colapso podría generar una crisis ambiental en el sistema lagunar Nichupté, cuya salud ecológica no ha sido evaluada públicamente en los últimos años, pese a los riesgos evidentes.

Ante las quejas ciudadanas por el rebosamiento de aguas negras en varios puntos del bulevar Kukulcán —que incluso han afectado tramos de la ciclovía—, el presidente del Foatqroo reconoce la gravedad del problema, pero sostiene que “no es un tema de ahorita, es un tema que viene de años atrás. No es que nosotros generemos esa mala atención, eso ya existía. Más bien, tenemos que buscar cómo resolverlo. ¿A qué se debe? Pues los pozos de visita, drenaje, pozos de absorción, alcantarillado, ya tienen muchos años y lo que se tiene que hacer es justamente ver un programa de inversión y modernización para poder atender todos estos detalles que hoy ya tenemos detectados a lo largo de los primeros 19 kilómetros”.

En ese contexto, aclaró que la red de infraestructura en su totalidad es propiedad de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), pero mientras Aguakan mantenga la concesión, corresponde a esa empresa su operación, conservación y mantenimiento.
Sin embargo, sostuvo que, debido al conflicto legal existente, se está revisando si la operación regresará a CAPA, pero insistió, “por el momento estamos dándole este paquete de operación, conservación y mantenimiento a Aguakan y nosotros coadyuvamos e incluso ya estamos en revisión de recursos para atenderlas, invertirles y modernizarlas”.
Distribuidor vial, un misterio
Durante un amplio recorrido por el bulevar Kukulcán, columna vertebral de la zona hotelera, el Equipo de Investigación de El Despertador de Quintana Roo observó una imagen de abandono: banquetas fracturadas, luminarias fundidas, señalética deteriorada o inexistente, jardinería descuidada y estructuras oxidadas que hoy forman parte del paisaje cotidiano, en contraste con la imagen de un destino de clase mundial.

Por si fuera poco, el proyecto del puente vehicular Nichupté, a cargo de la empresa ICA y financiado por la federación, se acerca a su entrega sin que exista claridad sobre el distribuidor vial que conectará con el bulevar.
“Queremos una zona que dé fluidez, pero no te puedo decir cuál es el proyecto final… es un misterio”, confiesa Ricardo Archundia, quien reconoce que, en todo caso, será ICA quien tendrá que resolverlo.
La opacidad en torno a este tema refuerza la preocupación de que se repita el patrón: más infraestructura sin planeación, más crecimiento sin mantenimiento.

El distribuidor vial fue anunciado en su momento por el entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Territorial Urbano Sustentable, Armando Lara de Nigris, quien explicó ante miembros del Colegio de Ingenieros Civiles que este proyecto adicional es necesario para evitar el caos vehicular que generará el ingreso y salida de automóviles por el nuevo puente.
Inmuebles abandonados y en ruinas

Hasta la fecha no existe una política pública clara y seria para impulsar la recuperación, reconversión o adquisición de inmuebles abandonados, que afectan directamente la imagen de la zona hotelera de Cancún. El gobierno observa desde lejos cómo los litigios se eternizan y la decadencia avanza.
Existen varios hoteles que alguna vez fueron íconos del turismo de alto nivel y que hoy están convertidos en ruinas. Algunos permanecen cerrados por conflictos legales entre socios o familias empresariales, que han prolongado litigios durante años sin que las autoridades intervengan o gestionen salidas para evitar que se conviertan en espacios muertos.


Sus fachadas desvencijadas, cristales rotos y maleza acumulada representan no solo una mancha en la imagen turística, sino también un riesgo para la seguridad y la salubridad.
En ese contexto, el titular del Foatqroo sostiene: “Es una tristeza ver hoteles abandonados. Hoy por hoy no tenemos la certeza jurídica ni legal de quiénes son los dueños, pero se está trabajando con el municipio, con quien se tiene un programa de recuperación de espacios y edificaciones en abandono. Próximamente tendremos una reunión con ellos para determinar las acciones a tomar”.

Aunque el número exacto de estos establecimientos cerrados, entre hoteles y otros negocios que antaño fueron prósperos, es difícil de precisar por la opacidad de la información, basta recorrer la zona para identificar varios de ellos, algunos incluso ubicados en zonas de alta afluencia.
Un ejemplo claro es el hotel Melody Maker, que alguna vez albergó eventos de talla internacional y hoy es un cascarón en ruinas.

Contrario a ello, el edificio que albergó en los años 90 la famosa discoteca La Boom ubicada en el kilómetro 4.5 y que incluso llegó a ser considerado como uno de los mejores centros nocturnos de México y que estuvo abandonado más de 20 años, entró a un proceso de demolición, pues al parecer, el lugar ya fue comercializado, aunque se desconoce qué construcción harán ahí.

Plazas fantasma: Maya Fair, el rostro del olvido
La plaza Maya Fair es otro ejemplo crítico: un espacio comercial con ubicación estratégica que hoy parece una ruina postapocalíptica. Oscura, vacía, deteriorada. Lo mismo ocurre con Flamingos o Caracol: centros comerciales que perdieron vida sin que ninguna autoridad intervenga. La falta de regulación, incentivos o sanciones ha normalizado el abandono.

El caso de Maya Fair, una de las primeras plazas comerciales en la zona hotelera, es emblemático del abandono institucional. Ubicada en el corazón de Punta Cancún, fue en sus inicios un espacio moderno y concurrido, pero hoy está sumida en el deterioro. Locales vacíos, estructuras descuidadas, pasillos a oscuras y escasa vigilancia la han convertido en un “fantasma comercial”.
Y no es la única. Varias otras plazas de menor tamaño muestran signos similares de desuso o abandono parcial, reflejo de la falta de regulación, de incentivos para su mantenimiento o de estrategias para su reconversión.

Este deterioro impacta directamente en la percepción de los turistas. Las opiniones en plataformas digitales como TripAdvisor o Google Maps dejan constancia de la decepción de muchos visitantes ante la falta de cuidado en áreas públicas y privadas que forman parte del circuito turístico más importante del país. Además, contribuye a una sensación de inseguridad, desorden y decadencia.
Discriminación: el paraíso no es para todos
Mientras Cancún supera el millón de habitantes y enfrenta problemas graves de desigualdad, movilidad y servicios, la mayoría de los recursos y atención se concentran en un corredor turístico cuya imagen se cae a pedazos.
Con cifras récord de turistas, vuelos internacionales diarios y hoteles que presumen ocupaciones por encima del 80%, el destino parece vivir en una eterna primavera económica. Pero detrás de esa fachada de postal, el contraste es brutal. Porque en Cancún, la desigualdad no solo se mide en dinero: también se siente en la piel, en los acentos, en el color, en la ropa.
En la zona hotelera —el corazón brillante del negocio turístico—, las reglas no escritas se aplican con rigor. Jóvenes locales son rechazados en la entrada de discotecas con excusas vagas: “evento privado”, “lista cerrada” o “cupo limitado”. En algunos restaurantes, el trato depende del tono de piel o acento; en bares frente al mar, las miradas de desconfianza preceden al menú. Y en los accesos a la playa, la ley que garantiza el libre paso es ignorada con cinismo: rejas cerradas, vigilantes que exigen consumo o simplemente la inexistencia de caminos públicos.
El clasismo es parte del paisaje en Cancún, tan normalizado como los atardeceres sobre el Caribe. Un sistema que separa a quienes disfrutan del paraíso y a quienes lo mantienen y están para servir. Pero incluso ese mismo corredor turístico donde se filtra la discriminación muestra señales de agotamiento: Las banquetas del bulevar Kukulcán están cuarteadas. Hay postes oxidados, luminarias fundidas, zonas verdes invadidas por maleza y ciclovías a medio hacer. Frente a hoteles de cinco estrellas, hay camellones abandonados. Frente a tiendas de lujo, hay plazas semivacías. La zona hotelera —ese espacio construido para impresionar— comienza a resquebrajarse.
¿Más construcciones o consolidación?
La sobre densificación ha incrementado la presión sobre los servicios sin ofrecer soluciones nuevas. Para Archundia Sánchez, el camino no es crecer más, sino consolidar lo existente.
“La zona turística ya no debe crecer más. Debe consolidarse para bien”, afirmó de forma tajante.
Esa visión es compartida por muchos especialistas, pero no se ve reflejada en políticas públicas. El desarrollo sigue privilegiando el ladrillo nuevo sobre la rehabilitación del existente.
APUNTES DE EL DESPERTADOR
El deterioro urbano de Cancún es reversible, pero exige acciones inmediatas y estructurales; algunas de ellas podrían ser:
– Crear un inventario público de inmuebles abandonados y un programa de recuperación con incentivos y sanciones.
– Formar un fondo mixto de mantenimiento e imagen urbana con participación de hoteleros y gobierno.
– Establecer criterios de consolidación urbana antes de aprobar nuevos desarrollos: si no se recupera lo que ya existe, no se debería permitir construir más.
– Transparentar todos los contratos del Foatqroo y evaluar públicamente el desempeño de Coveca.
– Incluir a urbanistas, arquitectos, ambientalistas y ciudadanos en la planeación urbana.
– Asegurar transparencia y rendición de cuentas en los contratos de mantenimiento del bulevar Kukulcán, y evaluar públicamente el trabajo de empresas como Coveca.
– Apostar por una regulación participativa, donde colegios de arquitectos, urbanistas, ambientalistas y ciudadanos contribuyan a la planeación y mejora del espacio urbano.

