18 abril, 2026
Male hands and smartphone. Addiction to internet and social networks

EL TEMA DE HOY

NOMOFOBIA

Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado

¿Estás siempre pendiente de tu teléfono? ¿Te aseguras de que esté al alcance de tu mano? ¿Lo revisas varias veces para ver si está encendido, si tienes llamadas perdidas o mensajes de texto? ¿Lo llevas contigo a todas partes, incluso al baño? Cuidado: puede que sufras de nomofobia.

La nomofobia es el miedo a estar sin el teléfono móvil. El temor a dejar de estar conectados en todo momento con los demás afecta a un número creciente de personas sin que lo adviertan, y todo indica que esta tendencia continuará en aumento.

Cuando nos quedamos sin batería después de haber pasado el día fuera de casa, una sensación de ansiedad nos invade y ansiamos el momento de volver a conectar el teléfono a la corriente. Somos presas de la desesperación al darnos cuenta de que, camino al trabajo, olvidamos el celular en casa y que, durante ese tiempo, podrían habernos contactado numerosas personas.

Sus lados positivos

No hay que olvidar que, con el avance de los teléfonos inteligentes, el celular se ha convertido en mucho más que un aparato para hacer llamadas. Es una extensión de nuestra memoria: contiene nuestras agendas, fotografías, directorios, música favorita, mensajes de texto, entre otros elementos.

Muchas funciones emocionales se han transferido al teléfono, y poco a poco se ha convertido en una herramienta indispensable que nos acompaña y facilita diversas tareas cotidianas. Tenemos gran parte de nuestra vida almacenada en el dispositivo, por lo que perderlo puede significar una pérdida significativa en términos personales. De ahí proviene la angustia.

Sus lados negativos

Con el teléfono, todo parece volverse urgente. Este dispositivo ejerce una presión social, especialmente en el ámbito laboral, ya que permite una invasión constante a la privacidad. Estamos siempre localizables, y se espera que respondamos de inmediato.

Corremos el riesgo de vivir en un mundo virtual. Las redes sociales nos aseguran una conexión constante, pero lo que se pierde es el contacto físico. Muchas personas prefieren relacionarse a través del teléfono antes que cara a cara.

El celular está modificando nuestras relaciones sociales, especialmente las de pareja. Para jóvenes y adultos, puede ser útil para coquetear, concertar citas románticas o incluso terminar una relación. Resulta curioso que el mismo aparato que nos mantiene hiperconectados también nos aísle de nuestro entorno.

Más aún, llegamos a reemplazar ciertas áreas del cerebro relacionadas con el razonamiento complejo, confiando más en los resultados que nos da un dispositivo que en nuestro propio juicio, al grado de dudar de nuestras propias capacidades. Ya no memorizamos números telefónicos ni direcciones, y dejamos de ejercitar nuestra agilidad mental.

Alteración del reloj biológico

Es lo último que apagamos y lo primero que encendemos. Un grave error, ya que estas pantallas azules, que irradian una luz intensa, alteran la producción de melatonina —la hormona que regula el sueño— y prolongan el tiempo que tardamos en dormirnos. Lo más recomendable es apagar estos dispositivos al menos una hora antes de ir a la cama. Difícil, pero no imposible.

Nos perdemos “el aquí y el ahora”

Con la obsesión por estos dispositivos nos perdemos el presente. Ya no basta con ver, disfrutar o sentir; ahora necesitamos hacernos una selfie y difundirla en redes sociales mientras se nos escapa un momento irrepetible.

Nos cambiará físicamente

El uso intensivo del celular ya está generando patologías físicas: contracturas cervicales por mantener la cabeza inclinada, inflamación de tendones por teclear constantemente y, lo más preocupante, la posible relación entre las ondas electromagnéticas del celular y ciertos tumores cerebrales. La mejor prevención es desconectarse más seguido y, de ser posible, utilizar auriculares, manteniendo el teléfono alejado del cuerpo.

La nomofobia es más común entre adolescentes, ya que tienen una mayor necesidad de aceptación social y están más familiarizados con las tecnologías que las personas mayores. Sin embargo, nadie está exento de caer en esta situación fóbica.

Para evitar caer en el exceso o la adicción, es fundamental limitar su uso. Pon límites. No te conviertas en esclavo del teléfono; debemos ser capaces de prescindir de él en determinados momentos. Es necesario aprender que se puede vivir sin estar conectados todo el tiempo.

Por ello, ante cualquier duda, es aconsejable consultar con un especialista en dependencias, adicciones o psicología para trabajar, entre otras cosas, en la autoestima.

El abuso del celular muchas veces responde a presiones en diferentes áreas de la vida que deberían ser atendidas y superadas.

Nuestra vida debe centrarse en nosotros mismos, y no únicamente en la comunicación constante con los demás. De hecho, estar en contacto con el resto del mundo debería considerarse un valor agregado, no una necesidad permanente.

Estimado lector, si desea que la Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado toque algún tema en especial o consultarla, favor de comunicarse a:

Teléfonos: 01 (998) 2-89-83-74 y al 01(998) 2-89-83-75 Ext. 101 y 102.

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