El caso Lozoya pasará a la historia como el más podrido, como el más perverso, como el más hediondo y sobre todo, como el más antidemocrático.
Es increíble la forma en que se ha manipulado este caso y de frente a todos los mexicanos, quienes así, sin chistar, permitimos que traigan del extranjero a un presunto delincuente, inmiscuido en uno de los asuntos más escandalosamente corruptos de la era moderna para dejarlo ir, luego de hacerlo cantar como jilguero.

¿Dónde está la justicia? ¿Dónde el estado Derecho? ¿En cuál de todas las realidades nos encontramos en este país de fantasía? De la fantasía mala, claro.
Vamos por partes. Primero localizan al ex director de Pemex en España. “Uf -pensamos todos- ya lo van a atorar”. Y todo parecía que así sería, al iniciar su repatriación, al traerlo al país.
Sin embargo, todo empezó a descomponerse y a tratarse de un juego digno de Alfred Hitchcock, de algo de suspenso, fuera de toda realidad, de toda normalidad. Llegó al país y de ahí al hospital sin que existiera rasgo alguno de ningún padecimiento ni aquí ni en el país europeo, menos aún la orden de un juez para que sea trasladado al nosocomio.
Toda una burla para la FGR, para el debido proceso y toda una exhibición al Poder Judicial Federal.
Luego se supo que toda este desmadre obedecía a que el ex director de Pemex iba a ser cuestionado, que lo iban a hacer cantar y que, si obedecía, la “justicia” lo iba a premiar -cuando en realidad la justicia fue lo primero que se pasaron por los gemelos-.
Emilio Lozoya salió del hospital y enfrenta el proceso judicial por los delitos de operación con recursos de procedencia ilícita, delincuencia organizada y cohecho en libertad condicionada y con brazalete de localización, en una tragicomedia en la que hasta Florence Cassez se quedaría atónita.
Por lo pronto hoy vemos que al tranza de Odebrecht le fue “de pelos” -como dice hoy la chaviza-, sin olvidar, of course, que Rosario Robles -ex titular de Sedesol- no tuvo los mismos privilegios, y sigue tras las rejas, producto de una añeja venganza de la 4T.
Y por supuesto, el juicio de Lozoya “será un hito en la historia de México”, como lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien llamó al pueblo de México a estar pendiente de todo el juicio, “que no sea nada más un asunto de tribunales, que sea un asunto de un tribunal ciudadano, popular”, planteó.
¿Asunto de un tribunal ciudadano popular? ¿Qué madre es eso? Ni él lo sabe.
Bueno, el caso es que esto sólo le sirve al Presidente para sus truculentas maniobras antidemocráticas. El objetivo es claro: “Ponerle un pie en la garganta a todos, y todos me refiero a todos aquellos que se atrevan a mover un dedo sin su consentimiento, con la amenaza de sacarle un expediente de la chistera de nombre Odebrecht y de apellido Lozoya. (Léase un diario de HOY de escasa circulación)
A ver quién chingaos se atreve.
Y toda esta asquerosidad de frente a los mexicanos.
Pobre país, en el autoritarismo total cúmplale al país la mafia del poder deber estar en la cárcel. Quiero verlo; tiempo al tiempo.

