Los argáricos, pueblos iconoclastas gobernados por princesas – Panimil, Centro de Estudios Antropológicos e Históricos
31 Ene. 2026
CLAUDIO OBREGÓN CLAIRIN
La cultura de El Argar se desarrolló en el sur de España 400 años después de que terminaron de construir las pirámides de El Giza; en Mesopotamia, gobernaba el Imperio acadio y, en el Mediterráneo, se construían las primeras ciudades fenicias como Sidón, Tiro y Biblos.
Los agáricos se establecieron hace 4200 años en la región que actualmente ocupan Murcia, Almería, Jaén, Granada y Alicante. La cultura argárica toma su nombre del sitio arqueológico El Argar, el cual, junto a la ciudad de La Bastida y el centro administrativo de La Almoloya, son los principales asentamientos de esta enigmática y poco conocida cultura de la Edad de Cobre.
Los argáricos fueron los primeros en Europa Continental en edificar ciudades y sus sociedades se dividían en 5 clases sociales: esclavos, siervos, ciudadanos de pleno derecho, aristócratas, princesas y príncipes gobernantes.
Carecieron de imágenes religiosas, templos, altares y plazas de reunión; decidieron edificar sus urbes en empinadas laderas y en montañas de difícil acceso. Configuraron una sociedad guerrera, construyeron enormes fortalezas, sometieron a la esclavitud y a la servidumbre a los pueblos de cazadores, canalizaron el agua para su subsistencia, domesticaron a los caballos, cultivaron extensivamente la cebada y elaboraron quesos, cervezas y pan.
Los estudios morfológicos de los cráneos indican que contaron con un rostro alargado y una nariz aguileña, la genética nos indica que sus cabellos eran lacios, sus ojos cafés, su piel blanca y sabemos que los hombres medían en promedio 1.65 y las mujeres 1.50.
Los ricos ajuares de los entierros nos develan que las ciudades argáricas, en los momentos importantes de su historia, fueron gobernadas por mujeres. Se les ha llamado princesas argáricas y fueron enterradas en ollas o cistas portando diademas de oro y plata.
Los estudios genéticos de osamentas argáricas realizados por Vanessa Villalba-Mouco, del Instituto Max Planck, revelaron el origen semita (Anatolia) de los pobladores de la ciudad de El Argar. Estudios de osamentas del sitio administrativo de La Almoloya, dirigidos por los arqueólogos Vicente Lull, Rafael Micó, Cristina Rihuete y Roberto Risch, de la Universidad Autónoma de Barcelona, complementan el origen anatolio de los agáricos con un componente proveniente de las llanuras ucranianas y con otro de cazadores de la Península Ibérica.
Culturas europeas contemporáneas a los argáricos, manufacturaron dos tipos de cerámica: la cardial y la de bandas, ambas contaban con incisiones que, además de cumplir una función decorativa, otorgaban identidad cultural. En contraste, los argáricos desarrollaron una “cerámica lisa y negra”, decidieron estandarizarla con la posible intención de controlar el volumen de su contenido y, durante 650 años, no experimentó cambios, acaso, para diferenciar las clases sociales, el vaso de una princesa gobernante fue decorado con plata en sus contornos y de donde se sostenía.
Al contrario de pueblos contemporáneos como los acadios, egipcios o griegos, los argáricos prescindieron de la escritura por lo que igualmente es un misterio reconocer cómo gestionaron y contabilizaron los excedentes de su producción agrícola, los impuestos, los tributos y sus bienes materiales.
En algunas civilizaciones contemporáneas a la cultura argárica, existieron célebres conquistadores, en tanto, los argáricos se distinguen por la ausencia de guerreros y de héroes mitológicos o fundadores. Esta anomalía conduce a pensar en un grupo de gobernantes emparentados entre sí. Ubicamos una casta que gobernó sin la presencia de un mítico dirigente o de un emperador-conquistador quien después de muerto, se convertía en uno de sus dioses, tal y como aconteció con las culturas mesopotámicas.
Durante 900 años los argáricos dominaron 35 mil kilómetros en el sureste de la actual España y fueron contemporáneos de los pueblos semitas mediterráneos, los cuales, junto a los griegos, estructuraron las bases sociales, religiosas y filosóficas de Occidente. La evidencia arqueológica en las culturas argáricas de un intenso intercambio comercial en el Mediterráneo, sugiere visitas e intercambios culturales entre los pueblos micénicos, anatolios y argáricos; sin embargo, la religiosidad, la organización social y las costumbres funerarias fueron diametralmente diferentes entre estos pueblos que compartieron un pasado en común, son aún un misterio los motivos que provocaron esta diferenciación.
El territorio argárico fue dos veces más grande que el territorio que ocupó el Imperio Acadio, para gobernarlo, se precisó de centros políticos entre los que destacan las ciudades de La Bastida o El Argar, la primera llegó a tener 1000 habitantes y la segunda 600. Otros sitios como La Almoloya, fueron edificados en la cima de promontorios de difícil acceso y contaron con talleres especializados en metalurgia y en cerámica así como confortables habitaciones de una clase social dominante y un enigmático salón de reuniones conocido como “el primer parlamento europeo”, en el que 52 personas podían estar cómodamente sentadas en una distribución jerarquizada por la altura de los asientos: presidía un trono dedicado a las princesas gobernantes, un segundo nivel para un grupo de notables y una hilera de bancas para los posibles representantes de diversas ciudades argáricas.
La ciudad de La Bastida contó con una enorme fortaleza que estuvo pintada de azul, color que diversas culturas mediterráneas y mesopotámicas relacionaron con la defensa del embate de los espíritus adversos, quizá sea esta muralla un esbozo de la misteriosa, casi ausente religiosidad argárica.
La fortaleza de La Bastida tuvo 8 metros de altura y en Europa continental no tiene paragón. Habría que irse hasta Troya o a Sumeria para ubicar murallas semejantes… Los argáricos llegaron al sureste español después de una grandísima sequía y las tierras que habitaron son muy áridas (el agua está en el subsuelo y no la explotaron). Igualmente, las extensiones boscosas no son tan importantes ¿qué hacían por ahí…? Por qué no se establecieron en el cercano río Guadalquivir donde culturas precedentes como Los Millares o posteriores como los Iberos, vivieron con holgura y comodidad.
La respuesta está en los recursos económicos: oro, plata, cobre y piedras preciosas. En la costa, a la altura de la actual Torrevieja, se ubican unas salinas gigantescas, esta cercanía con la sal, pudo ser también un recurso que privilegiaron. En próximas entregas, compartiremos recientes investigaciones que realizaron los arqueólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona en los sitios de La Bastida y La Almoloya, develando una cultura ignota que sorprendentemente ha emergido de un silencio de 3476 años.
Facebook: Panimil – Centro de Estudios Antropológicos e Históricos













