Edgar Prz
Está por finalizar el año y aquella bandeja de prosperidad y bienestar que nos ofrecían con el Tren Maya tendrá que esperar un tiempo más. Aquellos anuncios motivadores, rimbombantes, abusivos en exceso, hoy solo son tema de plática, de desesperanza, de incredulidad, del inicio de la “pérdida de la confianza”, el pueblo de nuevo se siente ofendido ya que, gobierne quien gobierne, las acciones siguen siendo las mismas.
Un auténtico déjà vu, la misma historia con nuevos personajes, similar a lo que hace ahora Televisa, refritearse telenovelas antiguas, les ponen actrices y actores nuevos y las mandan al aire; la temática es la misma: llanto, dolor, traición, despojos, las chicas pobres cumplen su sueño de ser ricas y así se ha estado operando también en el ambiente político…
La panacea, el trampolín económico, la transformación de vidas, destinos y el cumplimiento de sueños, toda la fantasía que difundieron en los meses anteriores, las prisas por concluir la obra sin las pruebas ni verificaciones requeridas, sin los controles de calidad, todo por complacer al tlatoani López Obrador. No podía marcharse del poder sin inaugurar, aunque sea por tramos, su “Obra Insigne”.
Durante muchos meses no hicieron caso a voces críticas y discordantes, el caso del antropólogo Fernando Cortés de Brasdefer, quien fue acusado de cargos infundados. Estaban empecinados en hacer la obra y no les importaba pasar por encima de todo, hubo expropiaciones que aún no se cumplen los pagos por predios afectados, la renta de volquetes, góndolas, tráileres y asignación de tramos de obra a constructores privados, sin convocatorias previas, sin licitaciones, nada cumplió las formas, a diferencia de la sociedad civil, a la que exigen decenas de permisos para construir su casita o bardear, o en caso contrario vienen multas y suspensiones. Aún no se han dimensionado los efectos de esta obra, no solo es el espejismo de la comunicación, ni el ingreso al primer mundo en materia de transporte.
Hay mucha más profundidad en esto. La transculturización que sufrió la zona maya…
La presencia de miles de trabajadores foráneos trastocó varias ciudades, localidades y municipios, la vida económica sufrió un boom inesperado, los precios cambiaron, las rentas de casas y cuartos se elevaron, los servicios de lavandería y otros aumentaron, no se diga de los comestibles y alimentos, que tuvieron gran demanda.
Hubo un deslizamiento de los precios, usando términos económicos, los locales sufrieron afrentas, maltrato, menosprecio por sus propios paisanos quienes vieron este filón, esta oportunidad y tenían que aprovecharla; no hubo equidad, ya que por ejemplo un ayudante de mecánico que ganaba tres mil pesos a la semana, era invitado a ganarse siete mil, una ayudante de cocina o asistente de ama de casa eran tentadas con salarios similares, eso propició una desbandada y muchos oficios fueron abandonados temporalmente, nunca se implementó algún programa de apoyo al resto de la población, se encareció la vida y a sufrir para paliar las familias esos meses aciagos, ya que la vida tenía que continuar…
Fueron meses de choque cultural, la zona maya sufrió este abordaje inclemente, inmisericorde, sin piedad fueron avasallados, la mano de obra en su mayoría era de fuera, pero además eran gente de muy escasa educación, malos modales, se sentían conquistadores, eran los filibusteros de obra. Todos los fines de semana eran de tortura para la gente local con sufrimiento incluido, todo lleno, los supermercados, los hospitales de la salud (cantinas), minisúperes, tiendas de autoservicio, las calles infestadas de obreros sucios, malolientes, que aprovechaban los fines de semana para juntarse y armar fiestas de parvadas con música a todo volumen, gritos e insultos que se prolongaban todo el fin de semana.
Parecía que hasta la policía los protegía, ya que tomaban alcohol en las banquetas y las patrullas solo pasaban sin detenerse. Fueron tiempos de tortura que aportaron muy pocos beneficios…
Ahora la mayoría se ha marchado, cuartos y casas con letreros de se renta o se vende, la vida intenta ser normal pero ya no es la misma; algunos hogares sufrieron la pérdida de alguna flor, se la llevaron a otro estado o solo la cargaron y la abandonaron con regalo incluido. Esos son recuerdos que les durarán toda una vida.
El sueño del Tren Maya que surcará la selva se perderá en el horizonte y trasladará esperanzas e ilusiones; debe revisarse a conciencia que las prisas por concluirlo no sean el referente ni que la improvisación marqué los pasos a seguir. La selva está herida, le abrieron un tremendo boquete en medio, en aras de la modernidad y prosperidad, deforestaron miles de hectáreas y esos pulmones de oxígeno están afectados, hay que hacer algo, hay que devolverle a la naturaleza su grandeza. Para avanzar no es necesario seguir pasando por encima de la gente, la armonía y la concordia deben prevalecer para seguir construyendo la sociedad que merecemos, ¿no lo cree usted?
El Tren Maya casi ha concluido su construcción, faltan detalles, ya se inauguraron algunos tramos y estaciones, pero aún no opera a cabalidad, no funciona, y lo importante ya no es la construcción, sino la operación; ese será otro tema por tratar en otra ocasión…
Mejor seguiré caminando y cantando “Aún puedo ver el tren partir y tu triste mirar, esconde aquellas lágrimas, volveré… Un año no es un siglo y yo volveré…”


