Edgar Prz
Después de ser un perfecto desconocido, un don nadie, en cuestión de semanas ya es tendencia nacional. Tan se lo ha creído que su popularidad se debe a que fue el candidato a ministro más votado, habría que preguntarle: ¿Cómo le hizo? ¿De dónde vino su financiamiento? ¿De dónde surgió el apoyo mediático? Porque así, de manera natural, solo las frutas maduran, lo demás requiere cierto apoyo y cuidado.
Muy pocos sabían de su existencia, perdido en el mundo indigenista, que en este país significa olvido, retraso, solo les dan migajas de poder y estaba convertido en un burócrata más. Su oriundez le ayudó para participar, con aquello de la repartición de grupos y géneros, esta vez sí respetaron el espacio indígena y no fue suplantado, como en ocasiones recientes…
Hugo Aguilar se jacta de su indigenismo, ya notó que es su llave que le abre puertas, solo que no ha percibido que solo se abren las que se autorizan, no es una llave maestra. En este país aún privan el racismo, el clasismo, la indiferencia para quienes representan rasgos indígenas. Lo malo es que al final, los años de colonización, de haber sido servidumbre, prevalecen en los descendientes y están prestos a responder “lo que diga su Merced”.
En lugar de presentar propuestas para “eficientizar” la impartición de la justicia, para volverla más humana, más accesible, más directa, más expedita, no, se le ocurrió decir que propondrá que los ministros, magistrados, jueces no usen toga y birrete ya que eso ha creado una barrera entre los que imparten y los que exigen justicia. ¡Qué gran descubrimiento! ¡Qué profundidad de pensamiento! Hasta que por fin se encontró el meollo del problema de la justicia: es la toga y el birrete, ¡hágame usted el santo favor!…
¿Pedirá que los impartidores vayan con indumentaria indígena, como promoción a los diferentes grupos étnicos para que mejoren sus condiciones de vida? ¿Por qué no mejor dice que pugnarán por hacerle justicia a los pueblos originarios que han sido saqueados, vilipendiados y abusados cruelmente por todos los gobiernos? ¿Por qué intenta engañar al pueblo con lo mismo? ¿Por qué seguir el juego a los detractores del indigenismo y no profundizar en lo que la gente quiere?
La gente no quiere ver tzotziles, zapotecos, mayas, huicholes, aztecas en los juzgados, la gente exige, reclama una verdadera justicia, pero con este tipo de ministros el maquillaje de las cosas es inminente…
Se dedican a atender banalidades, cuestiones superfluas, asuntos de niñerías y le temen encarar lo verdaderamente importante. Es como decir que los bomberos dejen de usar su uniforme porque es muy voluminoso y no les permite libertad de movimiento. Que los curas dejen predicar usando sotana para que la religión católica recupere sus años de gloria. El color negro que usan los impartidores de justicia no es por cuestión de gusto, tiene su razón de ser…
La tradición de usar color negro en la judicatura tiene raíces históricas y simbólicas. Durante la Edad Media, los jueces y abogados en Europa solían vestir ropa formal de color oscuro, reflejando la seriedad y solemnidad de su profesión. El color negro se asocia con la seriedad, la solemnidad y la gravedad, lo que es apropiado para la administración de justicia. La toga negra también simboliza la autoridad y el respeto que se debe a la institución judicial.
Entonces, ahora señor ministro electo por una minoría y el desdén, el desinterés de una abultada mayoría, trate de corregir la gravedad de los vericuetos jurídicos que retrasan y se inclinan por el lado del poder, para que logre alcanzar niveles de igualdad, hágale honor al símbolo de la balanza e intente desde su curul de ministro que la justicia recupere su origen, su lozanía, su frescura y lo mejor, que esté al alcance de todos, ¿no lo cree usted?…
Ojalá que los ministros sean orgullo del pueblo y no un clon de aquel grupo cómico musical “Los Xochimilcas”…
Mejor seguiré caminando y cantando “Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao, te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao”…



