17 abril, 2026

“En el CEDAR no solo se forman atletas, se forman vidas”: Juan Carlos Ibáñez 

* Con experiencia olímpica y una década en el Centro Estatal de Alto Rendimiento, el entrenador cubano impulsa a una generación de atletas que hoy destacan a nivel nacional e internacional, bajo una filosofía basada en disciplina, familia y formación integral.

Por Sergio Masté

En el Centro Estatal de Alto Rendimiento, cada salto, cada carrera y cada entrenamiento lleva detrás una historia de esfuerzo, disciplina y transformación. Ahí, el entrenador Juan Carlos Ibáñez Martiatu ha construido mucho más que un equipo competitivo: ha formado una comunidad que hoy coloca a Quintana Roo en el mapa del atletismo nacional. Su historia inicia en Cuba, donde comenzó a entrenar desde los ocho años hasta llegar a la selección nacional, participando en Juegos Olímpicos, siendo subcampeón mundial juvenil y posicionándose durante más de nueve años entre los mejores del mundo en el triple salto. Esa experiencia, asegura, no sería posible sin la influencia de sus entrenadores, a quienes considera sus “segundos padres”, y de quienes heredó una visión integral del deporte que hoy replica en cada uno de sus alumnos.

Inspirado por esa formación, Ibáñez decidió convertirse en entrenador con una convicción clara: no solo formar atletas, sino personas. “Las medallas pasan, lo importante es el ser humano”, resume, al explicar que en su metodología la exigencia deportiva va de la mano con valores como la disciplina, la constancia, la responsabilidad académica y el compromiso social. En Quintana Roo, dice, existe un enorme potencial deportivo que hoy se refleja en resultados concretos: su equipo, conocido como Team Ibáñez, es el que más atletas aporta a los Juegos Nacionales de la CONADE, con jóvenes que ya han sido finalistas en campeonatos mundiales escolares y campeones centroamericanos en categorías juveniles.

RESPALDO FAMILIAR

Detrás de estos logros hay una fórmula que el propio entrenador resume sin rodeos: trabajo, disciplina y el papel fundamental de la familia. “Sin los padres no pudiéramos avanzar”, afirma, al destacar el esfuerzo de quienes acompañan a los atletas en jornadas intensas que combinan escuela y entrenamientos de hasta tres horas diarias. Este respaldo ha permitido el desarrollo de talentos como Bárbara, quien ya forma parte del proyecto nacional rumbo a los Juegos Olímpicos de la Juventud, así como de atletas destacados como Leonor Erosa, Janice Villamil, Gustavo Corrales, Abraham Uc, Carlos Carrasco y María Fernanda, actual líder del ranking nacional en salto de longitud.

Con una década de trabajo en el CEDAR, Ibáñez ha enfrentado múltiples retos, pero asegura que estos son parte esencial de su crecimiento. “Si no tengo un reto, me lo invento”, dice, convencido de que la superación constante es la clave del éxito. Para él, cada derrota es una oportunidad de análisis y aprendizaje, asumiendo incluso la responsabilidad de los resultados: “El atleta no falla, falla el entrenador”, sostiene, en una postura poco común pero que refleja su compromiso con el proceso formativo.

Más allá de lo físico, el entrenador enfatiza que la principal cualidad de un deportista es la disciplina, acompañada de perseverancia y enfoque. Enfrentar el calor, la presión social, las exigencias académicas y las distracciones propias de la juventud forman parte del camino, por lo que el equilibrio emocional y mental resulta fundamental. En ese sentido, el equipo se convierte en una familia donde los atletas se apoyan, se motivan y crecen juntos, generando un ambiente sano que facilita su desarrollo integral.

“SI TE LA CREES, LO LOGRAS”

Ibáñez también destaca la mentalidad del atleta mexicano, a quien considera capaz de alcanzar cualquier meta si logra creer en sí mismo. “Si te la crees, lo logras”, repite constantemente a sus alumnos, impulsándolos a superar lesiones, dificultades académicas o momentos adversos. Para él, no existen diferencias insalvables entre deportistas cubanos y mexicanos: ambos comparten una identidad latina y caribeña, con el potencial de competir al más alto nivel si se les guía correctamente.

El trabajo en equipo es otro pilar fundamental en su proyecto. Nutriólogos, fisioterapeutas, entrenadores y familias forman parte de un engranaje donde cada detalle cuenta: desde la alimentación en cada etapa de preparación hasta el descanso y el entorno personal del atleta. “Todo suma”, enfatiza, al explicar que el alto rendimiento es el resultado de múltiples factores bien coordinados.

A pesar de las exigencias, Ibáñez reconoce que el papel del entrenador también implica una carga emocional importante. “Se sufre bastante”, admite, al explicar que cada derrota lo lleva a reflexionar y analizar en qué pudo mejorar, mientras que cada triunfo representa un nuevo desafío por superar. Esa búsqueda constante de crecimiento es, para él, la esencia del deporte.

El entrenador hace un llamado a valorar el deporte como una herramienta de transformación social. Considera que espacios como el CEDAR representan una alternativa positiva para niños y jóvenes, alejándolos de entornos de riesgo y acercándolos a una vida saludable. “Todo es valioso”, concluye, convencido de que el verdadero triunfo no solo está en el podio, sino en la formación de ciudadanos comprometidos, disciplinados y capaces de construir un mejor futuro.

RECUADRO

PROMESAS DEL ATLETISMO DE QUINTANA ROO APUNTAN AL NACIONAL

* Bárbara Barajas, Janice Villamil y Eleonor Erosa afinan su preparación rumbo a Guadalajara, impulsadas por disciplina, talento y aspiraciones olímpicas

En las pistas del Centro Estatal de Alto Rendimiento, tres jóvenes atletas comienzan a escribir su propia historia dentro del deporte mexicano. Bárbara Barajas Núñez, Janice Villamil Ventura y Eleonor Erosa Flores se alistan para representar a Quintana Roo en los Juegos Nacionales que se celebrarán en Guadalajara, llevando consigo no solo preparación física, sino también metas claras y una motivación que nace desde sus propias experiencias. Sus caminos hacia el atletismo fueron distintos: desde el básquetbol, la gimnasia o incluso por impulso familiar, pero todas coinciden en que encontraron en esta disciplina una pasión que hoy guía su rutina diaria.

Las competencias en las que participarán incluyen salto de longitud, 300 metros planos, 300 con vallas y el relevo 4×100, una prueba que exige coordinación milimétrica, especialmente en el momento de entregar la estafeta. Con entrenamientos de dos a tres horas diarias, las jóvenes afinan detalles técnicos y fortalecen su mentalidad para enfrentar el reto nacional. Aunque reconocen sentir nervios, sobre todo por tratarse de sus primeras experiencias en este nivel, también expresan orgullo por representar a su estado y confianza en sus capacidades.

Inspiradas por figuras internacionales y respaldadas por sus familias y entrenadores, su objetivo va más allá de una competencia: sueñan con ser campeonas nacionales, romper récords y algún día llegar a unos Juegos Olímpicos, demostrando que el talento quintanarroense tiene futuro en las grandes ligas del atletismo.

Representar a Quintana Roo es para ellas motivo de orgullo, pero también una responsabilidad que asumen con entusiasmo. Entre nervios y emoción, saben que están ante una oportunidad única para demostrar su talento y seguir creciendo dentro del deporte. En cada entrenamiento, en cada salto y en cada carrera, estas jóvenes no solo compiten contra el cronómetro, sino también construyen un futuro que apunta a lo más alto del atletismo.

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