Maestro de ceremonias en los eventos municipales más destacados desde hace casi 30 años, como director de Eventos Cívicos ha visto pasar administraciones de todos los colores partidistas; enamorado de la docencia y el deporte, considera que Cancún tiene por delante muchos años de prosperidad
Por José Pinto Casarrubias

Hombre franco que te ve a los ojos, de voz tranquila pero asertiva, quien lleva la docencia y el deporte en la sangre, enamorado de su familia y también de Cancún, donde encontró el lugar ideal para vivir desde hace casi 44 años, pues a pesar de que ha conocido muchas ciudades de sur a norte del país, fue aquí donde halló la magia que buscaba.
En su trayectoria por la administración pública ha visto desfilar a muchos presidentes municipales pero curiosamente nunca tomó el camino de la política, prefirió compartir sus conocimientos con la niñez y la juventud.

Es un gran deportista, de joven participó en varias competencias y logró importantes reconocimientos, que a la fecha sigue teniendo, aunque en otros ámbitos de la vida.
Un tekaxeño con espíritu viajero

Edgar Francisco Ruiz Novelo es originario de Tekax, Yucatán, y describe su infancia como extraordinaria y feliz, con las experiencias normales de un niño.

Es el segundo de cinco hermanos, dos varones y tres mujeres. De niño, además del colegio y desde luego su familia, su vida giraba en torno al deporte. Jugaba básquetbol, fútbol y practicaba atletismo; de hecho sostuvo muchas participaciones en diferentes competencias locales, municipales y hasta nacionales, pues siempre destacó en salto con garrocha, una disciplina no muy común, cuando las garrochas eran todavía de aluminio, y llegó a ganar dos segundos lugares en esa disciplina en Xalapa, Veracruz, y en Ciudad Victoria, Tamaulipas, hasta que dejó de competir, pero nunca ha dejado de practicar algún deporte.

En cuanto a su preparación académica, don Edgar estudió en un internado en la Escuela Normal Rural de San Diego, Tekax, que desapareció en 1969 por órdenes del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, pues los consideraba insurrectos.

“Desaparecieron como 15 escuelas normales rurales y esa que te estoy diciendo es más o menos como la de Ayotzinapa, para que te des una idea; entonces hice seis años, tres de secundaria y tres de la profesional, y al salir me mandan al estado de Chihuahua a los 21 años, buena edad para empezar a trabajar y más de frontera a frontera, porque no me quería quedar en Yucatán –al contrario del resto de mis compañeros–, pues como ya había salido a competir me gustaba viajar y conocer otros lugares. Entonces me fui a dar clases como maestro de educación primaria en la Sierra de Chihuahua”.

Recuerda que tenía que llegar en avioneta a la comunidad para dar clases, pero se adaptó sin problemas y tuvo una experiencia extraordinaria. De ahí pasó a Veracruz, porque pidió un cambio “así, como de broma”, y cuando regresó de vacaciones le dijeron que se lo habían autorizado, por lo que se fue.

“Ahí llegué a un lugar digamos más cómodo, porque podía ir en vehículo, era Colonia Domínguez, una localidad muy cercana a la cabecera municipal de Juan Rodríguez Clara, y ahí tuve la fortuna de conocer a mi esposa (Griselda Pérez Pastrana), en ese pueblito nos casamos. Trabajaba en educación primaria, pero ya estudiaba la normal superior. Durante unas vacaciones fui a la Ciudad de México a tomar un curso de secundaria por televisión, porque en aquel entonces si entrabas en ese curso te pagaban 500 pesos más y era muy buen dinero, después tuve la oportunidad de trabajar en escuelas secundarias técnicas agropecuarias, en el estado de Tabasco, en 1972”.
Estuvo dos años por allá y lo invitaron a regresar a Yucatán, donde sólo estuvo un año también impartiendo clase en secundarias, pues para ese entonces Cancún ya comenzaba a mostrarse como un extraordinario lugar natural, vino a pasear porque tenía a dos hermanos radicando aquí y le gustó. Pidió su cambio, se lo dieron, aunque no precisamente en Cancún, sino en Leona Vicario, que aún pertenecía al municipio de Benito Juárez.

Trabajó entonces en la Escuela Secundaria Técnica Agropecuaria de Leona Vicario, fue subdirector y también director, luego fue trasladado a la Escuela Secundaria Técnica Pesquera de Puerto Morelos, donde estuvo un año como director y posteriormente llegó a la Secundaria Técnica 11, la ETI, donde estuvo como director un año.
Primer delegado del Instituto Quintanarroense de la Cultura
Tuvo un cargo en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública en el área cultural, donde permaneció hasta 1983, año en que el entonces presidente municipal Joaquín González Castro lo invitó a participar en el Instituto Quintanarroense de la Cultura, de hecho fue el primer delegado de dicho instituto.
“El presidente me pidió que organizara una banda de música y entonces formamos la que hasta hoy es la banda del ayuntamiento, pero en esa época dependía del instituto y también se nos pidió hacer un grupo de teatro infantil, que se le encargó a Pilar Jufresa, quien tuvo una actividad extraordinaria con cientos de niños de diferentes comunidades, armó un grupo de teatro y montaron varias obras, también un grupo de danzas folklóricas.
“También fue levantado un teatro que actualmente es el 8 de Octubre, antes era un lugar de usos múltiples, con techo de lámina. Estuve ocho años como delegado, hasta que me reintegré a las actividades escolares, y fui director de la Secundaria Técnica Número 16”.
Posteriormente fue invitado a participar nuevamente en la administración municipal, pero ahora como director de Eventos Cívicos en 1990, cuando estaba como presidente municipal Arturo Contreras Castillo, y ahí permanece hasta la fecha, aunque recuerda entre risas que en un par de ocasiones los presidentes municipales decidieron designar a otro director, pero él se mantenía en las mismas oficinas, los otros se iban y lo volvían a nombrar director.
“Creo que una de las cosas que me han consolidado en esta actividad es la maestría de ceremonias, ser maestro de ceremonias me ha dado una gran oportunidad para seguir en la administración pública municipal, porque a la gente le ha gustado, a mí me gusta hacerlo y siempre me llaman, considero que esa es una de las caras bonitas que tiene el ayuntamiento y cualquier institución, pues un buen maestro de ceremonias resalta bastante las actividades”.
Concursó para el Himno de Quintana Roo

Entre 1983 y 1995 se mantuvo muy activo en el aspecto cultural, pues participó como compositor de letra y música en el concurso para elegir el himno a Quintana Roo y aunque no ganó se quedó con una gran satisfacción, tanto así que a la fecha conserva la canción y la usa en algunos eventos, la denominó ‘Canto a Quintana Roo’. También incursionó en el ajedrez, fue presidente de la Asociación Estatal de Ajedrez por espacio de 12 años, además de otras actividades (eventos, torneos) siempre vinculadas con la juventud, con la niñez y con la enseñanza por su trabajo en la SEP, en el área cultural.

Edgar Ruiz Novelo ya está próximo a cumplir 44 años en Cancún que en abril cumplirá 50 siendo aún una ciudad muy joven, pero con algunas problemáticas de ciudad adulta, pero para él Cancún sigue siendo una ciudad maravillosa en la que originalmente no pensaba vivir, pero cuando la conoció se enamoró por la magia que despedía, por su naturaleza y su singular belleza.
“Llegabas muy fácil a la playa, la gente te conocía y te saludaba, aquello que dicen de que dormías con la puerta abierta no era precisamente así, pero había mucha más confianza, ha cambiado, sí, pero este lugar sigue siendo muy hermoso, es extraordinario.
“Entonces la gente empezó a venir y fue un boom tremendo, cuando nos abatió el huracán Gilberto pensé que se iba a ir mucha gente, pero no: llegó más y de 1990 en adelante el boom siguió, se pobló Cancún de manera impresionante, pero también desmesuradamente y ahora, como hay mucha gente y muchas necesidades, en ocasiones a las autoridades no les da tiempo de satisfacerlas todas, y yo he visto eso en prácticamente todas las administraciones. Todo mundo hace lo que tiene que hacer, pero las necesidades nos van ganando siempre y como estamos inmersos en una ciudad muy nueva, esa integración que debemos de tener no se ha logrado totalmente, porque se tiene que dar de manera paulatina y así ir alcanzando nuestra identidad que considero apenas se está formando, pues es una ciudad nueva aunque parezca de más años.
“Creo que estamos corrigiendo algunos detalles y fortaleciendo la participación de los ciudadanos, integrándolos, haciendo suyo el entorno, conviviendo y responsabilizándonos de todas las actividades que hacemos todos los que vivimos aquí crecerá nuestro municipio de manera más segura”.
Recuerda además distintas anécdotas con exalumnos que hoy son profesionistas y que lo recuerdan con cariño, también se ha encontrado con gente que convivió con él en la Casa del Estudiante Yucateco, cuando estuvo en la Ciudad de México tomando su curso y su memoria regresa a esa época y recuerda las noches interminables de cuentos y “voladas”, como las llama.

Si bien ha visto pasar a muchos alcaldes desde que está en el ayuntamiento de Cancún, asegura que a todos los recuerda de manera muy especial, aunque se detiene un momento y habla de Joaquín González Castro quien originalmente lo invitó a trabajar en la administración pública, además de que previamente se conocieron en el ajedrez y en el tenis e hicieron migas.
“Y también a la profesora Magaly Achach, trabajó con nosotros en Leona Vicario y eso me permitía tener mayor acercamiento con ella, cuando platicaba y estaba yo cerca, siempre me involucraba en la charla y son detalles que no se olvidan, pero prácticamente con todos los presidentes municipales me he llevado bien, actualmente le agradezco mucho a la presidenta Mara Lezama la oportunidad que me dio de continuar en el cargo, pues ya tengo 73 años y a lo mejor sean uno o dos años más que me puedan aguantar”.
Y es que naturalmente ya pasa por su cabeza el tema de la jubilación en el ayuntamiento, donde ha vivido de todo y ha conocido a mucha gente que siempre los saluda con cariño por su sencillez.

–¿Cómo ve a Cancún en 10 años o cómo le gustaría verlo?
“Pues ya consolidado, con una identidad propia y con una gran participación de la gente, así lo veo; ¿por qué?, pues porque las circunstancias difíciles por las que estamos pasando en esta época actual no van a tardar, como dice el dicho popular, ‘no hay mal que dure 100 años’ y creo que con base en la tecnología que hay y lo que se está dando, vienen cambios y vamos a estar mejor. Creo que lo único que nos haría falta es fortalecer un poco más el tema de la seguridad ciudadana y hacia adelante”.

Entre sus hobbies, además de la lectura, el ajedrez y el tenis que practica constantemente, le gusta hacer crucigramas. Su comida favorita es el relleno negro y el escabeche, tiene dos hijos, Patsy de Alba y Francisco Vladimir Ruiz Pérez.
Para concluir, no hay que dejar pasar el hecho de que don Edgar no es ajeno a la actividad periodística, pues su padre fue director de un periódico en su natal Yucatán que se llamó La Voz del Sur y él desde pequeño se involucró en las actividades propias del diario, desde venderlo hasta tomar nota de algunos acontecimientos.

“Esto me da mucho gusto contártelo, porque el amor por el periodismo es una herencia que tenemos en la familia Ruiz”.

