29 mayo, 2026

9 de marzo, que la historia hable por nosotros | MUJERES SANANDO

Por: Lizzete Aguirre Morlet

Supongo que todos hemos escuchado y leído los miles de comentarios que todos tienen, y tenemos, acerca de este tema del paro nacional de mujeres que se pretende realizar este lunes 9 de marzo, y probablemente al igual que a mí te confunde tanta información o desinformación, sororidad entre muchas de nosotras, opiniones misóginas, opiniones contra los hombres, pelea entre las mismas mujeres, acribillamientos en redes para los que opinan distinto, etc. Es una locura, pero al mismo tiempo debemos aprovechar y agradecer poder informarnos para hacernos de una opinión, una decisión o una postura ante un tema que nos atañe a todos o debería importarnos a todos no porque participes o no, o porque estés de acuerdo o no, sino porque es el momento histórico, se complete o no, que nos tocó vivir. Hagamos un viaje en el tiempo y observemos cómo, algunas veces, la humanidad tiene la posibilidad de redimirse como raza o no, o de participar de la historia desde las gradas o desde la cancha.

A lo largo de nuestra historia como humanidad ha habido muchas luchas sociales, de esclavos, de mujeres, de obreros, etc. y en todas ellas se pide algo en concreto: que entre hombres y mujeres, colores y razas, haya mismos salarios, mismas jornadas laborales, mismas medidas de seguridad en las fábricas, igualdad jurídica y legal, el poder votar y ser votados, mismos derechos humanos y la libertad como un derecho universal.

Tal vez una de las primeras luchas femeninas históricas fue en 1791 en el marco de la Revolución Francesa, cuando las mujeres de esa época se dieron cuenta que la lucha de clases por la que estaba ardiendo el país, no contemplaba a las mujeres en ella y su plena igualdad social. Así que redactaron la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, copiada prácticamente de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Este documento y la Declaración de los Derechos de Virginia de la Independencia de Estados Unidos en 1776, son los textos normativos de las primeras revoluciones liberales y en ellos no se contempla a la mujer. Tal vez entender que los varones segregaron a las mujeres desde el inicio de nuestra historia nos hará comprender el inicio de estas luchas.

¿Cuál era el contenido de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano? Por ejemplo, Artículo 1: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho”, estipulando en el artículo 4 la libertad como “lo que no perjudica a nadie”. Pero, ¿por qué no incluyeron a las mujeres en su Declaración de Derechos? Porque ellos las asumían como de su propiedad. Hoy ni siquiera pensamos esto, porque ahora damos por sentado tanto hombres y mujeres (o por lo menos una buena parte de la población mundial así lo hace y así debería de ser) que nadie es dueño de nadie, la libertad es propia. En estas Declaraciones de derechos no se incluía a las mujeres y a los esclavos. La esclavitud está prácticamente abolida gracias a las luchas sociales que éstos tuvieron que pelear; entonces, si la mujer ha tenido que luchar casi de la misma forma por su libertad y sus derechos, ¿por qué seguimos arrastrando puntos que ya se ganaron y puntos que no se han ganado después de tantos años de lucha?

En 1848 con el Movimiento Sufragista se logra la Declaración de Seneca Falls, que es un documento que pide mismos derechos civiles y jurídicos para las mujeres, firmado por mujeres y hombres de diversos movimientos y asociaciones, pero unidos en la comprensión de que la mujer puede y debe tener los mismos derechos y oportunidades políticas, económicas, de propiedad de bienes, de votar y ser votadas, ocupar cargos públicos o tener negocios, entre otros. Este movimiento culmina hasta 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde por fin es reconocido el sufragio femenino como derecho humano universal pues somos ciudadanas con libertad a participar en la vida pública, política y social de nuestros países al igual que los hombres.

Pero para que esto pudiera ser, las mujeres tuvieron que afrontar muchas batallas, pues aún a principios del siglo XX eran consideradas intelectualmente inferiores e incapaces de hacer trabajos que no fueran los del hogar; por ello, los hombres decían que las mujeres no podían pretender tener los mismos derechos civiles que ellos. Pero con el inicio de la Primera Guerra Mundial, las mujeres se incorporaron más de lleno al mercado laboral reivindicando esta visión, pues decían “si podemos hacer los mismos trabajos que los hombres, también podemos gozar de los mismos derechos”. El trabajo fuera de casa les ayudó a mostrar las nulas diferencias sociales con los hombres y a garantizar su libertad.

El trabajo en las fábricas y en las minas era bajo extrema explotación y sueldo inferior al de los hombres, no podían aspirar al mismo salario, a un mejor puesto o a la educación en universidades, eran discriminadas y segregadas, por eso las sufragistas no sólo lucharon por los derechos políticos de las mujeres sino también por los laborales, enfocándose en el sufragio pues pensaban que así accederían a las esferas políticas y lograrían cambiar instituciones y leyes. El 8 de marzo de 1857, cientos de trabajadoras de una fábrica textil en EEUU marcharon para protestar por las pésimas condiciones de trabajo que tenían tanto hombres como mujeres, pero en cuanto a salario ellas ganaban la mitad que ellos. La policía en su intento de dispersarlas mato a más de 100 mujeres que en su reclamo legítimo, perdieron la vida. Después en 1908 miles de costureras se declararon en huelga exigiendo mejores sueldos y condiciones de trabajo y en 1911 en otra huelga de mujeres murieron también más de 100 de ellas quemadas al interior de la fábrica. En 1917, mujeres de San Petesburgo salieron a marchar golpeando sus cacerolas vacías pidiendo “pan y paz”, los obreros de Moscú se declararon en huelga para apoyarlas y los soldados se sumaron también. En 1911 se declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer para conmemorar la lucha por la igualdad de las mujeres trabajadoras, el sufragio femenino y la eliminación de toda explotación y discriminación de la mujer y su participación plena e igual en el desarrollo social.

Aún a pesar de todo esto, muchas mujeres de todo el mundo permanecieron unidas en la búsqueda de la equidad laboral y de su libertad como derecho humano, demostrando con ello a los hombres que no eran un grupo de mujeres histéricas sino que eran seres humanos que habían sido segregados, pero que eran capaces de unirse por una causa que les competía a todas y que en el camino, con piedras y palos, con lágrimas o pérdidas, o con gritos y pancartas, habían logrado: el sufragio femenino y mejoras en el ámbito laboral, pues durante todo el siglo XIX varios países o ciudades fueron aprobando el voto femenino, siendo Nueva Zelanda, Australia y Finlandia de los primeros de ellos en donde la mujer lo aplicó.

¿Por qué hacer un recuento de la historia, por qué hablar de paros y marchas? Para recordar que no siempre fue así como es ahora, con estos logros obtenidos y para mostrar a los que opinan que una marcha o un paro no sirven de nada, que sí, sí sirve. En 1975 las mujeres de Islandia hicieron un paro laboral llamado “el Día Libre de las Mujeres” pues aunque habían obtenido el derecho al voto en 1915 seguía habiendo brechas laborales, sociales, jurídicas y civiles. Este paro laboral cambió para bien la vida de su país. Y gracias a las mujeres de todas estas épocas que lucharon contra estas desigualdades e injusticias es que hoy podemos entender por qué es, o debería ser, un momento histórico para nuestro país.

Pero ¿qué se pretende con éste paro laboral en nuestro país exactamente? entender el impacto social y económico que tiene la mujer y lo urgente que es el cambio en la educación, en el sistema y en el actuar diario del conjunto de instituciones sociales (familia, empresas, gobierno, etc.), ya que la inseguridad que se vive en general y la cultura machista que ha predominado en nuestra historia ha llegado a un punto insostenible que afecta el desarrollo social, económico y personal de miles de mujeres. No es una lucha de mujeres contra hombres, no es una lucha para los hombres o para las mujeres, no es una lucha contra un color u otro, contra una ideología u otra, contra una preferencia u otra, no es una lucha contra, es una lucha en pro de la vida, en pro de la libertad de ser y vivir sin miedo, sin culpa y sin la necesidad de tener que defendernos de alguien. Seguramente en nuestra familia o círculo social más cercano no vivimos tal grado de machismo y misoginia y por eso no lo entendemos, pero existe y muy latente en las entrañas y venas de nuestro país, dentro de miles de familias, en las calles, en el transporte, en empresas y fábricas, en escuelas e instituciones, en el actuar cotidiano de hombres y mujeres.

Minimizar el problema no ayuda, ayuda la empatía, voltear a ver al de al lado, al que vive con un padre, o madre o esposo o esposa machista, a la familia y a la mujer que vive buscando a su hija, o velando a su hermana o amiga, o cuidando a sus nietos porque un hombre celoso mato a su madre, o a la madre soltera que no puede cuidar a sus hijos porque tiene que mantenerlos, o a los niños que crecerán sin su madre porque la mató un loco. Voltear a verlos y comprender que su realidad no es la mía, pero pertenece al mismo país en el que yo vivo. No es victimizarnos, no es decir que todos los hombres son malos o violadores, venimos de un hombre también, es decir ya basta, basta al fondo y la forma con la que mueren sí, probablemente menos mujeres que hombres, pero con la diferencia de morir por ser mujer o porque alguien creyó que era su dueño. No es querer cambiar a la sociedad de un día para otro, es mostrar que la visión machista de gran parte de la población mexicana debe cambiar desde casa, ¿con un paro laboral? Sí, puede ser también, ¿por qué? Para mover sí a los gobiernos, pero también a las instituciones, a las escuelas, pero sobre todo a las familias. Hombres, mujeres y niños se preguntan ¿por qué el paro? Bueno, pues expliquemos ahí que es un llamado a toda la sociedad, a revisar y cambiar, desde lo particular a lo general, esa educación, esa visión, esos paradigmas. Son situaciones que atañen a todo el país porque aunque en nuestra casa no se eduque bajo el machismo, en la casa del asesino de ella, si se educó así y al topársela en la calle, la mato. Es nuestra seguridad por la que paramos, es nuestra vida por la que paramos, es nuestro grito por el que silenciamos un día. No porque no queramos ir a trabajar, o dejar de crecer y prosperar, o de educar y aprender, es porque justamente queremos dejar de pelear, de luchar por algo por lo que no tendríamos que luchar: poder ser. Es por querer ser mujeres libres de ir a trabajar o a estudiar o a lo que hagamos sin miedo, sin lucha.

Mujeres, todas somos de diferente piel, bandera, movimiento, color, colectivo, preferencias, mente, pero todas somos mujeres, que este paro sea para todas, dejemos de lado los individualismos, y comprendamos el todo al que pertenecemos. No hagamos de este paro una campaña “pro mi colectivo o mi ideología o mis preferencias”, hagamos de este paro una lucha para todas.

Hombres, todos vienen de una mujer, que este paro sea por ellas, para ellas, para ti, para tu familia, para tu empresa. No queremos vivir sin ustedes y ustedes tampoco quieren vivir sin nosotras, sin sus hijas, sin sus mujeres, sin sus madres. Un día, dirán algunos no hará la diferencia, un día dirán otros, hizo toda la diferencia.

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