La diversidad en el color de ojos, específicamente del iris, es evidente al observar a quienes
nos rodean. El marrón es el color más común, presente en toda la humanidad hace miles de
años. Los ojos verdes y azules son menos frecuentes, con el azul siendo más común que el
verde. Sin embargo, hay casos excepcionales, como los ojos “violeta” de Elizabeth Taylor,
que en realidad eran intensamente azules.
El color de ojos está determinado por la cantidad y tipo de melanina que contiene el iris. La
melanina es el pigmento responsable del color marrón, existiendo dos variantes: la
eumelanina oscura y la feomelanina clara.
En general hay tres colores de ojos: marrones, verdes y azules. Los marrones tienen
abundante melanina, los verdes poca, y los azules carecen de este pigmento en la capa
superficial del iris.
Antiguamente se pensaba que en los ojos azules debía haber algún pigmento azul. Pero no
existen pigmentos de ese color en el ojo humano. Entonces, ¿por qué vemos azules a los
ojos que llamamos azules?
La explicación está en el efecto Tyndall. Cuando la luz atraviesa un medio constituido por
partículas, se dispersa, separándose en distintos colores. Las fibras incoloras de la capa
superficial del iris conforman dicho medio. Al no tener pigmentos, permiten el paso de la
luz azul mientras retienen otros colores como el rojo.
Este fenómeno óptico, donde un tejido incoloro adquiere color por dispersión de la luz, se
denomina “coloración estructural”. Es lo que ocurre en los ojos azules, cuya apariencia se
debe a la anatomía del iris y no a pigmentos.
Por ello, aunque vemos el azul, no hay propiamente “ojos azules”, sino ojos cuyas
estructuras dispersan la luz hacia el azul sin que contengan realmente pigmentos de ese
color. De ahí la afirmación de que no existen ojos azules desde el punto de vista de su
bioquímica. Este fenómeno, conocido como coloración estructural, es similar a la
dispersión de Rayleigh que hace que el cielo se vea azul. (Muy Interesante)
¿Sabías que los ojos azules no existen?

