18 abril, 2026

La odisea para pagar el predial… – Así nos vemos

Edgar Prz

El pasado jueves padecí en carne propia lo que sufre la ciudadanía, el pueblo, el viacrucis que tiene que soportar la gente que quiere cumplir con su compromiso ciudadano de pagar el impuesto predial en Cancún.

Me apersoné a las 11:30 de la mañana; al llegar al vestíbulo del Palacio del Ayuntamiento en Benito Juárez, te detienen para darte una primera sacudida, te exigen la copia de la escritura de la casa, copia de tu credencial de elector; si eres sujeto del INAPAM para el descuento, la propiedad debe estar a tu nombre. Argumenté ante esa escalada de violencia verbal que había llegado a mi casa un requerimiento y quería saber el monto del descuento, solamente a eso iba.

Cedió la primera celadora y me hizo sentarme afuera del palacio, éramos como 12 gentes; luego te hacen pasar por donde están las escaleras, con aproximadamente 40 personas, a esperar tu turno, otro interrogatorio, y varias personas claudican, argumentan que no tienen escrituras ya que aún no han terminado de pagar su crédito; los retiran para que vayan a sus inmobiliarias a pedir un documento que establezca el vínculo patrimonial. Doña Agripina Mendiola, mujer de avanzada edad, reclamaba una atención especial debido a su condición física y nunca le hicieron caso.

La dejaron que siga en el batallón de infantería; poco a poco vas avanzando, después de poco más de media hora por fin logré ser atendido. Solo solicito saber si existe un descuento, como están promocionando; me piden que sea la titular la que acuda a hacer el trámite o bien que me otorguen una carta poder. Argumento que solo requiero saber el monto del adeudo para que luego se venga a pagar; tuve que ponerme terco, medio grosero, para evitar ser bateado.

Doña Agripina no corrió con la misma suerte, ya que la propiedad está a nombre de su hija y la justificó diciendo que hacía poco tuvo su bebé y eso le impedía acudir a hacer el trámite y le pidió el favor a su mamá; le dijeron que no se podía. Respaldé su petición diciendo que solo venía a pagar, no venía a exigir la correcta aplicación del recurso ni a exigir calles pavimentadas, recolección de basura y vigilancia policiaca. No le permitieron continuar su trámite y se fue furiosa. Falta mucho tacto y sensibilidad de la gente de la tesorería, aún no perciben lo que deja de hacer la gente para acudir a pagar y recibe maltrato.

Me dan una clave numérica y me turnan a otra cola mucho más grande; más de 70 personas estaban en fila, sillas colocadas en medio del edificio de dos niveles, poca sombra, a pleno sol, solamente protegidos por unas palmeras que añoran agua, viento, brisa para mecerse; el calor a 29 grados y el bochorno en aumento, ningún ventilador, ninguna estación de agua para apaciguar la sed, nada. Era como estar en el patio de una cárcel, sufriendo.

Fuimos avanzando poco a poco, la gente cambiaba de sillas para poder acercarse a donde proporcionarían los montos a pagar. Pasadas las dos de la tarde, empapado de sudor, soportando lo que padecen los contribuyentes, en verdad que no hay consideración, no hay respeto ni para los discapacitados, todos son enviados a hacer fila.

A las 2:40 empiezo a ver el final del túnel, nos pasan a una oficina con aire acondicionado, están las cajas y es donde proporcionan la información. Me alegro al entrar, pero mi alegría fue fugaz, ya que había otra cola como de 30 personas en espera de ser atendidos. No hay consideración, ya que después de estar cerca de tres horas con un calor a plenitud, te pasan al aire acondicionado; no omito comentar que la mayoría de la gente era de la tercera edad.

Aquí hay cinco cubículos para que sea más rápida la atención; después de avanzar como si estuviera en el Exatlón, me toca mi turno y de nuevo el interrogatorio, solo faltaba que saquen chile molido y agua mineral. La historia había que contarla por tercera vez; después de medio discutir, el joven como que agarró la onda, le dije: amigo, estoy aquí desde las 11:30, son las 3 de la tarde con 15 minutos, es normal que mi ánimo haya cambiado, mi paciencia empieza a marcar en rojo. Entonces me pide unos documentos que llevaba y, como si me hiciera un favor, trabaja mi asunto; veo que escribe y escribe en su computadora, saca copias, se levanta, regresa, me hace firmar un papel y por fin a las 3:25 minutos terminó. Me recomiendan pagar en los cajeros automáticos que están afuera; antes me remiten a la mesa donde me dieron mi número de ficha, no hay nadie, ya habían levantado. Pregunto y me piden les enseñe la hoja que me dieron, le toman foto para dejar testimonio que fui atendido; ellos ya cumplieron.

Con la ropa mojada, la mollera caliente, salí del palacio como un ninja después del combate, casi arrastrándome. Hay varias interrogantes: ¿por qué no descentralizan y ponen módulos en otras zonas de la ciudad?, ¿por qué en lugar de agilizar el trámite, te amagan, desmoralizan, te retiran y ponen muchos peros? La gente va a pagar, no a pedir limosna, y son demasiadas horas que se pierden por un trámite; no hay simplificación administrativa, no hay voluntad de mejorar, no hay espíritu de servicio, menos intención de brindar una correcta atención.

Olvidan que los que van no son delincuentes, son contribuyentes, aunque suene algo similar. Ojalá algún regidor se tome la molestia de hacer este experimento social de verificar la clase de atención y servicio que ofrecen. La gente merece mejor trato, no lo cree usted.

Mejor seguiré caminando y cantando: “Pasaste a mi lado con gran indiferencia, tus ojos ni siquiera voltearon hacia mí. Te vi sin que me vieras, te hablé sin que me oyeras y toda mi amargura se ahogó dentro de mí”…

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