Mientras en las partes bajas de la localidad de Santa Gertrudis riegan cultivos sin medida, en las zonas altas apenas hay agua para sobrevivir. La inconsciencia de algunos habitantes está dejando sin el vital líquido a decenas de familias que, en plena temporada de estiaje, sufren sed, desesperación y abandono.
Don Francisco lo vive a diario: “A veces llega el agua… lleno cuatro cubos, empiezo una olla, luego lo paso al bote. Así llevamos el tiempo de sequía”, relata con tristeza. La poca agua que logra recolectar apenas alcanza para lo básico. A eso se suma la amarga experiencia de haber comprado agua a un “pipero” que resultó traer líquido con mal olor, quizás extraído de alguna laguna sucia. “La tuve que tirar”, confiesa, con frustración.
Cada año, la historia se repite. Y cada año, la necesidad se agudiza. En Santa Gertrudis, mientras algunos desperdician, otros sobreviven gota a gota. (Sergio Masté)

