18 abril, 2026

Catecismos y convicciones liberales – José Juan Cervera

El siglo XIX mexicano, que hoy parece tan distante y ajeno, guarda en sus arcones más que el recuerdo de un pasado volátil. Quien esté dispuesto a escudriñar entre sus registros hallará mucho más que fuentes de información, pues junto con ellas afloran motivos de deleite insospechado y de aprendizaje perdurable. Pero es preciso mirarlos sin anteponer los prejuicios típicos de quien cree visitar únicamente rescoldos arcaicos, carentes de significación para la vida actual.

Los autores de esa centuria se dieron a la tarea de proponer una literatura nacional que recogiera los problemas acuciantes de la sociedad de su tiempo, Entre los muchos ejemplos que pueden citarse en este orden, la obra de Nicolás Pizarro Suárez (1830-1895), nacido en la capital de la república, merece ser apreciada y difundida.

Una de sus obras de intención didáctica fue el Catecismo político-constitucional, que en 1867 editó la imprenta de Ignacio Cumplido y que alcanzó una amplia circulación porque el presidente Benito Juárez decretó su obligatoriedad en las escuelas públicas del país. En él, Pizarro explicó la Carta Magna de 1857 de una manera sencilla y eficaz. En Mérida se hizo otra edición al año siguiente. En Campeche apareció una más, arreglada por Tomás Aznar Barbachano, quien cotejó en ella tres constituciones: la Federal, la del estado vecino y la de Yucatán. Pizarro También escribió un Catecismo de moral, que dio a la imprenta en 1868.

El método de referir mediante catecismos los conceptos fundamentales de numerosas materias se aplicó con frecuencia en esos años porque valiéndose de preguntas y respuestas se ofrecía una visión panorámica de los contenidos a exponer. Así, el Catecismo de la doctrina cristiana de Gerónimo de Ripalda fue muy conocido. En el plano local, el presbítero Crescencio Carrillo y Ancona hizo un Catecismo de historia y de geografía de Yucatán (1880), que también tuvo uso en los planteles educativos. Los catecismos de Pizarro fueron incluidos en el índice de libros prohibidos por la Iglesia católica para obstaculizar su influencia social.

Pizarro fue también autor de novelas, dos de ellas aparecidas en 1861. El monedero remite a la fundación de La Nueva Filadelfia, una comunidad organizada bajo los principios del socialismo utópico, al estilo de Charles Fourier. La coqueta narra el conflicto de dos medios hermanos que se enamoran de la misma mujer, quien con facilidad somete a muchos hombres haciéndolos admirar sus encantos, y sin embargo reflexiona con lucidez sobre la condición femenina en una sociedad en la que los juicios predominantes favorecen a los varones apuntalando su supremacía.

El argumento de La coqueta tiene como referencia de fondo la llegada del presidente Juárez a Veracruz en compañía de su gabinete itinerante en mayo de 1858, durante la Guerra de Reforma. Otro punto de interés es la intervención de un personaje histórico que expone su visión equilibrada de los acontecimientos políticos de la época y de las desventuras amorosas que se despliegan en la novela. Se trata de Juan Díaz Covarrubias, médico, novelista y poeta que fue ejecutado junto con otros diecinueve jóvenes en Tacubaya el 11 de abril de 1859, en uno de los múltiples abusos perpetrados por las fuerzas del conservadurismo de ese entonces.

De El monedero existe una edición crítica que elaboró Carlomagno Sol Tlachi, del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, uno de los títulos de la colección Clásicos Mexicanos (2012). En la bibliografía de Pizarro figura también el Libro espírita para niños y adultos de primera enseñanza (1879), cuyo solo título nos recuerda la fuerza del espiritismo como un movimiento que se propagó entre los grupos ilustrados de México y de otros países en el último tercio del siglo antepasado. Como puede observarse, la variedad de temas que abordó este autor destaca el propósito de encontrar nuevas formas de mejoramiento social con el impulso de los valores modernos.

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