EL BESTIARIO
SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY
La corrupción, el nuevo bandolerismo del siglo XXI. Los políticos asaltan las instituciones como antiguamente los bandidos asaltaban las diligencias en los caminos. La derecha y sus ‘yuppies’ comienzan a temer a la Guardia Civil en España, la Interpol busca y captura a los gobernadores de la Generación X, Baby Boomers y casi Millennials en México…
La vida no sigue igual, a pesar de lo que cantaba Julio Iglesias, el ‘viejo’ de Enrique Iglesias, el de los sencillos ‘Bailando’, ‘Duele el corazón’, ‘Hero’, ‘I like it’, ‘Súbeme la radio’, ‘Tonight I’m lovin you’ y ‘Bailamos’… Como su nombre y apodo no indican, ‘La Benemérita’ es un cuerpo militar, creado por el duque de Ahumada en 1844 para preservar la seguridad de los caminos y combatir el bandolerismo, que en mitad del siglo XIX infestaba el territorio nacional de Celtiberia Show. Desde su fundación hasta hoy, se ha adaptado con proverbial lealtad a todos los regímenes establecidos, incluida la Segunda República durante la Guerra Civil, y esta fidelidad ha hecho que fuera utilizada en muchas ocasiones para aplastar con extremada dureza cualquier brote de rebeldía frente al poder constituido. El miedo a la Guardia Civil está inscrito como un sello indeleble en el inconsciente de los españoles. Estuvieras dentro o fuera de la ley, vislumbrar de lejos en los caminos rurales de España las siluetas de una pareja con tricornio, capote y naranjero fue durante mucho tiempo siempre un mal trago. Puede que la derecha, gente de orden, la amara, pero muchos españoles de izquierdas la odiaban por llevarla asociada a episodios de la historia ibérica más negra, hasta el día en que este odio o temor comenzó a ser atemperado por el respeto que inspiraban sus motoristas en la carretera o su ejemplo en operaciones de salvamento en las que arriesgaban sus vidas.
Ante cualquier desorden siempre hay alguien que exclama: ¡Esto solo lo arregla la Guardia Civil! En eso estamos. La corrupción es hoy tan asfixiante como lo fue la plaga del viejo bandolerismo del siglo XIX. Los políticos corruptos asaltan las instituciones como antiguamente los bandidos asaltaban las diligencias en los caminos, y parece que de ellos ya solo puede librarnos de nuevo esta Guardia Civil del UCO, altamente tecnificada. Ahí la tienes sacando mierda a destajo todos los días para llevarla a los jueces en una operación de salvamento nacional. Si la derecha también ha comenzado a temer a la Guardia Civil, se acabó la fiesta. La Unidad Central Operativa (UCO) es el órgano central del servicio de Policía Judicial de la Guardia Civil de España, encargado de la investigación y persecución de las más graves formas de delincuencia y crimen organizado, ya sea nacional o internacional, así como del apoyo a Unidades Territoriales de Policía… La Guardia Nacional de México es lo más parecido al cuerpo policial español el que tenía un lema en todos los cuartelillos: ‘Todo por la Patria’. Su principal función es la de proporcionar seguridad pública a los Estados Unidos Mexicanos. Fue creada por decreto en el Diario Oficial de la Federación el 26 de marzo de 2019, como parte de la estrategia del presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir la delincuencia organizada en el país.
Hablemos de política estatal con ‘label’ en nuestro Quintana Roo. Las ostras y sus parientes caribeños, los ostiones, son moluscos bivalvos que filtran más de mil litros de agua al día. Otro tanto sucede con los mejillones y almejas cultivados en las bateas. Estos moluscos encerrados cada uno en su propio caparazón están unidos por la misma corriente marina que atraviesa sus cuerpos y deja en ellos el plancton microscópico con que se alimentan. A menudo sucede que por sus entrañas discurre agua contaminada, y en este caso, si no es correctamente filtrada, quien consuma estas ostras, ostiones, mejillones y almejas se expone a una grave intoxicación. Filtrar o no filtrar, he aquí una propiedad de los moluscos y de algunos políticos de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal, Isla Mujeres, Cozumel… Ya se sabe que este país, que se mueve entre el pesimismo histórico y el triunfalismo desaforado, está lleno de magníficas individualidades en el campo de la ciencia, de la medicina, del arte internacional, del deporte de élite, de las empresas constructoras y, por otra parte, la mayoría de sus ciudadanos corrientes constituyen un ejemplo de solidaridad, de alegría de vivir y de resistencia ante la adversidad. Pero sucede que tan nobles ciudadanos se ven obligados a tragarse una enorme cantidad de toxinas, que a cada hora generan las redes sociales amén de los medios de comunicación. Si los casos de corrupción atraviesan día y noche sin parar, como una corriente fétida, el cuerpo social, ¿no seremos los ciudadanos anónimos como los mejillones y almejas colgados de las bateas, incapaces de filtrar tanta basura política, y nos hemos quedado sin capacidad de respuesta, humildes intoxicados siempre dispuestos a consumir, pese a todo, una y otra vez las mismas ostiones podridos? Estamos en momentos electorales y recibimos ‘remitidos publicitarios’, pagados o no, de unas élites corruptas, sin que la Justicia se moleste en investigarlos.
El ideal de la Política es la Justicia, entendida como la concreción en términos de equidad, de la distribución igualitaria de bienes y derechos, según las necesidades y esfuerzos de cada uno, y de acuerdo a determinado modelo social. Platón definió a la Justicia como el dar a cada cual lo que le pertenece, y Ulpiano, jurista romano, la reiteró en sus preceptos fundamentales, como la perpetua y constante voluntad de otorgar lo que le corresponde a cada uno. La Justicia es un valor, un ideal a alcanzar y varía de acuerdo al tiempo y al lugar. Obtener territorios por conquista fue considerado justo en épocas precedentes, como también lo fue la esclavitud; e incluso determinar lo que a cada uno le corresponde, no es una tarea demasiado fácil, aún para los sabios o prudentes, a los que se refería Platón. Esta es la justicia distributiva, a la que Aristóteles añade la Justicia correctiva, actualmente impuesta a través del Poder Judicial, que implica restablecer a través de un castigo, la Justicia, cuando alguien voluntariamente ha perjudicado a otro violando lo que le corresponde a cada uno. Por ejemplo, el ladrón al quitarle a otro lo que le pertenece, le priva de lo que le corresponde, y él se enriquece con algo que no le corresponde, y que debe restituir, más la aplicación de la pena correspondiente, para que la Justicia vuelva a regir. Aristóteles, que atribuyó al hombre la característica de animal político, asumió que el fin es lograr una convivencia justa dentro de la polis.
En mis tiempos de estudiante en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad del País Vasco, en Bilbao, España, recuerdo a un profesor gallego del pueblo de Allariz, Orense, quien en plena fiebre del marxismo leninismo en Europa, era valiente y capaz, al igual que Albert Camus, el autor de ‘El Extranjero’ y ‘La Peste’, de cuestionar las consignas internacionalistas que emanaban de Moscú la otra ‘madre patria’, la extinta Unión Soviética. “¿Saben Ustedes cuál fue la gran aportación de ‘El Manifiesto Comunista’ escrito por Carlos Marx y Federico Engels, cuya misión era proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual? Hasta 1848, los libros antiguos nos narraban la entrega al profeta Moisés por parte de Dios de unas tablas con Diez Mandamientos. El séptimo de ellos decía escueta pero muy claramente ‘No robarás’. A partir de ‘El Manifiesto Comunista’ desaparece el robo, siendo sustituido por decomiso social…”. Los antiguos bandoleros evocaban la figura de Robin Hood, un arquetípico héroe y forajido del folclore inglés medieval. Inspirado por Ghino di Tacco y en honor a un hombre llamado Robin Longstride o Robin de Locksley, quien era de gran corazón y vivía fuera de la ley, escondido en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Repartía sus botines con los pobres. No sabemos si el espíritu de Robin Hood se instaló en los corazones de los gobernadores priistas y panistas… ¿De qué se carcajeaban Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto…?
Cancún es todavía una ciudad habitable, sus vecinos no se comportan como los políticos disociados. Si los científicos se dedicaran a desacreditar los descubrimientos que realizan otros equipos de investigación y por principio solo aceptaran los avances de la ciencia que salen de su propio laboratorio, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la ideología, ¿no estaría la ciencia todavía en poder de la fe o incluso de la Inquisición? En psicología, el término disociación describe una amplia variedad de experiencias que pueden ir desde un leve distanciamiento del ambiente circundante hasta distanciamientos más graves de la experiencia física y emocional. La principal característica de todos los fenómenos disociativos consiste en el distanciamiento de la realidad, en contraste con la pérdida de la realidad, como ocurre en la psicosis. Las experiencias disociativas se caracterizan además por la presencia de una variedad de construcciones mentales maladaptativas en la capacidad imaginativa natural de la persona. Sigmund Freud, un médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX consideró la disociación como un comportamiento de la psique aprendido durante la infancia, se creía antes que las personas que permanecían en un estado pre-edípico, presentaban trastornos disociativos debido a la disruptiva entre el resentimiento e impotencia de la imagen de autoridad y el sentimiento protector que estos mismos dan. Si los médicos en lugar de curar enfermos, se pasaran el día metiéndose zancadillas mutuamente por los pasillos del hospital y cada uno pusiera en duda la honestidad y la competencia de otros colegas, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con sus adversarios, ¿acaso no causaría terror ponerse en sus manos? Si los farmacéuticos proclamaran que las medicinas que expende la farmacia de la otra esquina pueden causar daños irreparables a la salud, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el programa de otros partidos, ¿quién sería el estúpido que les confiara una receta?
Si los maestros, lejos de transmitir un conocimiento libre y sosegado, optaran por envenenar el cerebro de los alumnos con bajas pasiones, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el patriotismo, ¿no estaríamos todavía en la caverna? Si los tenderos en lugar de vender sus mercancías a un precio razonable, se pasaran el día de juzgado en juzgado, de cárcel en cárcel, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la corrupción, ¿no sería el comercio lo más parecido a una escuela de malhechores? Si un empresario se viera obligado a aceptar a un ejecutivo cuyo talento fuera similar al de la mayoría de nuestros políticos, ¿no estaría temblando ante la probable quiebra de su negocio? Por fortuna Cancún es todavía una ciudad habitable al igual que el resto de los municipios de Quintana Roo y de México gracias a que los científicos, médicos, maestros, empresarios, comerciales, dueños de abarrotes, sacerdotes y obispos… no se comportan como los políticos, disociados en su mayoría.
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