18 abril, 2026

Los afectados por la prohibición de los artículos chatarra… – Así nos vemos

Edgar Prz 

Hace algún tiempo intentó ponerse en activo un plan para evitar consumir en las escuelas comida chatarra; no funcionó por múltiples errores, por falta de compromiso de las partes aplicadoras del programa. Ahora, dentro de los programas a implementarse por el nuevo Gobierno Federal está ese mismo, solo que con distinto maquillaje. La idea central es concientizar a los niños de que llevar una dieta balanceada en alimentos les permitirá tener una vida sana, no exenta de enfermedades, pero sí las mínimas y menos peligrosas.

El problema principal radica en algunas omisiones o arbitrariedades por parte de las autoridades educativas. Para empezar, las cooperativas escolares se concursan y pagan una muy buena cantidad de dinero al director del plantel, dinero que no se audita y casi no se aplica para mejoras de las instalaciones escolares. El encargado de la cooperativa escolar, en este caso concreto mi comadre Amalia Tuyub, preparaba sus antojitos, fritangas, Sabritas, dulces, paletas, palomitas y todo lo que se le imagine pueda venderse.

Solo que hay niveles de consumo. Los alumnos de primaria y secundaria gastan menos que los de bachillerato y educación superior. En el estado, cerca de dos meses se suspendieron las labores escolares, y mientras los profesores peleaban sus derechos, otras familias de manera indirecta eran afectadas al no poder vender sus productos.

A la comadre Amalia se le echaron a perder sus dulces, gelatinas, los jugos caducaron, Sabritas y todo su arsenal de productos que tenía para vender. Tuvo pérdidas de casi todo su capital, no podía hacer nada, y para terminar de amolarla, en esos días de asueto involuntario el Congreso aprobó la aplicación de la prohibición de los alimentos chatarra para su venta en las escuelas.

Cuando regresaron los alumnos se encontraron con un cambio de menú, los están obligando a comer productos que ni en su casa consumen. A los papás les resulta más caro y las ventas de la cooperativa son muy bajas. Dentro del plantel están tres señores con sus triciclos vendiendo: el Güero granizados, el Cuate ciruelas, pepino, mango y otras cosas que no llaman mucho la atención, y Ramiro vende paletas Bon Ice. Cada uno paga 135 pesos diarios a la concesionaria de la cooperativa por los dos turnos en que trabaja la escuela. Tienen años con esa labor, son personas adultas y era su manera honesta de ganarse la vida, y se preguntan: ¿Qué mal hicimos? ¿Y ahora qué sigue?

Afuera está el puesto de Don Tuti que solo está sentado refrescándose y de vez en cuando se activa con la venta de algún refresco. Postales crueles pero reales, eso no lo saben las autoridades educativas o se hacen, o ponen oídos sordos.

Este régimen alimenticio que pretenden aplicar va a ser muy difícil de aceptar. Era mejor hacer primero un experimento por el resto del curso escolar y así ir mentalizando a los alumnos para que, cuando regresen al otro ciclo escolar, estén algo habituados. Ahora los papás les mandan desayuno, ¿y quién los vigila? ¿Quién les dice que eso no debe dárselo a sus hijos? Nadie, ellos son libres de alimentar con los recursos que tienen a sus hijos. No pueden volverlos veganos ya que su economía no está para esos teatros.

¿Por qué castigan a los escolapios? ¿Por qué el gobierno no hace una regla universal y exige que en las horas de secretarias y empleados gubernamentales no coman en horarios laborales comida chatarra, que no coman fritangas? Eso no lo hace, el gobierno no se flagela, no se hace harakiri, pero sí quiere que los de la acera de enfrente lo hagan. ¡Qué bonito país!

Otra propuesta sería: ¿por qué no reparten desayunos escolares como antaño? Argumentan que no hay recursos, entonces les preguntaría: ¿por qué a los maleantes, asesinos, rateros, violadores, las lacras de la sociedad con los que están llenos los reclusorios los mantienen, les dan techo y las tres comidas reglamentarias y a los estudiantes no los recompensan? Y sí, en cambio, les exigen apegarse a un menú que no es de su agrado. No hay un fiel en la balanza.

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿Hasta cuándo se atenderá a los que lo merecen? Los estudiantes se están preparando para continuar con el progreso y desarrollo de este país y están abandonados, mientras los pillos son premiados. ¿Será que este es mundo al revés?

Mejor seguiré caminando y cantando: “Ojalá que llueva café en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té. Del cielo una harina de queso blanco y al sur una montaña de berro y miel, oh, oh, oh, oh, oh, oh, ojalá que llueva café…”

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