18 abril, 2026

En la galería polivalente de los cultores de la novelística nacional hay figuras en las que vibra con fuerza el reconocimiento de sus contemporáneos, de sus herederos espirituales y de sus lectores y analistas. Otras presencias discurren solitarias, casi inadvertidas, a veces penosamente olvidadas sin más acompañamiento que el hallazgo circunstancial o la acción de la manía clasificatoria, apenas con el eco de sus pasos engullidos por el vacío, despojados de las mínimas pautas de identidad que puedan dar sentido a la vivencia histórica del recurso narrativo.

En algunos casos se trata de mujeres cuyas novelas son un inconexo punto de referencia en el piélago de la escritura mexicana de todos los tiempos, y no sería insensato suponer que su pertenencia de género en algo influyó para arrinconarlas en esta marginalidad que poco aclara su devenir literario. Un influjo semejante pareció imponerse sobre la obra de Corina Garza Ramos, de quien no se registra ninguna nota biográfica que llegue al conocimiento público. Es autora de María o entre las viñas, que Ediciones Botas publicó en segunda edición en 1946. En el prefacio deja entrever que se trata de su primera novela. Otras dos, también salidas de su pluma, son Víctimas y Sacrilegio, que la misma compañía editorial dio a la luz en 1949 y 1951, respectivamente.

En los apuntes introductorios de la obra, Corina Garza señala que su texto se nutrió de la emotividad de su temperamento, la cual se deja ver con densidad en algunos de sus pasajes, aunque en general constituye una singular muestra de psicología femenina, orientada a exponer un mundo interior en el que reflexiones continuas van guiando aspectos significativos de la trama. “La vida camina, no se queda parada en el momento en que para nosotros es completa porque nuestra vida está ligada a otras muchas que forzosamente algún día ejercerán influencia en ella”.

La protagonista es una mujer resuelta, de carácter firme y expansivo, que encuentra a su alma gemela en un amigo de su esposo. Aquél le declara su amor pero sabe que éste no podrá prosperar, convirtiéndose en una carga emotiva que lo consume y lo paraliza. Pero en realidad la historia gira en torno a tres vínculos afectivos, conjunto que Garza Ramos enumera como un amor brutal, otro sublime pero frustrado y un amor triunfante, si se enfoca en las acciones de los varones que intervienen en ella.

Surgen varias disyuntivas éticas que se desbordan en momentos intensos de su secuencia narrativa, tal como sucede en el intento de abuso que sufre el personaje principal durante una ausencia del esposo, quien pese a no dudar de la integridad de María, se percata “del poder de hembra que posee”, sin que ella misma se dé cuenta. Esta noción la reprobarían categóricamente las feministas actuales.

Las viñas a que alude el título de la obra son las que crecen en los cultivos de la familia de María, situados en un pueblo perdido en la extensión de la geografía nacional, en alguno de los estados dedicados al fomento de ese producto. Si bien no se nombra el lugar, éste resulta típico y tradicional, con sus festejos patrióticos y sus diversiones populares que dan inicio cuando las familias connotadas de la comunidad pasan a bailar dando ejemplo a los demás concurrentes, quienes aceptan implícitamente esta distinción jerárquica fijada para regular sus actividades recreativas.

Al abandonar su pueblo natal María se traslada a la capital del país, que la escritora identifica plenamente gracias a las descripciones que hace de la gran ciudad y a las reminiscencias históricas que las complementan, poniendo como escenario de algunos pasajes el Bosque de Chapultepec, la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes, las calles de Tacuba y Cinco de Mayo, o la contemplación de los murales de Rivera y Orozco. Para hacer más nítida la atmósfera sentimental de su novela incorpora unos versos de Amado Nervo; con el mismo propósito recurre al fragmento de una canción de Agustín Lara, realzando además su contexto cronológico.

Garza Ramos pone en evidencia también su aguda capacidad de observación del comportamiento social, como cuando describe la diversidad de emociones que desatan los juegos de azar, o cuando propone una clasificación de los caracteres que traslucen las actitudes de las personas al momento de bailar.

Sólo en notas finales de la obra la autora brinda un indicio de sí misma al equiparar la unión que vive al lado de su amado con la pareja ideal expuesta a sus lectores, tan unida en el infortunio como Romeo y Julieta, a quienes también evoca en su recuento literario.

Corina Garza Ramos, María o entre las viñas. México, Ediciones Botas, 1946, segunda edición, 301 pp.

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