Edgar Prz

“Se solicitan jóvenes con disponibilidad de tiempo y ganas de salir adelante. No se requiere experiencia. Trabajo fácil y bien remunerado en la Riviera Maya. Contáctanos. Es tu oportunidad…”

Así decía el anuncio que circuló en días pasados en las redes sociales, dirigido a ciudades del sur de Yucatán: Peto, Oxkutzcab, Ticul, Tekax. Lugares donde las oportunidades laborales son escasas; no hay industrias ni muchas fuentes de empleo. Si quieres triunfar, tienes que salir de tu pueblo. Ese añejo comentario sigue teniendo vigencia.

Varios jóvenes se motivaron al enterarse del anuncio; la vida es muy difícil en esas ciudades. Antes muchos se atrevían a aventurarse al sueño americano. El que esto escribe tiene parientes en el condado de Marín, cerca de San Francisco, California. Cruzaron como mojados y están atravesando tiempos duros por la política laboral y migratoria de Donald Trump. Ante este panorama, los jóvenes yucatecos miran hacia Quintana Roo, concretamente Tulum y Playa del Carmen. La invitación laboral sonaba tentadora, más por las fechas decembrinas, donde no deben faltar los regalos y los estrenos.

Joel y Pedro eran dos primos que vivían en Tekax, en la colonia San Ignacio, cerca de la Ermita. Tenían una diferencia en edad de tres años: Joel 15 y Pedro 18, con estudios truncos de secundaria. Eran jóvenes, adolescentes que apenas gozaban de su pubertad. Se habían enfrentado a la vida productiva haciendo “talacha”; le metían a todas las chambas. Ahora eran operadores de tricitaxis y mototaxis, debían liquidar al patrón: Joel 150 y Pedro un promedio de 250 pesos diarios. Solo que en Tekax circulan cerca de 400 tricitaxis y 600 mototaxis, más los taxis de sitio; era una competencia muy fuerte y sus ganancias eran mínimas para todo el trabajo que hacían.

Se enteraron del anuncio y, animados, les dijeron a sus familias que viajarían a dar la vuelta a Tulum para checar la chamba y así poder trabajar para apoyar a sus familias. El 27 de octubre salieron de Tekax para encontrarse con su nueva realidad. Su contacto les dijo que la chamba era en la construcción; por su edad serían contratados como “chalanes de albañil”. Esa información compartieron a sus familiares. Después, en los días siguientes, hubo silencio: ningún saludo, ninguna pregunta, nada. No se supo más de ellos. Los familiares al principio no sospecharon; pensaron que, por su trabajo, no se reportaban, acostumbrados a que así sucedía.

Solo que los días pasaban y empezó a generarse inquietud, dudas, surgían interrogantes. Los papás de ambos muchachos se frecuentaban: ¿si alguno se había reportado? ¿Qué sabían de ellos? Nada, no había señales, solo silencio. Ante esto, acudieron a la Fiscalía yucateca a reportar su desaparición; de inmediato se activó la Alerta Amber para su búsqueda y localización.

La madrugada del 9 de noviembre se reportó el asesinato de “un masculino entre 15 y 20 años” en las inmediaciones de un establecimiento de la zona costera de Tulum. El joven se encontraba en calidad de desconocido; había recibido tres impactos de arma de fuego: en el cuello, tórax y pulgar derecho. La causa de la muerte fue traumatismo penetrante torácico. Había desfasamiento por las fechas; mientras los papás denunciaban, Joel ya había perdido la vida, pero no lo sabían. El móvil, dijeron las autoridades, estaría relacionado con disputas por la venta de estupefacientes, ya que presuntamente servía a un grupo contrario.

Así trágicamente acabaron con la ilusión de Joel, casi un niño que desconocía el mundo real al que había entrado, motivado por ganarse un dinero para ayudar a su familia.

Esta historia es real, aunque parezca ficticia, qué tan cerca está la maldad de la verdad. ¿Qué pasa con nuestra sociedad que está acabando con su futuro, que está negando la oportunidad del florecimiento de una vida? Casos como este no se daban en estas zonas; no había tales niveles delincuenciales, no había estos escenarios que más huelen a tragedia que a felicidad. Ahora una familia llora a su hijo, extraña su presencia; salió de su casa con una sonrisa, con una ilusión, y regresa en un féretro, causando llanto, dolor y tristeza. A veces la vida es cruel.

Hay que vigilar más las invitaciones laborales y agencias de reclutamiento; muchas son mentiras. Te venden un mundo de color rosa y al final el infierno es el destino. Urge que la policía cibernética opere y deje de simular, aparentar que actúa. Hay que proteger a lo más sagrado de un país: a los jóvenes. Hay que darles seguridad y protección, sembrarles confianza para desarrollarse y no miedo, como está sucediendo. Esta es una llamada de atención para los padres: hay que tener más cuidado con los hijos, observarlos y apoyarlos, aunque la necesidad es una víbora que devora lentamente.

Ahora, Joel fue una víctima más. ¿Cuántas faltarán para que las autoridades tomen cartas en el asunto? Faltan estrategias laborales, faltan políticas proteccionistas, falta que la autoridad recuerde que también es parte de la sociedad y que juntas podrían ayudar a construir un mundo mejor, ¿no lo cree usted?

Joel murió en “busca de un sueño”…

Mejor seguiré caminando y cantando, una verdadera joya de Louis Armstrong: “Veo árboles verdes, risas, carmesí, flores para ti y para mí, y me pongo a pensar: ‘qué maravilloso mundo’. Veo el cielo azul al amanecer, se viste de negro al atardecer, y me pongo a pensar: ‘qué maravilloso mundo’…”

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