LIZETTE AGUIRRE MORLET
Es difícil entender desde la comodidad de nuestros hogares cómo es que cada uno de nosotros, todos ciudadanos de éste único planeta habitable, por lo menos hasta ahora, somos parte del aumento drástico y peligroso del calentamiento global.
¿Cómo es que yo, ama de casa, empleado, empresario, político, deportista, artista, padre y madre, maestro, estudiante, joven, niño, unos en mayor medida que otros, soy co-responsable de los incendios en Australia, o de las sequias, o del deshielo de los glaciares o del aumento de la acidez en los mares? ¡Ay, por favor! Estos son procesos del planeta, o cosas que provoca alguien más, yo no tengo nada que ver.
Andamos con vendas traslúcidas en los ojos viendo sin ver cómo el mundo que viviremos de viejos, si bien nos va, será casa sufrida de los niños, será cosa de ellos. Somos la generación que quedó en medio del avance industrial y científico del siglo XX que aún nos tocó, y de la vorágine de información y ciencia que se nos vino encima para crecer y aprender con ella. Y como tal, tenemos la responsabilidad de tomar en nuestras manos el cacho de historia que nos tocó y hacer algo con ella, hacer, accionar para bien mío y de todos, accionar para el bien común.
Desde el desarrollo industrial, somos las generaciones que más huella de carbono hemos dejado y esto, por la maravillosa idea de hacernos la vida más práctica, fácil y rápida pues todos corremos, todos tenemos mil cosas que hacer diariamente, oigo esto a cada rato, entonces por ello, se justifica, por ejemplo, que paso por mi refresco o mi jugo rápidamente porque el trabajo que realizo es muy importante, entonces puedo hacer esto y tirar una botella de estas cada día porque además trabajo para ello. La riqueza nos dio esa necesaria justificación que ha dañado al planeta contaminándolo cada vez más por nuestra “justa” necesidad de hacernos la vida más fácil.
Así de pronto, hubo un día en que todos necesitábamos el vaso de plástico o cartón con la sirena para nuestro café, o la botella de refresco o agua ultra nice que me daba estatus, porque qué oso llevar mi termo o mi toper a la oficina o mi envase retornable a la tienda si ya puedo pagarme el desechable y luego solo tirarlo, ¡qué gran invento! Y además eso de andar cargando, no gracias, no es de gente rica, pero qué crees, el planeta te carga cada día a ti y a tu montón de basura.
Cuando yo era niña, en la mayoría de los hogares mexicanos éramos más ecológicos que ahora, ricos, pobres o quimeras vivíamos con rejillas en forma de gallina para los huevos, o con las bolsas del tianguis para comprar las frutas y las verduras o con envases retornables o con nuestros lonches en topers y que además eran parte del patrimonio familiar, ¿qué nos pasó? ¿Cuándo alguien decidió que eso debía cambiar? ¿En qué nos afectaba si todos lo hacíamos como parte de nuestra realidad y pertenencia a la colectividad que nos tocó? Dirían por ahí, empezamos a progresar y ahora vemos diariamente imágenes de mares inundados de botellas de plástico y demás basura y pensamos “¡qué triste, qué gente tan sucia!”, pero seguimos comprando nuestro refresco cada día. Y encima, ahora hay videos o comerciales, diciéndote, “recoge los pets, has campaña con tus amigos para limpiar playas y calles”, pero no te dicen “ya no consumas pet”. Corresponsabilidad. No consumes, no venden. (Porque además no todo se puede reciclar). ¿Esto es el progreso?
El mundo ha vivido por miles de millones de años, ¿tú cuántos años tienes? ¿O cuántos creemos que podremos vivir? Él no nos necesita, él, como hemos visto, seguirá encontrando y dando soluciones para darte vida y mantenerse en equilibrio y vivo. Nuestra riqueza es momentánea y si no hay un planeta para vivirla y disfrutarla, dónde la viviremos, dónde presumiremos nuestro vaso, o nuestro montón de ropa o nuestra botella o nuestros muebles de la mejor madera. Porque aunque muchos recursos son renovables, la manera en como los estamos usando hace que se vuelvan cada vez más escasos y entonces provocamos que las siguientes generaciones no tengan suficientes recursos para su supervivencia. No necesitamos todo lo que creemos que necesitamos, pero si necesitamos un planeta limpio y sano porque dependemos de él. Por ello vemos cómo, en su búsqueda de equilibrio, nuestro mundo produce sargazo por ejemplo, pero entonces nosotros sufrimos cuando vamos a las playas y están llenas de sargazo podrido y mal oliente, cuando somos nosotros los que hemos aumentado la generación de dióxido de carbono y el planeta quien se encarga de buscar soluciones. Si, que bueno que recojamos nuestra basura, pero más bien, no generemos tanta. Somos una espiral, vivimos en una espiral, ¿ves?
¿Hasta dónde verdaderamente estamos dispuestos a cuidar el medio ambiente cambiando estos hábitos aunque eso implique, cargar nuestro termo de café o de agua, rellenar nuestras botellas de productos de limpieza, llevar mi envases retornable para comprar mi refresco, ofrecer en casa cerveza en vaso para no comprar tantas latas, llevar nuestros recipientes y bolsas al súper para no consumir unicel ni bolsas de plástico, servir en la fiesta en vasos y platos biodegradables o de cerámica para no contaminar más con productos de plástico de un solo uso, dejar de consumir tanta carne, usar el auto lo menos posible y sobre todo, dejar de consumirle a estas grandes transnacionales tanta basura?
Las personas que viven en los polos, ven cómo ya no pueden cazar como lo hicieron por generaciones en el hielo marino porque el deshielo se ha llevado estas plataformas, ven cómo los animales de éstas zonas han tenido que buscar su hábitat perdido o perecer, ven cómo caen grandes trozos de glaciares por el excesivo calor de la atmosfera y por ello saben que por sobre la comodidad está la supervivencia, por eso comprenden que deben vivir en equilibrio con la naturaleza para sobrevivir y que el deshielo que ellos están viendo y viviendo, nos llegará tarde o temprano a todos.
Podemos seguir solo viendo lo que pasa allá afuera, en la esquina, en otro país, en otro continente, o podemos desde nuestra trinchera tomar acción porque pertenecemos a este planeta, vivas donde vivas. Acciones hay muchas y más fáciles que las justificaciones de la comodidad innecesaria, o ¿realmente crees que tus nietos estarán cómodos con estos hábitos y sin los suficientes recursos naturales? Recuerda, debemos, tenemos que ser una sociedad sostenible.
Ya lo predecía Aldous Huxley en su libro Un mundo feliz, el futuro puede ser tan peligroso si permitimos que el poder que nos da el conocimiento, nos arrastre entre sus descubrimientos científicos y tecnológicos al querer “un mundo perfecto”. El mundo perfecto es un mundo sano y aplica para las personas y para la naturaleza.

