AGENCIAS
MADRID.- Trabajar de noche o cambiar constantemente de horario no solo provoca cansancio: científicos y especialistas del sueño advierten que la llamada “turnicidad” puede alterar profundamente el organismo y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo e incluso algunos tipos de cáncer.
Durante una jornada científica celebrada en España, el director del Instituto de Investigaciones del Sueño, Diego García-Borreguero, aseguró que el “trastorno por trabajo a turnos” cuenta ya con evidencia científica suficiente y podría llegar a ser considerado una enfermedad profesional.
El principal problema es que el cuerpo humano funciona siguiendo ritmos biológicos naturales conocidos como ritmos circadianos. Estos actúan como un reloj interno que regula procesos como el sueño, la temperatura corporal, la producción hormonal y el estado de alerta.
Cuando una persona trabaja de madrugada o cambia continuamente sus horarios, ese reloj biológico entra en conflicto con las actividades diarias. Como resultado, el sueño suele ser más ligero, menos reparador y con frecuentes despertares.
Los especialistas explican que esta alteración reduce la capacidad de recuperación del cerebro y favorece errores, problemas de atención y fatiga acumulada. Según los datos expuestos, la desincronización circadiana está relacionada con entre el 21 y el 27 % de los accidentes laborales.
Además, distintos estudios han asociado el trabajo por turnos con mayores probabilidades de hipertensión, enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares, así como con un incremento en ciertos cánceres, especialmente de mama, próstata y colorrectal.
Uno de los aspectos más llamativos es que el organismo parece “acostumbrarse” parcialmente al cansancio. Los expertos señalaron que muchas personas desarrollan una falsa sensación de adaptación, aunque el desgaste físico y mental continúe acumulándose.
La investigación sobre el sueño ha mostrado en los últimos años que dormir no es simplemente “descansar”, sino un proceso biológico esencial para reparar tejidos, consolidar la memoria y mantener estable el sistema inmunológico. Cuando ese ciclo se rompe durante años, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del cansancio cotidiano.

