29 mayo, 2026

Mujeres sumisas, mujeres insurrectas, una realidad invisible | MUJERES SANANDO

Por Lizzete Aguirre Morlet

Siempre he creído que el conocimiento es poder, poder que conlleva el riesgo de pensar y repensar, de reinventarte cada día con la información adquirida y procesarla y asumir con ello las consecuencias de comprender y reprogramar tu mente y tu ser. Es un gran privilegio que todos tenemos y más ahora que la tecnología nos ha abierto las puertas del mundo para bien o para mal, dándonos la oportunidad incluso de ser generadores de contenido, ya no sólo los medios masivos de comunicación lo son, ahora nosotros también lo somos desde nuestro tablero o nuestro teléfono. Pero entonces, ¿qué pasa cuando a pesar de estos avances tecnológicos no hemos aprendido a reprogramar también nuestros discursos y seguimos arrastrando ideas, ideologías, creencias, limitaciones, que nos mantienen creyentes de condicionamientos o restricciones que no tenemos o que ya no deberíamos tener?

¿Qué nos da el tiempo? Historia. Y aprender de la historia nos da trascendencia. La humanidad ha atravesado por guerras, luchas sociales, triunfos soñados, batallas perdidas, mártires en el suelo y banderas en el cielo que han demostrado que ha valido la pena pasar por todo eso. Ésta es mi hipótesis, apelar a la memoria colectiva y al razonamiento de que el punto en el que nos encontramos hoy, es gracias a todas estas luchas sociales por las que ha tenido que atravesar la humanidad y que esto nos permite, y deberíamos permitirnos, cambiar ya los discursos agotados, honrando con ello la vida de quienes lucharon anteriormente por nosotros, la propia vida en un presente forjado y que se forja diariamente, y la vida del futuro en la cara de nuestros hijos (plural) y de nosotros mismos como humanidad que aprende.

Escribo para entender, entender el presente, la historia recorrida, y el incierto futuro, y bajo esta premisa podríamos recapitular la historia del trabajo de las feministas, las científicas, filósofas, escritoras, antropólogas, políticas, investigadoras, y de miles de mujeres que han luchado por los derechos humanos para nosotras y para todos. Podríamos recapitular fechas y logros, avances y metas, pero todas tenemos acceso a esa información, todas podemos echarnos un clavado a nuestra historia como género, como humanidad y entender y aprender y reprogramarnos. Así que pienso que estaría bien que también nos echemos un clavado en la propia historia, en mi cotidiano, en mis pensamientos, en mis acciones, pues para comprender, ser empática, ser mejor persona, me informo, sí, pero hablo y actúo desde mi lugar, desde mi experiencia, desde mi cotidianeidad, desde mi luz y mi sombra, desde mi palabra. Para seguir forjando alianzas hablo desde mi palabra para conectar con la tuya.

Muchas luchas ya se hicieron, hay batallas que ya se ganaron, ¿por qué seguir queriendo lucharlas? Aprendamos y agradezcamos realmente de la historia, porque seguir manteniendo el discurso de que somos sometidas, nos mantendrá sometidas. Hagamos ahora nuestras propias luchas y para ello hagamos un ejercicio de observación, de lo que pasa en la actualidad, de lo que pasó después de las guerras y marchas, y lo que se ganó y se perdió. Observemos qué pasa dentro de nuestra casa, de cada casa, de cada unión, de cada uno de nosotros, para saber por qué estamos buscando formar parte de algo afuera cuando probablemente hay una batalla que pelear dentro de casa. No es el otro, no es la otra, más bien es qué está pasando en mi cabeza, qué les estamos ofreciendo a nuestros niños, qué palabras, qué pensamientos les damos, de qué los nutrimos. Lo que pasa afuera es el reflejo de lo que pasa adentro, el cotidiano es lo que está vibrando. Es tomar nuestro lugar con jerarquía, es ponernos en nuestro lugar cada uno, revisar qué tipo de semilla estamos sembrando, qué tipo de semilla estamos ofreciendo, ¿la podrida, la fragmentada? De qué estamos nutriendo nuestra palabra y nuestra mente. Vemos la decadencia porque la conocemos, reconocemos esa oscuridad en nosotros mismos. Reconozco mi oscuridad y la afronto y en consecuencia hago, acciono para transformar para mi bien y el de ‘mi’ colectivo. No importa que seas hombre o seas mujer, todos hemos sido fragmentados, ¿quién nos enseñó a ser divididos en nuestra propia dualidad?, ¿quién nos enseñó a estar divididos o peleados con el mundo? Para ser reconstruidos, reconstruyamos nuestro orden propio, echándonos un clavado profundo en nuestro ser, en nuestro sentir.

En mi casa fuimos educados con igualdad, no había diferencia entre hombres y mujeres. Cada uno teníamos un rol con nuestros gustos y personalidades, pero con las mismas obligaciones y derechos, todos debíamos cumplir con nuestros deberes y asumir el derecho amoroso de pertenecer. Mis padres llevan cuarenta y tantos años casados y ambos, y mis hermanos hombres y mujeres, fueron y han sido gran ejemplo de amor, compromiso, protección, inspiración y hermandad. Pero esta es mi tribu, la cual después creció con maravillosos hijos, familia, amigas, amigos. Yo de aquí provengo, y sólo desde aquí puedo hablar, por ello puedo ser empática, pero no puedo hablar desde lo que no soy, pues respeto mi historia y la de las demás, la de todos. ¿Cuál es tu historia, cómo es tu tribu, cómo se ha forjado, cómo has formado tu propio colectivo al que perteneces?, y a ese perteneces primero y antes que nada, antes de pertenecer a nada te perteneces a ti y al interior de tu casa, de tu vida, de tu cotidiano, a tus pensamientos, a tus emociones, a tus decisiones. Hablemos desde ahí.

Así que les propongo partamos de aquí, de quién soy y de lo que puedo dar desde mi trinchera, desde mi interior, porque es de ahí de donde saldrá lo mejor o lo peor de cada uno, del origen. Lo de afuera viene de adentro y si en verdad queremos un cambio, en lo que sea, la reflexión y la acción deben venir de adentro. Por eso me atrevo a afirmar con orgullo que veo en mi proximidad, que es vasta, que sí estamos haciendo algo, estamos haciendo mucho, educando a nuestros hijos, compartiendo información valiosa entre nosotras, apoyándonos en lo que podemos, y si aún no lo estamos haciendo, hagámoslo, utilicemos las herramientas que tenemos, unámonos en sororidad con las demás, con los demás por mi bien y el bien común de mi realidad más próxima y así cada realidad se irá tocando. No podemos ir de lo general a lo particular, es al revés, cómo queremos resolver un general tan grande cuando en lo particular no asumimos nuestra parte, nuestro compromiso con nuestra propia familia, con nuestros propios hijos, con nuestro propio colectivo que es mi círculo más próximo empezando por mi familia.

Y no es creer en ideales o utopías, es más bien dejar de tener el discurso de la división y de la no acción porque sí estamos haciendo, sí hemos dejado de ser sumisas por sumisas, ahora empezamos a rendirnos cuentas a nosotras mismas en la comprensión de que en mí empieza todo lo que dé y lo que soy, y si estas sometida entérate que es tu decisión, muchas mujeres tardamos 18, 25, 10 años en entender esto, pero el día que decides dejar de ser sometida y soltar la bandera del victimismo, encuentras el camino de regreso a casa, encuentras el camino de regreso a ti, a tu poder, a tu origen y a tu misión.

Dejemos de polarizar todo porque la dualidad no divide, venimos de un hombre y de una mujer, eres masculino y femenino, dejemos de desvirtuar el origen porque todo esto que está pasando es el desbalance total del ser humano como ser. No es un gobierno, no es una institución, no es un patriarcado, no es una ideología, es el ser humano tan lastimado, menospreciado, corrompido, que si emerge a la sociedad como un criminal, es un reflejo de esa devastación y podemos dejar de incubar menosprecio, división y odio, como parte del hacer y el actuar ante las quejas diarias propias y de los demás.

Veo con dolor toda esta oscuridad en la sociedad, en mi propio mundo y pienso qué puedo hacer con ella, desde mi ser, desde mi lugar, con las herramientas que tengo, qué puedo hacer. Porque se trata de avanzar, de sanar, de amar y si me quedo en la queja y en el grito de guerra, no ayudo. ¿Cómo gestiono mi libertad por mi libertad propia y la de mi familia, para así poder conectar y crear lazos sanadores y fortalecidos de colectivo a colectivo? Que no nos gane el ego de querer tener la razón, pues es un trabajo del que no veremos los frutos inmediatamente, pero si lograremos que nuestras redes fuertes y amorosas tendidas y unidas a otras redes, hagan el cambio de lo particular a lo general y no será hoy, o no será en una fecha específica, pero será si fortalecemos a nuestra propia familia, a nuestra propia gente para que ellos como seres sanados o sanos, vayan tendiendo sus propias redes.

Todos tenemos tanta necesidad de sanar o ser sanados, que seguir fomentando discursos de odios y culpas, no ayuda en ningún sentido. Andamos rotos queriendo romper a los demás, mejor andemos rotos pero buscando sanar y entendiendo que todos estamos rotos queriendo sanar. Nos colgamos de todo y de nada. Un día somos veganos y criticamos a los que comen carne, otro día salvamos animales y criticamos a los que no adoptan, otro día somos juez y parte, otro día somos víctimas insufribles de algo que no nos sucedió y otro día somos víctimas de nuestros propios prejuicios porque somos espejos.

Si eres buena madre o buen padre, sí lo eres y punto, créetelo, abrázate, que ese es el trabajo más difícil, criar seres humanos sanos emocionalmente que salgan al mundo a aportar algo bueno a esta sociedad tan lastimada y corrompida, ¿eso quieres no? Eso queremos todos, un cambio, sanar a nuestra sociedad, salvarnos de tanta violencia y agresividad, pues ahí está la respuesta, ahí estará tu trabajo, y seguro no lo verás en esta generación pero si en la de tus hijos por ello nuestra labor es estar en presente para un futuro que viviremos en ellos. Y no son granitos de arena que no llenan nada, es mi realidad viviendo junto a las demás realidades, no necesitamos juntar granitos de arena, ya pertenecemos. Esta sororidad, esta empatía, este ser sostenibles es un trabajo a fondo y en presente y a futuro, no dudes de él, no dudes de tu capacidad.

Qué voy a hacer o qué estoy haciendo con lo que sí tengo, no con lo que aspiro porque eso está en el aire, hagamos con lo que si tenemos en las manos. Observémonos, ¿dónde pongo mi ser, dónde pongo mi oído y mi atención? Y en este ejercicio de reflexión pensemos, ¿cuándo me sentí fragmentada, cuándo me sentí dividida y lastimada? Y a partir de ahí hagamos el verdadero compromiso con nuestro género empezando por nosotras mismas.

Veo hombres y mujeres vulnerables, por ello no estoy en la lucha, estoy en la disposición de hacer algo con lo que está pasando desde mi trinchera, desde mi escritura, desde mi actuar con mi familia, con mi gente. ¿Qué puedo aportar con lo que tengo? No puedo aportar odio y queja, no puedo seguir arrastrando discursos aprendidos de resentimientos sociales solo para tener la razón o para estar del lado de los que tienen la razón, pero puedo aportar desde mi sentir, desde mi lugar como parte del todo. Elijo no violentarme más, elijo no manipular ni ser manipulada, elijo ser honesta conmigo, elijo dejar de victimizarme a mí misma y a mi género con la responsabilidad que eso conlleva, la asumo y la abrazo porque el poder que cada uno tenemos no lo sobajare más a intentar pertenecer a algo o a alguien cuando me pertenezco completa. Elijo comprometerme con mis hijos, cuidarlos y educarlos, elijo comprometerme con lo que alimento mis pensamientos y mi vida.

Que todo lo que comentemos entre nosotros nos nutra y nos aporte y esto no es negar o hacernos ciegos a nada, es estar informados y actuar en consecuencia desde nuestro lugar y con nuestras herramientas, entendiendo que educar a nuestros hijos con valores es un gran aporte, porque como dicen, la violencia cotidiana al interior de cada casa es el caldo de cultivo, la incubadora de criminales que emergen de la propia sociedad a la que pertenecemos, entonces si nuestros hijos saldrán de esta sociedad, que no sea arrastrando esta misma fragmentación.

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