18 abril, 2026

De repetición y utopías nos hemos hecho, no perdamos la fe. | #NoHayPLANetaB

LIZETTE AGUIRRE MORLET

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya puntualizamos que Desarrollo Sostenible es satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de los recursos para las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico del país, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. Si son estos tres puntos los que se deben cubrir para realmente hablar de un Desarrollo Sostenible, entonces este término parecería sacado de la isla maravillosa de Tomás Moro.

Todo lo que como civilización hemos logrado ha provenido, casi sin querer, de una utopía. Ay ajá, justo el término utopía significa, según cada interpretación, pero en lo general, ‘lo bueno que, por desgracia, no existe’. Pues sí, pero han ido existiendo cada tanto y cada siempre, logros, deseos o necesidades individuales o sociales que surgieron de la imaginación utópica de alguien, en busca del bien, de mejorar o de ganar más, convirtiendo las utopías en hechos y realidades, como ahora.

Hablamos ya de cuatro grandes acuerdos globales que firmaron en 2015 casi todos los países del mundo: el Acuerdo de París, el Marco de Sendai, la Agenda Addis Abeba y la Agenda 2030. En el Acuerdo de París, todas las naciones se comprometen a descarbonizar su economía. El Marco de Sendai es un conjunto de documentos y metas a las que se compromete cada nación para la gestión integral del riesgo de los desastres naturales. La Agenda Addis Abeba es el instrumento financiero de contenido presupuestario para poner en marcha todos estos planes. Y la Agenda 2030 son los 17 ODS, Objetivos de Desarrollo Sostenible, que cada país se compromete a cumplir con acciones concretas para el año 2030. Dentro de estos objetivos están por ejemplo 1.- Fin de la pobreza, 2.- Hambre Cero, 4.- Educación de calidad, 6.- Agua limpia y saneamiento, 7.- Energía asequible y no contaminante, 11.- Ciudades y Comunidades sostenibles, etcétera. Quien no encuentre la utopía en esto no ha leído bien, y aun así, las naciones firmaron, siguen las reuniones mundiales para lograr estos objetivos y en teoría cada país está a la tarea del cumplimiento de dichos compromisos.

¿Qué nos lleva, pues, a seguir utopías? La misma forma en que el ser humano ha creado su civilización. Basta con ver gobiernos injustos, selvas y bosques devastados, sociedades con riquezas tan desiguales y un mundo que crece de forma global pero amorfa, que nos surge la necesidad de un cambio, de justicia, de sobrevivencia, de ideas nuevas y como vemos, utópicas. Tal vez la Utopía de Moro no estaba tan errada pues ahora, y desde hace algunas décadas, muchos estudiosos, científicos e investigadores dicen, lo hemos estado haciendo mal y el mundo tarde o temprano nos pasará factura.

El cumplimiento de todos estos objetivos y acuerdos representa, lo que algunos países ya están empezando a ser, desarrollados más no industrializados, es decir “no basar su Producto Interno Bruto en un mayor componente industrial, lograr que la proporción de su producción manufacturera se reduzca en porcentaje en su PIB y perseguir otras fuentes de recursos materiales y humanos e integrar bienes industriales de alto componente tecnológico para optimizar su tasa de ganancia. Estos países que están logrando un mayor desarrollo, se quedan con la parte creativa, son dueños de marcas, realizan el diseño y organizan la producción. Son básicamente servicios de alto valor agregado, que son mucho más rentables, que la simple manufactura de productos. Países como Alemania o Japón, se han concentrado en las ramas más tecnológicas y avanzadas y ha perdido peso hacia el interior el sector manufacturero. La industria sigue teniendo un lugar preponderante en el desarrollo de los países, pero la relación ha cambiado”, explica el economista Jorge Romero Amado, investigador de la Universidad Politécnica del Estado de Guerrero.

El comercio mundial está dominado por multinacionales pero en países como Alemania que intenta mantener una economía basada en el desarrollo regional, las Mittelstand, o empresas pequeñas y medianas, conforman casi el 95% de la economía alemana pues son las que dominan las exportaciones del país casi en un 70%. Así que, ya que todo esto va de vender, vender, vender, pues todo el mundo vende algo, es de gran valía que cada vez más países se sumen a buscar su crecimiento económico apoyando más a sus pequeñas y medianas empresas, apostando más por la tecnología, la innovación y la preparación del recurso humano, utilizando cada vez más y en más rubros energías limpias y fomentando la responsabilidad social para el cuidado del medio ambiente en sus industrias y mejor aún, buscando el desarrollo económico con menos industrialización, reduciendo con ello sus emisiones de GEI.

Esto, tal vez en la época industrial hubiera sonado a utopía, simplemente algo imposible, pero con la realidad actual, y en esta nueva revolución no industrial, el mundo ha ido entendiendo que de seguir haciendo lo mismo, los recursos para el crecimiento se irán terminando, o más bien, iremos acabando con ellos poco a poco. Gracias al deterioro medioambiental, es que también se persiguen utopías y cada vez más ciudades, que a base del ejemplo y de la repetición a sus ciudadanos, se han sumado al desarrollo sostenible, pues si éste implica, crecimiento económico, protección al medio ambiente y bienestar social por igual, es una utopía que vale en su totalidad caminar.

Si tenemos que repetirlo en textos o documentos, lo repetiremos; si tenemos que decirle y repetirle a los gobiernos que necesita descarbonizar su economía y que debe haber, sí o sí, educación ambiental en las escuelas, lo repetiremos; si tenemos que repetirnos a nosotros mismos, ‘deja de consumir tanto productos que en realidad no necesitas’, lo repetiremos; si tenemos que repetir que debemos cuidar la flora y la fauna de nuestro planeta lo repetiremos. Si a base de repetir un estilo de vida, una forma de crecimiento económico, es que estamos así, pues es tiempo de repetirnos las cosas para accionar, reprogramar nuestra mente repitiendo ahora este nuevo aprendizaje y estos nuevos hábitos para no quedarnos sin planeta. Una coca nunca será tan necesaria como el oxígeno que respiramos.

Si se ha hablado mucho de esto, ¿será porque es necesario? Es trabajo de todos los días, para contribuir a este mundo de manera positiva, para ser parte de la solución y no del problema y ser agentes de cambio a base de repetición, acción, fe, amor y esperanza.

Los hijos de nuestros hijos tal vez ya no verán algunas de las maravillas naturales que nosotros aun vemos, pero aun así, mi profunda fe en la humanidad, me dice que podemos lograr cambios positivos, pues yo sí veo que cada día somos más los que estamos comprometidos o los que estamos iniciando este compromiso de cuidar a nuestro planeta. ¡Es mentira! Dirían muchos, mira cómo tiran basura, desperdician el agua y contaminan el aire. Mira cómo cientos de empresarios devastan la naturaleza y qué podemos hacer nosotros, si ni los ricos ni los pobres, ni los güeros o los morenos entienden que debemos cuidar la naturaleza.

Pero yo digo que sí. Mi esperanza, mi claridad, mi amor por mi especie, más que por cualquier otra, me da la visión y el entendimiento de que sí podemos. No podemos no amar nuestra propia especie, tengamos fe, aunque haya individuos nefastos, el todo se conforma con todos y mantiene la bondad de la unicidad a pesar de los individuos. Si seguimos despertando, si seguimos informándonos, leyendo, compartiendo, accionando, reciclando, cuidando, enseñando, iremos extendiendo la cadena, la red de contención, los lazos de amor y protección hacia nuestro planeta y por ende hacia nosotros mismos.

Hace poco realizaba un proyecto de ecología y alguien me decía que porqué ponía el amor como uno de los valores de la empresa y mi tutor me dijo, ese debe ser el primero. Quien procura cuidar la naturaleza, lo hace porque lo mueve el amor a los animales, a los árboles, al entorno, a sus hijos, a su propia vida, al planeta. Qué tanto de utopía tenía aquella idea de crear vacunas que salven a las personas, o del cultivo hidropónico a gran escala, o de la agricultura sustentable, o de artefactos que purifican el agua, o de combustible ecológico o de tantos avances tecnológicos que hay en la actualidad o de alguna otra imposibilidad que exista, que se les ocurra.

Nos hemos escondido tras la ignorancia, la indiferencia, la crítica, el miedo. Nos hemos escondido de nuestra responsabilidad de cuidar nuestra casa. Comunidades enteras se han escondido tras la pobreza. Avaros se han escondido tras el falso argumento de que fabrican productos que ‘necesitamos’. Políticos, presidentes y empresarios se han escondido tras su egolatría y megalomanía. Ya no quedan escondites. Cuando nos encerramos todos por la pandemia del COVID-19 descubrimos que el planeta canceló todo escondite y nos escondió a nosotros, de nosotros mismos para poder respirar.

En cierto sentido, la naturaleza fue modificando algunos de sus cambios, por el impacto antropogénico, pero ahora vemos que nosotros nos hemos tenido que adaptar a este encierro por la desestabilización que causamos nosotros mismos al planeta. Ya no hay de otra, ya no hay pa’ tras, ahora tenemos que aprender a ser resilientes y adaptarnos al cambio climático de aquí en adelante porque viene peor. No seremos todos, pero seremos muchos los que cambiemos, los que enseñemos, los que hagamos.

Another chance pidamos al planeta. No perdamos la fe de salir con nuestros enormes corazones a amar por el mundo, a amar al mundo, y si han ido haciendo pequeño ese corazón, repite esto y cree en esta utopía: él se regenerará y crecerá otra vez, como la tierra que tocan mis pies.

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