29 mayo, 2026
LIZETTE AGUIRRE MORLET

Ya saben, esa sensación de cuando algo te emociona, cuando haces algo que te hace sonreír y sentirte tú. Esa sensación que te hace decir ésta soy yo, esto me gusta hacer, que te hace reconocerte y saborearte, que te hace sonreírte y parar el tiempo para disfrutarte, pues te experimentas a ti misma ahí, en ese momento de expresión de tu ser.

Esos pocos momentos para algunas y muchos para otras, nos hacen recordar que estamos vivas y que en el infinito de combinaciones, tú eres ésta.

¿Sí lo has sentido? Tal vez cuando bailas y cantas sola en tu cocina o en una fiesta o en tu coche o mientras limpias tu casa, acompañada solo de la música y de tus maravillosos dones que se diluyeron en los sueños de infancia o adolescencia pero que disfrutas hoy, con cada movimiento y cada nota que cantas a todo pulmón, y sonríes y te gustas.

O tal vez cuando nadas recordando con cada brazada tus años de nadadora olímpica donde tu público era tu madre y tu juez la maestra de natación, y sientes el agua pasar por entre tu cuerpo y respiras, y sonríes y te gustas.

O tal vez cuando pintas y terminas tu cuadro o tu pintura y te fascinas por el arte que sale de tus manos y te encanta, y sonríes y te gustas.

O cuando estás haciendo spinning y vas ‘a toda velocidad’ como cuando agarrabas vuelo en tu calle y le ganabas a tus amigos porque amabas andar en bici y amas ver y sentir el poder de tu cuerpo y tu complicidad con él en la bici o haciendo abdominales o ejercicio, y sonríes y te gustas.

O cuando cocinaste algo que te quedó tan delicioso que cierras los ojos y pones todos tus sentidos solo a degustar tu magia y el recuerdo de tu abue o de tu mamá que te enseñaron esa receta y en ese instante te abrazas y las abrazas, y sonríes y te gustas.

O cuando logras un proyecto imposible en tu trabajo, algo que te traía dando vueltas la cabeza y que en un instante de lucidez, de entrega y confianza total en ti, encontró tu mano y tu mente se abrió, y sonríes y te gustas.

Qué belleza cuando tu vida está llena de estos momentos de amor interno, de orgullo por ti y por cómo eres, de apapacho cómplice a ti misma, de sonrisas tiernas a ti misma, de alegría por ser tú, por poder expresar tu ser y amarte en él y amarte en ello.

Pero muchas mujeres no se acuerdan cuándo dejaron de experimentar estos momentos de placer por ser, momentos que se congelan en un instante de amor propio y que nutren nuestra vida cada día. No supieron cuándo se les prohibió o se prohibieron a sí mismas, disfrutarse y sonreírse por lo bien que se caen, por lo bien que hacen algo, o muchas cosas, por lo bien que se está en ellas mismas, por lo bien que se siente estar vivas y ser ellas, ser uno, ser yo.

Un día alguien no nos aprobó y con ello nos coartamos a nosotras mismas, sin verlo y sin aviso. Enterramos en lo profundo el cuánto me gusta ser yo. Fragmentamos nuestra belleza y nuestros dones para ser suficiente para alguien más, cuando lo suficiente ya estaba y quien lo amaba también.

Hace poco vi la película The Wife, y me sorprendió terriblemente darme cuenta casi hasta el final de la cruda verdad que ocultamos muchas.

Dejamos pasar personas, amores, tiempo, amistades, familiares, trabajos, conocidos, desconocidos, antes de dejarnos pasar a nosotras mimas primero, antes de ser, primero y después, para estar y dar.

¿Qué compartes si no eres? Qué das a manos llenas si olvidaste darte primero estos momentos donde te descubres sonriéndote porque te amas, porque te gusta cómo eres, porque lo que eres será siempre suficiente para ti y para quien te ame, y si no es así, suelta, pues el ocultamiento de tu ser te llevará a desaparecer.

Ella no lograba entender ser, sin la intervención de él, pues un día alguien… le dijo que las mujeres no lo lograban pero que los hombres sí, entonces entregó su talento, dejó esas sonrisas de orgullo por ella misma para el escondite donde metió su amor propio y se diluyó en los días que le pasaron por encima y para gloria de otro.

La manipulación, la humillación, el maltrato pueden lograr esto, que seas sin ser, que des solo lo que el otro te permite, que hagas solo lo que se te pide, que estés sin ser. Pasa tanto y tan seguido que está en nuestra ventana o en la del vecino.

Cierra tus ojos y recuerda esa sensación, regálatela, regálasela a tus seres amados, a tus hijos, a quien te ama. Permítete realizarte personalmente, ábrele la puerta a tus dones, deja de ser invisible. Démonos el precioso regalo de vivir de a de veras y de existir siendo. Regálate la bendición que eres.

Perdón por el spoiler. Mujeres Sanando.

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