El tema de hoy
Los falsos recuerdos
Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado
La mente no sólo nos permite recordar aquello que hemos vivido, sino también construir, reinterpretar e incluso distorsionar experiencias que creemos haber experimentado. La memoria humana no funciona como una grabación fiel de los hechos, sino como un proceso dinámico en el que intervienen emociones, pensamientos y percepciones que se modifican con el tiempo.
Cuando una persona almacena cualquier tipo de recuerdo, este se ve influido por el estado emocional en el que se encontraba en ese momento, así como por las ideas y creencias que posee. Estas emociones pueden ser positivas o negativas, y ambas influyen en la forma en que se codifica y posteriormente se recupera la información.
Es por esta razón que, ante una misma situación, dos personas pueden recordar hechos distintos, aun cuando hayan compartido el mismo evento. Cada una reconstruye la experiencia desde su propia perspectiva, desde lo que sintió y pensó en ese momento, así como desde lo que ha reinterpretado con el paso del tiempo.
Cuando preguntamos a una persona sobre un recuerdo que en realidad no ha ocurrido, es posible que comience a dudar y, poco a poco, a construir mentalmente escenas o detalles que nunca existieron. Este fenómeno ocurre porque la memoria humana tiene “vacíos”, espacios donde la información no fue almacenada con precisión o simplemente se perdió con el tiempo.
Se trata, en cierto modo, de aprovechar esos vacíos de memoria que todos tenemos, ya que no es posible recordar con exactitud cada detalle de lo vivido. El cerebro, en su intento por dar coherencia a la información, completa esos espacios faltantes con elementos que pueden provenir de otros recuerdos, de la imaginación o incluso de sugerencias externas.
Un mismo acontecimiento, distintos recuerdos
Dos personas que estuvieron en el mismo evento pueden coincidir en ciertos aspectos, pero también pueden tener recuerdos completamente distintos, como si hubieran vivido experiencias diferentes. Esto no significa necesariamente que una de ellas esté mintiendo, sino que cada cerebro ha reconstruido la experiencia de forma particular.
Cuando ocurre un suceso, el cerebro recibe una gran cantidad de información a través de los sentidos: oído, vista, tacto, gusto y olfato. Sin embargo, esta información no se almacena de manera íntegra. Existe lo que se denomina un “primer filtro”, mediante el cual se selecciona qué datos se consideran relevantes para ser guardados y cuáles se descartan.
Este proceso de selección se basa en la utilidad que el cerebro atribuye a la información: aquello que considera importante para el futuro se conserva, mientras que lo que percibe como irrelevante se elimina. Como resultado, los recuerdos se almacenan de forma incompleta, como si se tratara de un rompecabezas al que le faltan piezas.
Posteriormente, el cerebro intenta completar ese rompecabezas. Para hacerlo, puede integrar fragmentos de otros recuerdos o incluso generar información nueva que dé sentido a la experiencia. Esto produce una reconstrucción que, aunque coherente, puede estar distorsionada o incluir elementos que nunca ocurrieron.
Además, factores como el estado emocional actual influyen en la manera en que se evocan los recuerdos. Un mismo acontecimiento puede ser recordado de formas diferentes dependiendo de si la persona se encuentra triste, feliz, ansiosa o enojada al momento de recordarlo.
Así, cada vez que evocamos un recuerdo, no lo reproducimos exactamente igual, sino que lo reconstruimos. En ese proceso, pueden incorporarse nuevos elementos o modificarse los existentes, lo que explica por qué, con el tiempo, nuestras memorias pueden cambiar.
Diversas investigaciones han señalado que los adultos tienden a generar más recuerdos falsos que los niños. Esto podría explicarse porque los adultos cuentan con un mayor número de experiencias previas y esquemas mentales que pueden influir en la reconstrucción de la memoria.
Caracterización de los falsos recuerdos
Se pueden distinguir dos tipos básicos de falsos recuerdos: espontáneos e implantados.
• Espontáneos. Los falsos recuerdos espontáneos surgen a partir de mecanismos internos de la memoria. Se originan cuando el cerebro, al intentar reconstruir una experiencia, introduce distorsiones sin intervención externa. Estos pueden deberse a asociaciones erróneas, confusión entre recuerdos similares o a la influencia de emociones intensas.
• Implantados. Los falsos recuerdos implantados se generan a partir de la exposición a información externa engañosa. Por ejemplo, comentarios de otras personas, preguntas sugestivas o narraciones repetidas pueden influir en la memoria hasta el punto de que la persona incorpora esos elementos como si fueran propios. Este proceso involucra tanto mecanismos cognitivos como factores socioculturales.
En algunos contextos, ciertas técnicas utilizadas para recuperar recuerdos, como la hipnosis regresiva, la imaginación guiada o la interpretación de sueños, pueden favorecer la creación de falsos recuerdos. Estas prácticas parten de la idea de que los recuerdos traumáticos se encuentran reprimidos en el inconsciente y que es necesario recuperarlos para sanar.
Desde esta perspectiva, se considera que dichos recuerdos, aunque no sean accesibles de manera consciente, siguen influyendo negativamente en la vida de la persona, generando problemas como ansiedad, depresión, trastornos de la alimentación o baja autoestima.
Sin embargo, no existe evidencia concluyente que respalde plenamente esta noción de represión tal como se plantea en algunas corrientes psicoanalíticas. Por el contrario, diversos estudios han señalado que estas condiciones pueden propiciar la creación de recuerdos que no corresponden a hechos reales.
El cerebro humano posee una gran capacidad para construir narrativas coherentes, incluso a partir de información incompleta o errónea. Esta habilidad, aunque útil en muchos aspectos, también puede llevarnos a recordar con gran convicción eventos que nunca ocurrieron.
Los peligros de la memoria en contextos como la psicoterapia radican precisamente en esta capacidad de distorsión. Por ello, es fundamental abordar los recuerdos con cautela, entendiendo que no siempre son una representación exacta de la realidad.
La memoria, lejos de ser un registro fiel, es un proceso activo, cambiante y profundamente influenciado por múltiples factores. Comprender esto nos permite ser más críticos con nuestros propios recuerdos y reconocer que, en ocasiones, lo que creemos haber vivido puede no corresponder completamente a lo que realmente sucedió.
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