Harold Amábilis
CALKINÍ.- La tarde depositó su luz sobre la colonia Fátima justo cuando la feligresía comenzaba a reunirse para conmemorar el aniversario número 74 de una devoción que se niega a desvanecerse. Entre acordes de mariachi, el tañido de una charanga y el vértigo ceremonial de los voladores, la comunidad entrelazó lo sagrado con lo festivo en una jornada donde la imagen de la Virgen de Fátima ocupó el centro de los altares y del afecto popular.
La celebración eucarística fue oficiada por el presbítero Marcos Rubén Couho, quien durante la homilía subrayó la necesidad de proteger las manifestaciones culturales y espirituales que fortalecen el entramado social de las familias campechanas. El sacerdote habló de una identidad colectiva nutrida por este legado de casi un siglo, cuyas raíces se hunden en la memoria compartida de los habitantes. Gremios, músicos tradicionales, jaraneros y numerosos contingentes se sumaron a la ceremonia vistiendo el recorrido con flores, estandartes y un ambiente de recogimiento que no excluía la celebración.
Terminada la liturgia, la procesión partió de la cancha techada y atravesó las calles 5, 22, 3 y 22-B antes de ingresar al interior de la capilla. El itinerario, repetido año con año, fue el cauce por el cual discurrió una fe que los vecinos custodian con fervor y que se alimenta de relatos transmitidos generación tras generación. Uno de esos testimonios refiere la historia de una niña aquejada por persistentes trastornos estomacales, cuyo destino cambió cuando se descubrieron unos remansos de aguas curativas bajo los cimientos del futuro templo de la colonia. Aquellos manantiales, surgidos de manera inesperada, se han convertido en uno de los pilares narrativos que sostienen la piedad de los devotos y que, al renovarse en la conmemoración patronal, mantienen viva una herencia que ya rebasa las siete décadas.
Al concluir el acto religioso y la caminata procesional, los asistentes compartieron alimentos y depositaron ofrendas mientras las promesas susurradas ante la imagen mariana se tejían con el bullicio contenido de una tradición que, desde 1952, convoca a la colonia Fátima a mirar su historia y a reafirmar los lazos que la sostienen.







