LONDRES.- Las enormes redes de satélites que prometen internet global y mejor conectividad también están dejando una huella inesperada sobre el planeta. Científicos advierten que las llamadas “megaconstelaciones”, formadas por cientos o miles de aparatos trabajando de manera coordinada, podrían convertirse en una nueva fuente de contaminación atmosférica.
Desde 2019, estas constelaciones han crecido de forma acelerada. Actualmente ya suman más de 15,000 satélites en órbita baja y representan la mayoría de los objetos activos que rodean la Tierra. Buena parte pertenece a proyectos de internet espacial.
El problema no está solo en los satélites, sino en cómo llegan al espacio y cómo regresan. Cada lanzamiento libera gases y partículas a gran altura, mientras que las reentradas de equipos antiguos también generan residuos atmosféricos.
Uno de los elementos que más preocupa es el carbono negro, conocido como hollín. Este material absorbe la radiación solar y modifica el equilibrio térmico de la atmósfera superior. Algunos estudios estiman que las megaconstelaciones ya aportan una fracción importante del impacto climático asociado a la actividad espacial.
Además, investigadores señalan que ciertas emisiones podrían contribuir al desgaste de la capa de ozono, la barrera natural que protege a la Tierra de parte de la radiación ultravioleta.
El crecimiento previsto mantiene las alertas encendidas. Si el ritmo actual continúa, para finales de la década estas redes podrían generar cerca del 40 % de la contaminación atmosférica vinculada al sector espacial.
Por ello, la comunidad científica impulsa alternativas como combustibles menos contaminantes, satélites con mayor vida útil y regulaciones internacionales. El reto ahora es equilibrar el avance tecnológico con la protección de una región del planeta que pocas veces se considera: la atmósfera que rodea la Tierra. (Con información de RT)

