18 abril, 2026

Visitar el Cereso de Cancún, un viacrucis

Familiar de interno pide a las autoridades penitenciarias y de seguridad actuar con mayor humanidad y atender las condiciones de la cárcel, dentro y fuera

SERGIO MASTÉ

CANCÚN.- Lo que debería ser un momento de unión y apoyo familiar se ha convertido en un auténtico viacrucis para quienes visitan a sus seres queridos en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de Cancún. Así lo denunció un ciudadano ante la redacción de El Despertador de Quintana Roo, medio que en su papel de Fiscal Social abrió sus micrófonos en el programa De Viva Voz para visibilizar la problemática.

De acuerdo con el testimonio, no solo los internos padecen el encierro: también sus familiares sufren condiciones indignas cada vez que intentan visitarlos. Desde la madrugada, hombres y mujeres —muchos de ellos de la tercera edad— hacen fila bajo el sol, sin bancas, sin sanitarios y sin un módulo de información confiable. “Nos forman como ganado, sin respeto alguno. La gente llega cansada, con hambre, y no hay ni un lugar donde sentarse”, lamentó.

Las denuncias apuntan a la prepotencia de algunos elementos de seguridad, la falta de empatía y la ausencia de información clara sobre los requisitos para ingresar. Esto provoca que visitantes se vean obligados a gastar dinero extra en rentar ropa, bolsas o candados a comerciantes que aprovechan el desconocimiento de los recién llegados. “Debería existir al menos un espacio de información, como hay en los módulos turísticos de Cancún. Aquí lo único que hay es una lona vieja y desgastada por el sol”, criticó.

El ciudadano señaló también que algunas personas llegan desde las 12 de la noche para alcanzar una ficha, durmiendo en la banqueta y expuestas a temperaturas extremas de hasta 38 grados, lo que representa un riesgo para adultos mayores. “Uno termina más triste de lo que entra. Hace falta sensibilidad, empatía y supervisión de parte de las autoridades”, subrayó.

Finalmente, hizo un llamado a las autoridades penitenciarias y de seguridad para que actúen con humanidad y revisen las condiciones tanto dentro como fuera del penal, recordando que detrás de cada interno hay familias enteras que también enfrentan dolor y desgaste.

“El sistema no puede seguir tratándonos como si fuéramos de tercera clase. Todos merecemos respeto y un trato digno”, concluyó.

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