16 mayo, 2026

Lerma: la Virgen que llegó hace 17 años

Harold Amábilis

En el vasto mosaico devocional que distingue a la geografía católica mexicana, la presencia de la Virgen María se ha manifestado bajo innumerables advocaciones, cada una vinculada al trabajo evangelizador de las órdenes religiosas que contribuyeron a forjar la identidad espiritual del territorio. Entre ellas, Nuestra Señora del Socorro ocupa un lugar particular en la memoria de la Orden de San Agustín, que este 13 de mayo conmemora diecisiete años de la llegada de esta advocación mariana al poblado de Lerma, en Campeche.

La historia de esta imagen remite inevitablemente al impulso misionero de los agustinos que arribaron a México en el siglo XVI. Los siete frailes llegados en 1533 y los catorce que se incorporaron tres años después habían sido formados por Santo Tomás de Villanueva, figura destacada de la reforma agustiniana española, quien mantenía una especial devoción por la Virgen bajo esta advocación. Fue precisamente el santo valenciano quien entregó a aquella segunda expedición una escultura de Nuestra Señora del Socorro para acompañar la misión evangelizadora en las tierras recién descubiertas.

Antes de partir, aquellos religiosos se encomendaron a la protección de la imagen y prometieron extender su labor pastoral invocando su nombre. Una vez reunidos en la antigua Tenochtitlán, el 2 de julio de 1536, los veintiún misioneros celebraron una ceremonia en honor de la Virgen, coincidiendo con la festividad litúrgica de la Visitación, hecho que marcaría la tradición agustiniana mexicana de honrar en esa fecha a su protectora.

Posteriormente, cuando la labor evangelizadora se extendió hacia el vasto reino de Michoacán, los frailes Diego de Chávez y Alvarado y Juan de San Román llevaron consigo una réplica de aquella escultura. Bajo esta advocación mariana, los religiosos recorrieron los caminos de Tierra Caliente y desarrollaron una intensa actividad misional en distintas comunidades.

Hace diecisiete años, la presencia agustiniana volvió a arraigarse en el sureste mexicano a partir de una necesidad pastoral concreta. El entonces obispo de Campeche, monseñor Ramón Castro Castro, solicitó apoyo a distintas diócesis para atender las comunidades y, entre los religiosos que respondieron al llamado, se encontraban dos frailes de la Orden de San Agustín. Ambos se establecieron en junio de 2008 en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en Lerma. Casi un año después, el 13 de mayo de 2009, la feligresía recibió una escultura de Nuestra Señora del Socorro, donada por la familia agustiniana y destinada a la capilla del Tepeyac, recinto que desde entonces cambió su advocación patronal.

El tránsito de una advocación guadalupana a la del Socorro representó un importante desafío pastoral, que exigió acompañamiento y una explicación paciente a los fieles, situación que incluso hoy continúa despertando dudas entre algunos devotos. Durante las primeras festividades, al no contar todavía con la imagen definitiva, se utilizó una representación de Nuestra Señora de Guadalupe, vestida con los atributos propios del Socorro y colocada en un altar adornado con cortinas que fueron modificadas en tres ocasiones durante ese mismo año. La comunidad participó activamente en los preparativos bajo la guía de fray Daniel Rojas Morales, párroco de Nuestra Señora de la Asunción entre julio de 2008 y diciembre de 2010.

El 13 de mayo de 2009, alrededor de las trece horas, la imagen llegó a la sede parroquial procedente de la capital campechana. Fue recibida por el párroco, el vicario y un grupo de jóvenes, quienes abrieron la caja para contemplar por primera vez el rostro de la que sería proclamada patrona del lugar. Hacia las cinco de la tarde, la escultura fue trasladada a la capilla para presidir el rezo del rosario, la celebración eucarística y una procesión por las calles de la colonia. La capilla lució abarrotada y, entre la fe y la curiosidad de los vecinos, aquella jornada quedó inscrita en la memoria colectiva como un momento significativo para la comunidad.

Desde entonces, la imagen de Nuestra Señora del Socorro permanece en Lerma como recordatorio de una tradición que se remonta a los primeros agustinos llegados a México y, antes de ellos, al gesto de Santo Tomás de Villanueva en Valencia. La devoción continúa presente entre los fieles que acuden a la capilla, manteniendo vigente una práctica religiosa que forma parte de la vida comunitaria de la localidad.

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