Ya los periodistas…lo saben, lo saben/ Los conservadores… lo saben, lo saben/ Todos los panistas… lo saben, lo saben.
Y así como en las estrofas de aquella vieja melodía de La Sonora Santanera llamada “La boa”, que mencionan a todos los que “lo saben”, podríamos seguir incluyendo en la lista a todos aquellos que están disgustados con Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de transformación del país. Que el documento atribuido a un presunto “Bloque Opositor Amplio” (BOA), sea real o ficticio poco importa; lo que todos aquellos incluidos en él, “lo saben, lo saben”, es que si no le “echan montón”, poco podrán hacer frente a lo que representa electoralmente AMLO y sus seguidores.
Insisto, ya sea que los desafectos se atrevieran a dejar por escrito sus intenciones o que sea un artilugio para que se abra la discusión, lo importante son los efectos. Este asunto, algunos podrían considerarlo cercano a una “post-verdad”, lo que Wikipedia define como “la distorsión deliberada de la realidad en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, con el fin de crear y modelar la opinión pública…”.
Post-verdad o “compló” (sic), lo que no cabe duda es que la mayoría de los mencionados en el famoso manifiesto, con gusto participarían en un proyecto para acabar con la 4T y su principal representante. Porque después de oír que Héctor Aguilar Camín deja a un lado su excelente prosa vertida en tantas obras, para llamar “pendejo y petulante” al Presidente de la República, cualquier cosa puede pasar. Que Loret de Mola se sume al proyecto al igual que Brozo, no tiene nada de raro, aunque aquí sería difícil decir quién de los dos es el “patiño”. Ni que decir de la Coparmex, cuyo dirigente Gustavo de Hoyos, acude al Rey de España para quejarse de la política económica de López Obrador; algo así como un “remake” de la petición que hiciera Gutiérrez de Estrada en nombre de los conservadores al emperador Napoleón para que enviara un príncipe a gobernar México. Y para qué seguir revisando los nombres de algunos implicados. Ni dudarlo en el caso del PAN y del Grupo Femsa, este último que siente “pasos en la azotea” por el etiquetado frontal y otras medidas para mitigar “la otra pandemia”: la de obesidad, hipertensión y diabetes que propician sus productos.
Que el gobernador de Yucatán se sume, aunque tibiamente, se explica por su intención de ser candidato presidencial del partido blanquiazul. Que el “mussolini” tapatío, Enrique Alfaro, del brazo de Dante Delgado, el de la “Divina Comedia” ciudadana, aprovechen para llevar “agua a su molino”, es natural. Por lo contrario es poco probable que el PRI se incluya en un proyecto claramente de derecha, echando por la borda lo positivo de su pasado, el nacionalismo revolucionario. Mención especial puedo hacer del gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín, más preocupado en resolver la crisis sanitaria y su consecuencia económica que participar en asonadas y proyectos golpistas.
A final de cuentas, lo que es obvio es que López Obrador volvió a “fijar la agenda” en los medios de información. Pero también mandó “entre líneas” el mensaje a sus partidarios de que no hay que confiarse y así como los opositores al cambio se pueden organizar en un Bloque Opositor Amplio (BOA), los que lo defienden pueden formar un Frente Amplio Progresista que impida el regreso a un pasado del que nadie puede estar orgulloso.

