Roberto Hernández Guerra
En el inicio de un proceso electoral que será trascendente para el futuro del país es natural que los intereses particulares o de grupo salgan a flote. Que el partido que durante mucho tiempo se consideró heredero de la Revolución Mexicana y enarboló como bandera la democracia y la justicia social y que posteriormente las sustituyó por el neoliberalismo, critique las acciones del gobierno de la 4T, es lógico. Que el instituto político creado para oponerse a la política popular del General Lázaro Cárdenas, haga lo mismo en la actualidad y barnice su conservadurismo con el discurso de la modernidad, también. Del partido que en un tiempo representó a la izquierda mexicana y que ahora se suma como rémora a los que antes fueron su némesis, mejor ni hablar.
Por el contrario, considero fuera de toda comprensión racional las posturas de quienes se han asumido como defensores del actual proyecto de gobierno a nivel federal y que por no ver satisfechos sus intereses personales, vía candidaturas, critiquen la política de acuerdos que Morena está realizando, en particular aquellas con el Partido Verde Ecologista. Para ellos es una alianza “non sancta”.
Para los “morenistas” de buena fe y hasta para los que no lo sean, y siendo que muchos de ellos presumen de su formación política de izquierda, considero conveniente volver a recordarles unas frases de Vladimir I. Lenin, fundador del estado Soviético, en su folleto “La Enfermedad Infantil del Izquierdismo…”, que aunque aplicada a otros contextos podrían serles útiles ahora: “…. renunciar de antemano a toda maniobra, a explotar los antagonismos de intereses … que dividen a nuestros enemigos, renunciar a acuerdos y compromisos con posibles aliados…., ¿no es, acaso, algo indeciblemente ridículo? ¿No viene a ser eso como si en la difícil ascensión a una montaña inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la planta, se renunciase de antemano a hacer a veces zigzags, a desandar a veces lo andado, a abandonar la dirección elegida al principio para probar otras direcciones?
Desde luego que esta tesis también se puede emplear para justificar la Alianza que realizan los tres partidos que en algún tiempo fueron enemigos jurados, para que juntos y revueltos, puedan enfrentar las políticas del Presidente López Obrador; desde luego que para la opinión de muchos, esto simplemente significó quitarse las máscaras y renovar lo que eufemísticamente llamaron Pacto Por México y que en realidad fue pacto por las privatizaciones.
Y aquí podemos hacer un recordatorio de acuerdos que se hicieron en el pasado y que curiosamente comprendían a tres participantes. La más antigua que se tenga memoria fue la confederación de pueblos indígenas en el valle de México, integrada por Tenochtitlan, Texcoco y Tacubaya hacia 1427 D.C, se le llamó la “Triple Alianza” (en nahua Excan Tlahtoloyan). Casi cinco siglos después, en 1914, Inglaterra. Francia y Rusia firman lo que se llamó la “Triple Entente” para enfrentar al imperio alemán. Pero lo más parecido al llamado Pacto X México que se da entre tres partidos, con el acompañamiento de representantes del sector empresarial, es la llamada Santa Alianza que se realiza en 1815, entre Austria, Rusia, Prusia después de la batalla de Waterloo y cuyo objeto era contener el liberalismo y secularismo, fruto de la revolución francesa; cabe señalar que en dicho pacto se comprometían a intervenir donde los principios del absolutismo fueran vulnerados.
Reconocemos que es una exageración comparar eventos que han trascendido en la historia, con un pacto que posiblemente no sobreviva a la elección del mes de junio y que difícilmente se pueda calificar de “entente”, que el diccionario define como “relación amistosa basada en la confianza y en el mutuo conocimiento”; lo que si queda por ver, es si éste última tenga el mismo éxito que los ejemplos del pasado.

