17 marzo, 2026

Carito llega a Cancún para sacudir la lucha libre exótica

Con 12 años de trayectoria y una identidad forjada a pulso; de una infancia marcada por la soledad y los mandados en el mercado al carisma que hoy enciende las arenas, eligió el Caribe mexicano para reinventarse, resistir la discriminación y demostrar que la lucha libre también se gana con corazón, disciplina y una sonrisa sobre el ring.

Por Sergio Masté

Cancún suma una figura más a su escena luchística. Carito, luchador profesional exótico, ha decidido establecerse en el Caribe mexicano con un objetivo claro: consolidarse como el mejor exótico no sólo de Quintana Roo, sino de todo México. Aunque reconoce que en la región aún faltan arenas y entrenadores que impulsen de lleno la lucha libre, asegura que el talento existe y que es momento de hacerlo visible.

En entrevista para el espacio Diálogos sin máscara, realizada en La Cocina de Brenda, Carito compartió que su relación con Cancún no es nueva. Llegó por primera vez hace cuatro años y desde entonces ha vivido entre la Ciudad de México y el sureste, hasta que recientemente tomó la decisión de quedarse de manera definitiva.

“Planeo hacer mi vida de este lado. Ya tengo casa aquí y la intención es quedarme sin dejar la lucha libre”, explicó.

Aunque como Carito suma alrededor de cuatro años, su historia en los encordados alcanza los 12. Antes de adoptar el personaje exótico, su carrera fue intermitente debido a los estudios universitarios y la falta de constancia, una etapa que —reconoce— le impidió despegar. El punto de inflexión llegó con su preparación en Bandidos Gym, donde inició la transición que cambiaría su vida profesional.

“Carito me ha dado las mayores satisfacciones de mi vida. Me ha llevado a luchar en lugares que jamás imaginé, a compartir ring con grandes figuras y a ser reconocido en vestidores llenos de estrellas”, relató.

DISCRIMINACIÓN Y RESISTENCIA

Como muchos luchadores exóticos, Carito no ha estado exento de la discriminación. Sin embargo, asegura que esas experiencias lo fortalecieron y reafirmaron su compromiso con el personaje y con una visión más amplia de la lucha libre. Hoy forma parte de una nueva generación que está redefiniendo el concepto del exótico, apostando por personajes más completos, carismáticos y preparados dentro y fuera del ring.

La historia de Carito es tan peculiar como su personaje. Su debut fue casi improvisado: con apenas 500 pesos, un vestuario armado de último momento y sin nombre definido. A segundos de salir al ring, una llamada entrante en su celular —de una amiga llamada Caroline— le dio la solución. Así nació “Caroline”, nombre con el que se presentó en sus primeras luchas. Pero fue el público quien decidió el definitivo: Carito, más corto, más cercano y más fácil de corear.

“En la lucha no sólo importa entrenar; también pensar cómo te va a gritar la gente”, explicó.

Instalado ahora en Cancún, Carito reconoce los retos del entorno, pero no pierde de vista sus metas: consolidarse en el sureste y dar el salto internacional. Para él, la lucha libre es disciplina, preparación multidisciplinaria y conexión con el público. Y en ese camino, asegura, el exótico tiene todavía mucho por decir.

DEL NIÑO SOLITARIO DE LOS MANDADOS AL EXÓTICO QUE CONQUISTA EL RING

Antes del maquillaje, los reflectores y la ovación, hubo un niño callado que aprendió a caminar solo. Carito, hoy luchador profesional exótico, no oculta que su historia comenzó entre silencios, burlas y responsabilidades tempranas que marcaron su carácter y lo empujaron a madurar antes de tiempo.

“Siempre fui muy serio, me costaba socializar, hacer amigos”, recuerda. Durante la primaria fue un niño solitario y en la secundaria, aunque empezó a integrarse, también conoció el bullying. Su mundo se reducía a casa, familia cercana y una distracción que terminaría convirtiéndose en su primer oficio: hacer mandados en el mercado.

Con apenas 10 u 11 años, Carito recorría solo las calles para ayudar a las vecinas. “Me daban 10 pesitos por mandado; juntar 30 o 40 era una millonada”, cuenta entre risas. Tanto le tomó gusto que, al salir de la escuela, tocaba puerta por puerta ofreciendo el servicio. Sin saberlo, ahí comenzó a formarse la disciplina y la responsabilidad que más tarde lo sostendrían en la lucha libre.

La pasión llegó de la mano de su abuela. En la Ciudad de México, vivía a pocas calles de la Arena Coliseo, y los fines de semana eran sagrados: lucha libre todo el día. Veían funciones de AAA, del Consejo Mundial de Lucha Libre y, por la noche, WWE por televisión.

“Mi fin de semana era ver luchas con mis abuelos”, relata. Aquella convivencia sembró una pasión que con los años se transformaría en vocación.

LO QUE LA LUCHA LE DIO… Y LO QUE ÉL LE DIO A LA LUCHA

Para Carito, la lucha libre no sólo es un trabajo: es una escuela de vida. Le dio amigos, empatía y un sentido de pertenencia. “Muchos hemos pasado por lo mismo: no tener para comer y aun así ir a entrenar. Eso crea lazos muy fuertes”, afirma.

El cariño del público es otra de sus grandes recompensas. Relata con asombro cómo personas lo reconocen en la calle, en el metro o incluso en la fila por un café. “Tú crees que nadie te ubica y de repente te piden una foto. Es algo increíble”.

A cambio, Carito asegura haberle entregado todo a la lucha libre: “Mi cuerpo, mi pasión, mi sangre, mi sudor, mis lágrimas, mi vida entera”.

DISCRIMINACIÓN DENTRO Y FUERA DEL VESTIDOR

El camino no ha sido fácil. Como exótico, Carito ha enfrentado discriminación de compañeros, promotores y comisionados. Recuerda con claridad un episodio en Torreón, donde un comisionado lo sometió a un interrogatorio exhaustivo, intentando impedirle luchar, algo que no hizo con ningún otro gladiador.

“Era muy evidente la intención”, relata. Sin embargo, su documentación estaba en regla y su profesionalismo habló por él. Subió al ring, cumplió y conquistó al público. Al final, el mismo comisionado lo felicitó. “Ahí te das cuenta de que el trabajo es el que responde”, sentencia.

Carito reconoce que fuera del ring es una persona distinta, pero inseparable del personaje. “Somos uno, pero no somos lo mismo”, explica. La diferencia está en la personalidad que emerge al cruzar la cortina, cuando la adrenalina, los nervios y la emoción toman el control.

Incluso en los peores momentos personales, asegura, el público tiene el poder de transformarlo todo. “Sales, ves a la gente emocionada y te inyectan su energía. Tu ánimo cambia”.

Esa conexión es, quizá, su mayor fortaleza. “Sé que tengo carisma, un ángel, una conexión con el público que no cualquiera tiene”, afirma sin arrogancia, pero con convicción.

Carito ya no lucha para encajar en estilos ajenos. Después de 12 años de preparación, el luchador profesional exótico entendió que su mayor fortaleza no está en el Strong Style, la lucha extrema o las influencias japonesas o americanas, sino en algo más simple y poderoso: su carisma.

“Lo que la gente quiere ver es que yo sea feliz arriba del ring”, comparte. Esa fue la lección que le dejaron profesores y mentores en la lucha libre, quienes lo convencieron de dejar de preocuparse por estilos y enfocarse en disfrutar cada función. Hoy, Carito sube al ring con una sola consigna: conectar con el público.

CANCÚN, UNA APUESTA CONSCIENTE

Aunque reconoce que el centro del país concentra la mayor infraestructura de la lucha libre, Carito decidió establecerse en Cancún, convencido de que el sureste tiene talento y futuro. Para él, Ciudad de México sigue siendo la capital luchística, con múltiples gimnasios y escuelas, pero eso no invalida el potencial de Quintana Roo.

“He conocido grandes luchadores de aquí y eso me da fe”, afirma, al mencionar a gladiadores como Big Tao Tao, Cometa Maya e Invencible Jr, a quienes reconoce por su nivel y trayectoria. Aunque acepta que las opciones de entrenamiento son más limitadas, deja claro que no piensa bajar la guardia: la preparación constante es una obligación para cualquier profesional.

“No sé en qué momento alguien puede llamarme para luchar en Estados Unidos o enfrentar a una gran estrella, y tengo que estar listo”, sentencia.

Si hay una meta que Carito identifica como pendiente, esa es la internacionalización. Luchar fuera de México es el siguiente gran paso en su carrera. Sueña con presentarse en Japón, Estados Unidos y Europa, llevando su carisma y su visión de la lucha libre a nuevas audiencias.

“Si en México la gente me adora, imagínate en Francia, Alemania o Brasil”, reflexiona. Para Carito, el objetivo no es sólo viajar, sino demostrar que el luchador exótico mexicano puede conectar con públicos de todo el mundo.

LUCHAS SOÑADAS Y RETOS PERSONALES

Entre sus sueños deportivos están los enfrentamientos mano a mano contra figuras que admira. Uno de ellos es Galeno del Mal, un choque que imagina como el contraste perfecto entre la inocencia de su personaje y la rudeza de un monstruo del ring. También desea medirse con luchadores que han sido parte de su proceso, como Superastro Junior y Carístico, buscando retos que lo hagan crecer.

Más que rivalidades largas, Carito quiere calidad: enfrentarse a lo mejor que hoy ofrece la lucha libre mexicana.

Carito no esquiva la ambición. Su meta es clara: convertirse en el exótico más grande de todos los tiempos. Sabe que el listón está alto, con referentes históricos como Pimpinela Escarlata, Cassandro, May Flower y Máximo, pero confía en que su disciplina y constancia lo pueden llevar a ese nivel.

Desde el Caribe mexicano, Carito avanza con una idea firme: para ser el número uno, primero hay que demostrarlo sobre el ring… y hacerlo con una sonrisa.

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