29 mayo, 2026

Familias violentadas, familias confinadas | #MujeresSanando

LIZETTE AGUIRRE MORLET

Aumenta violencia doméstica por aislamiento por Covid-19”. Encabezados como estos vemos en todo el mundo dada la situación. Pero en nuestro país no se ha tomado con la importancia necesaria. Somos un pueblo que se ha acostumbrado a tapar el sol con un dedo, a no hablar de las cosas incómodas, a no demostrar que algo duele, a vivir realidades de mentiras porque las verdaderas duelen, a soportar y callar, a ver y no hacer. Y por ello, así seguimos sin poner este y muchos otros temas en la agenda pública.

Cuando se estaba planeando el paro nacional de mujeres diario se hablaba de ello, en todas las redes, en todos los noticieros, incluso muchas empresas con o sin intereses se alinearon al movimiento, dando o no permisos o apoyo a sus empleadas, pero hablaron del tema, sacaron comunicados, algunas hicieron paneles y conferencias sobre estos temas, se hicieron playeras posters con logos y colores apoyando, las redes se llenaron de discusiones y luego… nada, se hizo el paro y fin de la discusión.

Por algo en particular, al hablar de temas de violencia contra la mujer o violencia doméstica ejercida tanto para hombres, mujeres o niños, solemos chiflar y voltear la mirada. En todo el mundo, muchas culturas han crecido bajo el discurso machista que permanece en silencio por ejercer violencia contra otro o por sufrirla. Vemos, vivimos, callamos y seguimos. Uno de los objetivos del paro era justamente ayudar a bajar los niveles de violencia en nuestro país. Acto seguido aparece el coronavirus, sin restar importancia en absoluto claro, y los medios encontraron sus nuevos titulares. Simplemente se dejó de hablar del tema, de un tema que lleva años arrastrando generaciones en el mundo, pero que pareciera no es tan importante.

En medio del debate sobre la violencia en nuestro país, entramos en esta vorágine de información de esta enfermedad, de dudas, de miedos, de incredulidad al ver cómo nuestra cotidianeidad se amoldaba a este raro molde, histórico y mundial, que nos obligó a mantenernos confinados y aislados por nuestro bien y el de los demás en nuestras casas, donde probablemente estuviera el agresor.

Era primordial mantenernos aislados en casa, para no aumentar los contagios, y si ya había violencia dentro, ahora tristemente habría más. No podemos minimizar este tema sólo porque tal vez nosotros no la vivamos, pues si hay violencia en una casa, esta saldrá a la sociedad afectando a entornos más grandes. Intentemos ser compasivos y empáticos, pues los hijos sufren el estrés de sus padres; las esposas aguantan golpes de frustración del marido sin trabajo, el marido bajo presión busca soluciones escondiendo o sacando su preocupación, sociedades enteras se han sumido en la incertidumbre mientras buscan avanzar en esta nueva realidad.

El estrés generado por la falta de dinero, por no poder salir de casa y por los miedos que trajo consigo esta pandemia nos ha mantenido en alerta. La angustia de las madres y los padres al ver el mundo paralizado, la economía detenida, la pérdida de empleos, las escuelas cerradas y la urgencia de cambiar viejos malos hábitos se sumó a tratar de mantener la cordura para poder contener a los hijos, pues los niños, en medio de su mundo de juegos o de su adolescencia, también han sufrido con este aislamiento. Este momento histórico que nos tocó vivir nos ha puesto frente al espejo como especie, como hombres y mujeres, como madres y padres. Nos ha dado en las narices con lecciones tan básicas como el convivir en armonía entre nosotros mismos y con nuestro entorno.

Miles de llamadas por violencia doméstica se han realizado a los números de emergencia y mismos presidentes diciendo que son falsas. Con pandemia o no, ya en nuestro país sabemos que hay un alto índice de violencia intrafamiliar. Así que era de esperarse que con esta cuarentena se agravara la situación. Ojalá entendamos que la protección y cuidado de los niños y adolescentes (plural) debe ser una prioridad nacional, porque de eso dependerá que en el futuro haya una real disminución de la violencia en nuestro país.

Por ello en el presente no debemos seguir minimizando el problema, pues para que se solucione debemos visibilizarlo para poder conocer su real dimensión y gravedad. Por eso la importancia de la participación ciudadana, de los medios de comunicación, de las opiniones del presidente y del actuar de las autoridades, del esfuerzo de los padres para no generar violencia en sus casas y de la comprensión y empatía de todos.

Hagamos resonancia a la demanda de ayuda de las personas que sufren de violencia. Niños, adolescentes, madres o padres que se atreven a hablar y a pedir ayuda. Hagamos resonancia manteniendo en la agenda pública el tema que se ha agravado en esta contingencia sanitaria. Vivir en hogares seguros, amorosos y libres de violencia impacta en el desarrollo emocional, cognitivo, físico y social de los niños, niños que serán los futuros agresores, o no.

De seguir minimizando el tema, seremos una sociedad de familias confinadas, aun cuando podamos ya salir de la cuarentena, pues lo que en realidad nos encierra y confina generaciones enteras al sufrimiento es la violencia.

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