GERARDO RUIZ

Cada enero se recuerda a Martin Luther King Jr., (15 de enero de 1929 – 4 de abril de 1968) como si su sueño ya se hubiera cumplido. Como si bastara repetir I have a dream para tranquilizar conciencias y dar por resuelta la deuda histórica con la dignidad humana.

Pero si hoy Martin Luther King pudiera ver lo que yo escucho, quizá tendría que agregar una frase incómoda a su discurso: I have a dream… but it turned into a nightmare.

King soñó con igualdad ante la ley, no con simulación jurídica.

Soñó con justicia, no con discursos vacíos ni con instituciones que repiten palabras nobles mientras practican exclusión cotidiana.

Soñó con libertad, no con sistemas que toleran la discriminación siempre que sea “legal”, “administrativa” o “normalizada”.

“La libertad nunca es concedida voluntariamente por el opresor; debe ser exigida por el oprimido.”

—Martin Luther King Jr.

En pleno siglo XXI, esa frase sigue siendo incómodamente vigente en México.

Cambiamos de siglas, de narrativas y de personajes, pero no siempre de lógica.

Seguimos esperando que la libertad llegue como concesión del poder, cuando en realidad solo estamos cambiando de amo.

El problema no es que el sueño fuera ingenuo.

El problema es que muchos lo convirtieron en mercancía moral: se honra a King un día al año, pero se ignora su mensaje los otros 364 días.

Hoy el sueño se vuelve pesadilla cuando la ley existe, pero no protege;

cuando el orden se impone sin justicia;

cuando la igualdad se proclama, pero no se garantiza;

cuando la diferencia —sea por discapacidad, pobreza o ideología política, credo, clase social— sigue siendo motivo de exclusión silenciosa.

Martin Luther King advirtió que la injusticia no siempre grita; a veces se administra con eficiencia, sellos oficiales y lenguaje técnico.

Y eso la hace más peligrosa.

Hoy me toca vivir la vida desde otra perspectiva.

Hoy escucho lo que sucede a mi alrededor.

Voy pidiendo libertad y no quieren oír.

El verdadero homenaje a King no es citarlo, sino incomodar al poder con su legado.

Recordar que la paz sin justicia es solo una pausa antes del conflicto.

Y aceptar que el sueño no murió: fue traicionado.

Sin duda alguna, y sin pedir permiso:

Hoy 15 de enero 2026 toca decir:

I have a dream today… I still demand justice.

Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo

X: @gruizcun

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