2 mayo, 2026

José Juan Cervera

La voz delata el universo interior de quien de quien suelta sus amarres a la vastedad del mundo y a la comprensión de las personas, transmite la mudanza de sus emociones y llena espacios vacíos que otras formas expresivas abandonan a su suerte. Guarda en sus acentos la clave de signos ocultos y el abatimiento o la firmeza que cada uno cultiva en el caudal de su existencia.

El 7 de diciembre de 2019 acaeció un hecho de singular importancia: la audición pública de varios poemas de Carlos Duarte Moreno grabados con la voz del propio autor en una cinta de carrete que su familia conservó con amoroso cuidado. El escenario de este suceso se situó en la antigua Estación Central de Ferrocarriles de Mérida, edificio que hoy ocupa la Universidad de las Artes de Yucatán (en ese entonces su nombre era Escuela Superior de Artes de Yucatán), en el contexto de unas jornadas culturales que organizó su departamento de investigaciones, de las que formó parte un círculo de escucha con motivo de haberse cumplido diez años de la fundación de la Fonoteca Adda Navarrete.

El suceso resulta más significativo por haber ocurrido medio siglo después del deceso del escritor, el cual sobrevino el 22 de abril de 1969. El archivo sonoro fue restaurado en la Fonoteca Nacional, y en la escuela de artes recibió la intervención técnica del especialista Edgar David Tzab, quien equilibró las variaciones de su volumen original para favorecer su apreciación. Aunque el registro grabado dura poco más de media hora, esa vez sólo se escucharon los poemas Balada de la luna lavandera, El milagro joyero y Delirio.

El primer poema es un canto a la maternidad y por ello desborda tiernas resonancias en sus versos octosílabos, los cuales pueden leerse, entre otros materiales impresos, en la antología Rosa poética que José Díaz Bolio preparó como número 9 de su Registro de Cultura Yucateca, de 1946: “Del río en el agua clara / y usando la piedra dura, / la madre amorosa lava / bajo el claror de la luna. // Son los pañales de albura, / son abriguitos de lana, / el algodón de las blusas / y las fundas de la almohada. // La luna, con ser tan alta, / la ropa a lavar ayuda / y se deslíe en el agua / y hace más fértil la espuma. // Y la madre, arrodillada, / ablanda la piedra dura / ¡y la ropa se hace blanca / con el jabón y la luna! // Y queda el agua empapada / de maternales ternuras / y al estar lava que lava / ¡se vuelve madre la luna!”

El milagro joyero es un poema conocido también como La sangre del Rabí. Y en su versión más antigua figura como El milagro de su sangre, tal como apareció en la página literaria del periódico El Popular el 10 de diciembre de 1921. El texto está dedicado a Camilo P. Franco y se anunció como parte de un libro titulado Cristales al sol, que no llegó a publicarse y que en 1936 se volvía a señalar como una edición próxima a ver la luz, así lo indicaba el programa de la cena anual del Ateneo Nacional de Ciencias y Artes en México, D. F., en que intervino el escritor yucateco. Refiere la actitud de un judío que se resiste a aceptar el origen divino de Jesucristo cuando se halla frente a él en la cruz. 

Delirio es una composición que expone la vena sensual de Duarte Moreno, quien exalta con su pluma las formas exuberantes de una mujer de ascendencia africana, como aquellas que conoció durante los años que vivió en Cuba durante la primera mitad de la década de los treinta y a las que recrea en otras muestras líricas de su talento.

Aunque no contiene indicaciones explícitas que permitan afirmarlo con plena seguridad, este registro sonoro puede fecharse alrededor de 1964, ya que al ofrecer algunos comentarios de los versos que recita, Duarte Moreno refiere una visita de Nicolás Guillén a Yucatán tres años antes; y en efecto, en una carta de junio de 1961 el poeta antillano le agradece a Duarte las atenciones recibidas durante su estancia en esta tierra, en la que también selló lazos de amistad con Leopoldo Peniche Vallado, Clemente López Trujillo, Carlos Moreno Medina y otros distinguidos intelectuales de ese entonces.

Una copia de la grabación se resguarda en el acervo de la Fototeca Adda Navarrete del centro educativo mencionada al principio, documento de gran valor que la familia de Duarte Moreno otorgó con generosidad a los admiradores de su legado poético.

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